Favelas de Río cercadas por el narcotráfico y la policía

Escrito por: RIO DE JANEIRO, AFP

Martes 22 de mayo de 2007 | 4:58
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Los vecinos de la favela Vila Cruzeiro, en la zona norte de Río de Janeiro, viven desde hace tres semanas bajo el miedo de ser un número más en la lista de muertos de la sangrienta guerra entre narcotraficantes y policías.

Los muros y negocios de la favela exponen las marcas de los disparos que desde el 1 de mayo mataron a 16 personas y dejaron medio centenar de heridos, entre policías, supuestos traficantes y transeúntes.

“Hoy está tranquilo pero nunca se sabe”, dice tras un fin de semana sin tiroteos el dueño de una panadería ante la cual pasan grupos de niños rumbo a una de las pocas escuelas que están funcionado cerca de Vila Cruzeiro, una favela en la que viven unas 20.000 personas.

Los traficantes vigilan el área desde un gimnasio público construido en lo alto de un morro al lado del parque de la Iglesia Nuestra Señora de Penha, una de las más emblemáticas de Río de Janeiro.

“En cualquier momento puede haber un nuevo enfrentamiento. Ahí, entonces, nadie puede salir ni entrar” de Vila Cruzeiro, dice el panadero instalado hace cuatro años al pie de la favela. A la izquierda del mostrador, un agujero es la marca de un balazo que llegó desde lo alto, atravesó la pared e hirió a una persona que se atendía en la peluquería contigua. En la esquina, un puesto de venta de diarios cerrado tiene una decena de gruesas marcas de disparos.

La Policía Militar llegó a Vila Cruzeiro el 1 de mayo después de que dos de sus agentes fueron asesinados. Desde ese día, tiroteos, algunos de ellos que duraron hasta 11 horas, dejaron la zona en estado de pánico.

Fuertemente armados, los traficantes se atrincheraron en lo alto y emplean tácticas de guerrilla para resistir la invasión policial.

Desparramaron aceite en las calles para evitar el paso de los vehículos policiales, especialmente el blindado conocido como “caveirao”; también montaron pesadas barricadas de cemento armado y levantaron las pesadas tapas de las tuberías dejando zanjas infranqueables para cualquier vehículo.

La Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro advirtió que no levantará el cerco de Vila Cruzeiro hasta acabar con los narcotraficantes que la controlan.

Buena parte de los comercios al pie de Vila Cruzeiro están cerrados o tienen el cartel de “Alquilo” o “Vendo”. Los vecinos no quieren hablar con desconocidos, mucho menos periodistas. Los consejos que les dan son no andar con lentes negros, pese al ardiente sol, para evitar ser confundidos con policías y caminar sin detenerse. Un hombre de unos 60 años, dice que tiene más miedo de la policía que de los “bandidos”. “Vivo en Vila Cruzeiro y nadie se mete conmigo ni con mi familia. El otro día llegó la policía a tiros y no los dejé entrar a mi casa”, dice en una tienda de verduras. “Les exigí una orden judicial y como no la tenían, se fueron. Ellos son más peligrosos que los bandidos”, añadió.

Los traficantes tienen vigías por toda la zona y discretamente se acercan cuando ven a algún desconocido. “Mandan decir que no saquen fotos”, dijo al equipo de la AFP un funcionario de la Iglesia del barrio de Penha, en el que está incrustada la favela.

Algunos periodistas, a los que los narcotraficantes llaman “ratones”, fueron blanco de ataques aunque ninguno resultó herido. El automóvil de un diario cuyos reporteros hacían guardia fue atacado a finales de la semana pasada.

Vila Cruzeiro está virtualmente aislada y privada de servicios básicos, protestan sus vecinos. El servicio de recolección de basura está interrumpido y los proveedores de gas evitan acercarse a la zona.

“La distribuidora de gas no me quiere entregar el gas en casa a pesar de que les expliqué que no vivo en la favela”, se quejó en el diario O Globo una vecina.*

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