La Iglesia cerró 80 años de cisma, persecuciones y humillación en la catedral de Moscú

Los ortodoxos rusos, reunificados

El jefe de la Iglesia Ortodoxa rusa en el extranjero, el metropolitano Lavr, y el patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Alexis II, firmaron el acto de «comunión canónica» en la catedral del Cristo Salvador en Moscú.

Este acto autoriza a partir de ahora a los clérigos de ambas Iglesias a concelebrar la Eucaristía.

Con este acto, la Iglesia Ortodoxa rusa en el extranjero, cuya sede está en Nueva York, «forma parte integrante de la Iglesia Ortodoxa rusa», según el texto firmado en presencia del presidente Vladimir Putin, al que ambos jerarcas eclesiásticos agradecieron sus gestiones para obtener la reunificación.

Después de la oraciones y los cánticos de un coro masculino, el metropolitano Lavr, vestido con una casulla azul bordada, y Alexis II, con una casulla verde, le regalaron un icono a Putin.

«Después de décadas de cisma, se puede decir que no hay vencedores. Todo el mundo perdió, los creyentes, la sociedad en general», dijo Vladimir Putin.

Al término de una liturgia común que duró más de tres horas, el metropolitano Lavr y Alexis II comulgaron con el mismo cáliz, signo espiritual de la reunificación de ambas ramas del cristianismo ortodoxo ruso.

Juntos en el púlpito, los jerarcas dieron luego la comunión a los clérigos de ambas Iglesias.

Hecho excepcional, las puertas reales de la catedral del Cristo Salvador fueron abiertas en el momento de la comunión, algo que sólo sucede una vez al año, durante la Pascua ortodoxa.

Más de 3.000 personas se congregaron en la inmensa catedral, dinamitada por orden de Stalin y reconstruida tras la caída de la Unión Soviética, en los años 90.

La Iglesia Ortodoxa rusa en el extranjero fue creada en los años 1920 por el clero que huyó de la Rusia bolchevique.

Su decisión de romper con el patriarcado de Moscú tuvo lugar en 1927, cuando este último proclamó su lealtad al gobierno soviético y llamó a la Iglesia en el exilio a cooperar con el nuevo poder.

Bajo estrecho control del KGB, la Iglesia Ortodoxa «oficial» sufrió a pesar de todo una campaña de persecución sangrienta en los años 30, hasta que Stalin «normalizó» las relaciones durante la II Guerra Mundial.

Solamente con la llegada de Mijail Gorbachov a la presidencia de la Unión Soviética, la Iglesia Ortodoxa pudo empezar a salir de las sombras, a finales de los años 80.

Bajo Vladimir Putin la religión mayoritaria de los rusos ha vuelto a recuperar el brillo de antaño, con una presencia cada vez más importante en la sociedad y los debates públicos. *

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