Violenta jornada de "cólera popular"
Tel Aviv, ANSA
Miles de palestinos que responden a Tanzim, el brazo armado de Al Fatah, se lanzaron ayer con renovada furia contra las posiciones israelíes que lograron contener la nueva oleada de protestas.
Sin embargo, a nivel internacional, Israel está cada vez más aislado tras la condena sin apelación de la Asamblea General de las Naciones Unidas y las duras críticas y amenazas de sanciones que le llegaron ayer desde El Cairo de importantes dirigentes de países árabes.
El espacio de maniobra que tiene Israel es cada vez más reducido.
El premier Ehud Barak habla ya de una suspensión de las negociaciones con el presidente palestino Yasser Arafat y da a entender que está preparando un gobierno de emergencia nacional con el líder del derechista Likud, Ariel Sharon.
Son dos iniciativas que seguramente desaprueba el último gran aliado de Israel, el presidente estadounidense, Bill Clinton, y que están destinadas a aumentar la presión diplomática sobre el estado judío. El saldo de la nueva jornada de enfrentamientos en los Territorios es de cuatro muertos y más de 300 heridos. Los incidentes más graves se produjeron ayer en los miserables campos de refugiados de la franja de Gaza, en la zona comprendida entre Khan Yunes y Rafah.
Allí, los protagonistas de la «nueva Intifada» se lanzaron repetidamente contra las posiciones israelíes. Un chico de 15 años y otro de 20 murieron acribillados por los proyectiles israelíes y los heridos se contaban por decenas.
La sublevación popular se extendió ayer también a la Cisjordania, donde los palestinos salieron a gritar su rabia y a lanzar piedras en Hebrón, Belén, Beit El, Kalkilya y Jenin. En Hebrón, durante los enfrentamientos entre unidades del ejército y los palestinos en un barrio judío, un taxista padre de tres hijos fue alcanzado a la cabeza por una bala perdida mientras lavaba su automóvil.
En Beit El, sede del comando general israelí en Cisjordania, palestinos armados libraron un furioso tiroteo con los militares israelíes en el que murió un adolescente palestino.
En Nablus, miles de personas participaron en los funerales de las cuatro víctimas del viernes y la multitud enardecida que seguía el cortejo fúnebre escoltado por numerosos hombres armados invocó el nombre del líder iraquí, Saddam Hussein, y le pidió que volviera a bombardear Tel Aviv, como en 1991.
La prensa palestina que al principio se refería a la nueva oleada de violencia como «Intifada al-Aqsa» –sublevación popular en defensa de la sagrada mezquita de Jerusalén– habla ahora de una verdadera sublevación política que tiene por objeto, como confirmó ayer el líder de Tanzim, Marwan Barghuti, el fin de la ocupación israelí y la proclamación de un estado independiente. Israel combate sobre varios frentes: sobre el terreno, contra la sublevación armada palestina y contra las amenazas que le llegan desde el Líbano de los guerrilleros Hezbollah y de sus aliados, mientras que a nivel diplomático tiene que hacer frente a las crecientes presiones internacionales, cada vez más apremiantes. La condena pronunciada por la Asamblea general de la ONU provocó la ira de la Cancillería israelí, que declaró que se trata de «un documento unilateral».
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