Después de Charm el Cheij
La condena a Israel por el uso excesivo de la fuerza contra los palestinos se votó en la Asamblea General el día 20 por 92 contra 6, EEUU entre estos últimos. El 7 de octubre el Consejo de Seguridad había adoptado idéntica resolución por 14 votos conformes y la abstención del delegado norteamericano, Richard Halbrooke, quien vetó además la propuesta de convocar a una reunión urgente de la Asamblea General, alegando que debían aguardarse los resultados de la cumbre de Charm el Cheij. Ahora se realizó, con el resultado anotado, demostrativo de que a pesar de la gigantesca campaña de distorsión montada por los medios internacionales, particularmente yanquis, el mundo no se engaña sobre la política belicista de Israel, opuesta a los acuerdos de paz.
La escalada sin tregua
Y opuesta también a los limitados acuerdos alcanzados en el balneario egipcio, que apuntaban a reducir el nivel de confrontación y el uso desmedido de medios de represión. Pero la escalada del ejército israelí prosiguió, y día tras día pudo seguirse la trágica cosecha de muertos, que comienza el mismo día 17 y llega el 20 a 14 muertos (y cinco más ayer), entre ellos otro niño palestino como el acribillado por el ejército israelí en brazos de su padre y que es el símbolo de la represión que no cesa. Varios muertos se originaron en la voladura de las oficinas de Arafat en Belén, que sigue a la destrucción con bombas de su cuartel general en Ramalá. Colonos israelíes enclavados en territorio palestino con apoyo de helicópteros artillados provocaron muertes entre jóvenes que les arrojaban piedras. Los tanques blindados se retiran a paso de tortuga de las ciudades palestinas que habían transformado en enormes ghettos, a la vez que cercaban el aeropuerto de Gaza y las fronteras con Jordania y Egipto, ahora reabiertos. Pero se mantiene la prohibición de que los palestinos ingresen desde Cisjordania y Gaza al sector árabe oriental de Jerusalén o a Israel.
En suma, Israel usa su superioridad militar para imponer su voluntad. Estos muertos se suman a los 104 del período inicial. Cada uno es un ser humano. Se llega al extremo de que Barak amenaza con intensificar estas acciones al tiempo que «congela» el endeble proceso de paz por un lapso indefinido, supeditado a la creación de un «gabinete de emergencia nacional» que le permita durar un poco más.
La CIA en acción
Esto se hace con la anuencia y bajo la dirección de la CIA, cuyo director, George Tenet, acompañó al presidente y a la secretaria de Estado a Egipto.
The Washington Post dice que Tenet no formuló declaraciones ni apareció en foto alguna, pero fue uno de los más activos participantes entre las bambalinas, contando «con la bendición de Clinton y de Albraight». El periódico precisa que «todo es monitoreado por la CIA», agregándose que la decisión congelatoria de Barak «está basada en la evaluación del jefe de la CIA, George Tenet». Se nos asegura que «la CIA no es un instrumento político, sino profesional» y para que no falte ningún detalle sobre las virtudes que la adornan, se informa que «además de verificar la reducción de armamentos o su despliegue, la CIA ha entrenado a funcionarios en los valores de los derechos humanos». Así como lo oye.
No sabemos si fue la CIA la que instruyó a una unidad encubierta del ejército israelí para ingresar subrepticiamente a Ramalá, en Cisjordania, y secuestrar a presuntos participantes en el linchamiento de dos soldados israelíes que incursionaron allí en misión de espionaje. O quizá los israelíes mismos ya pasaron esa parte del curso.
La mancuerna
De todos modos, en cualquier viraje de la situación, EEUU brindará un respaldo irrestricto a Israel, su aliado estratégico en la región. Así sucedió siempre, y así seguirá en el futuro, más allá de cualquier vicisitud.
No se registró la más mínima diferencia entre Bush y Gore al respecto a lo largo de sus tres debates televisados. El apoyo de cada uno a Israel, en el momento mismo en que perpetraba las masacres, fue incondicional. Otro tanto aconteció entre Hillary Clinton y Rick Lazio, enfrentados por la senaturía del estado de Nueva York, con la particularidad de que la primera dama reclamó actitudes aún más extremas por parte del gobierno de su país.
La bofetada de Sharon
No debe olvidarse las condicionantes internas de la agresiva política de Barak. Este necesita zurcir a toda prisa un gabinete de emergencia, dando entrada a fuerzas de derecha que lo salven de la censura suspendida sobre su cabeza apenas la Knesset reanude sus sesiones.
En medio de la cumbre egipcia Barak se comunicó otensiblemente con Sharon, y a su término le propuso ingresar a su maltrecho gabinete. La negativa del líder ultraderechista, ahora erigido en jefe del Likud, sonó como una sonora bofetada. Es que el detonador de la provocación del 28 de setiembre, que cuenta como antecedentes las masacres de Sabra y Chatila en El Líbano, alienta planes de mayor alcance.
En efecto, por más que Barak ande revolviendo cielo y tierra para obtener el voto de los ortodoxos del Shas, que se mandaron mudar, y de otras piezas del mosaico parlamentario, la cuestión de confianza se planteará irremisiblemente en cuanto se aclare un tanto el panorama, y el seguro voto negativo (está muy lejos de los 61 diputados) desembocará en elecciones anticipadas no más allá de marzo. Allí espera Barak su ocasión: no para un cargo en un gabinete que está finiquitado, sino para relevar a Barak mismo como primer ministro.
Es una perspectiva sombría, en la medida en que los acuerdos de Oslo y las negociaciones de paz se alejarán cada vez más.
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