Reportaron diez bajas estadounidenses en Irak
La mayoría de los decesos se produjo en esta capital y sus alrededores, donde los ataques de la resistencia se han recrudecido, pese al despliegue de miles de efectivos estadounidenses e iraquíes como parte del plan de seguridad.
Con estos decesos asciende a 101 el total de soldados estadounidenses caídos en este país del Golfo Pérsico en lo que va de mayo, lo que podría superar la cifra de abril cuando perecieron 104.
Desde el inicio de la invasión y posterior ocupación de Irak en marzo de 2003 perdieron la vida tres mil 452 estadounidenses y más de 25 mil 200 sufrieron heridas, en su mayoría en enfrentamientos con la resistencia.
Informes de inteligencia
Dos informes elaborados por la flor y nata de la inteligencia de Estados Unidos y entregados a altos funcionarios de Washington dos meses antes de la invasión a Irak advirtieron de los problemas que han convertido esa guerra en el peor desastre de la política exterior nacional desde los años de Vietnam.
Los análisis del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC por sus siglas en inglés), divulgados el viernes por el Comité de Inteligencia del Senado, advirtieron que la invasión, materializada en marzo de 2003, y la posterior ocupación beneficiarían a la red extremista internacional Al Qaeda y expandirían el islamismo político en toda la región de Medio Oriente.
«Los sectores internos (de Irak) podrían enfrascarse en un violento conflicto a menos que la fuerza ocupante se los impida», agregaban esos textos.
Además, el NIC previó la aparición de una insurgencia compuesta de ex miembros del entonces gobernante Partido Baas, «quienes podrían aliarse con organizaciones terroristas o actuar de modo independiente en una guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno o las fuerzas de la coalición» invasora.
«Lamentablemente, la negativa del gobierno a escuchar esas advertencias y, peor aún, de utilizarlas, ha conducido a las trágicas consecuencias por las que nuestra nación paga un terrible precio», dijo el presidente del Comité del Senado, Jay Rockefeller, al presentar los dos estudios, reunidos en un reporte de 226 páginas.
Los textos tratan, respectivamente, de los desafíos de la posguerra Iraquí y de las consecuencias regionales del cambio de régimen en ese país. Fueron encargados por la Oficina de Planificación Política del Departamento de Estado (cancillería), dirigida por uno de los principales asesores del entonces canciller Colin Powell, Richard Haas, quien renunció pocos meses después de la invasión.
Ex funcionarios del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia se quejaban por entonces de que sus evaluaciones y recomendaciones fueron ignoradas en la preparación de la guerra, por la hegemonía que ejercían sobre la Casa Blanca el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, promotores entusiastas de la invasión.
El reporte incluye una lista con los nombres y cargos a los que fueron dirigidos los dos estudios, que sin embargo asumieron algunos escenarios optimistas, como que Irak mantendría su integridad territorial y que el gobierno colocado por Estados Unidos lograría devolver el completo control del poder a los iraquíes en un plazo de cinco años, acompañado por un retiro progresivo de las tropas extranjeras en el mismo lapso. *
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