Nicolas Sarkozy asume la Presidencia y promete una Francia unida y renovada

"Monsieur le president"

Sarkozy, de 52 años, fue elegido el 6 de mayo por más del 53% de los votos frente a la socialista Ségolène Royal y a partir de ayer, se convirtió en el 23º presidente francés y el sexto jefe de Estado de la V República, creada en 1958.

Nada más asumir la jefatura del Estado, Sarkozy reiteró que su país «sólo será fuerte si permanece unido» y garantizó que su victoria es el triunfo de la Francia que desea «romper con los comportamientos del pasado».

«Quiero dejar clara mi convicción de que cuando se sirve a Francia no hay bandos sino la buena voluntad de todos aquellos que aman a su país», aseguró.

Poco antes Sarkozy había sido recibido en el palacio del Elíseo, residencia de los jefes de Estado franceses, por Chirac, de 74 años, que puso fin ayer miércoles a una carrera política de más de cuatro décadas.

En la ceremonia de investidura el nuevo presidente estuvo acompañado por su segunda esposa, Cecilia, de origen español, que lucía un elegante vestido color marfil, y el hijo de la pareja, Louis. Además estaban presente los dos hijos del primer matrimonio del nuevo presidente, Pierre y Jean, y las dos hijas de la primera unión de su esposa.

Después de escuchar «Asturias», del músico español Isaac Albéniz, bisabuelo de la primera dama, Sarkozy comenzó su discurso elogiando a sus predecesores, de Charles de Gaulle a Chirac.

El nuevo presidente consideró que no tiene derecho «a decepcionar a los franceses» y prometió «cumplir sus promesas» y obtener resultados».

«Defenderé la independencia y la identidad de Francia. Me esforzaré en construir una República fundada en derechos reales y una democracia irreprochable», garantizó el nuevo presidente, prometiendo además «una Europa que protege» y una Unión del Mediterráneo.

Tras la ceremonia el nuevo presidente recorrió la célebre avenida de los Campos Elíseos en un automóvil descapotable hasta llegar al Arco del Triunfo, donde rindió homenaje a los muertos por la Patria.

Allí pudo disfrutar de un primer baño de multitudes al saltarse el protocolo y acercarse a saludar a los centenares de ciudadanos congregados.

Acto seguido, el nuevo presidente rindió homenaje en el Bosque de Boulogne, a las afueras de la ciudad, a 35 jóvenes resistentes asesinados en 1944 en la Francia ocupada por los nazis.

Por la tarde, y para demostrar que «Francia ha regresado a Europa», como declaró la noche de su victoria, Sarkozy se reunió en Berlín con la canciller Angela Merkel, cuyo país ostenta la presidencia de la Unión Europea (UE) este semestre.

En Berlín el nuevo presidente francés consideró que era «urgente sacar a Europa de la parálisis» en la que se encuentra tras el ‘no’ francés y holandés al proyecto de Constitución en 2005 y garantizó que la amistad franco-alemana era «sagrada».

Con la llegada de este político al Elíseo Francia inicia una nueva era: Sarkozy es un mandatario joven, hijo de un inmigrante húngaro, que reivindica sin complejos su condición de político de derecha y desea romper con la forma de gobernar de sus predecesores.

El nuevo jefe de Estado desea restablecer valores como la moral, la autoridad, el orden y la identidad nacional.

Su prioridad será la eficacia y para ello no dudará en rodearse de un equipo de gobierno más reducido, de unos 15 ministros, activo y plural, en el que habrá lugar para figuras de la izquierda y del centro.

Sarkozy nombrará hoy jueves a su primer ministro, que según parece será François Fillon, un ex titular de Educación moderado que ha sido su mano derecha en los últimos dos años. El nuevo gobierno será conocido el viernes.

Al mismo tiempo, el miércoles se cerró una página de la historia de Francia con la retirada del veterano Chirac, quien la víspera en un mensaje de despedida radiotelevisado instó a sus compatriotas a mantenerse «unidos» y manifestó su satisfacción por «el deber cumplido».

El ex mandatario deseó suerte a su sucesor, con quien mantiene una gran rivalidad desde hace años pese a pertenecer a la misma familia política.

Chirac será recordado como un jefe de Estado que no obtuvo grandes resultados internos pero osó decir «no» al presidente George W. Bush al inicio de la ofensiva estadounidense en Irak en 2003.

Convertido en simple ciudadano, Chirac trabajará por el desarrollo sostenible y el diálogo entre culturas en una fundación que está creando. Sin embargo, ahora que perdió su inmunidad, podría verse obligado a dar explicaciones ante la justicia por algunos asuntos turbios que remontan a su época en la Alcaldía de París. *

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