Cheney visitó Egipto y se entrevistó con el presidente Hosni Mubarak
Tras esa reunión, la portavoz de Cheney, Lea Anne McBride, confirmó que Estados Unidos estaba dispuesto a debatir sobre Irak con el régimen iraní al comunicar la «voluntad (estadounidense) de mantener una conversación limitada a los temas de Irak entre embajadores» de ambos países.
La portavoz precisó que ese diálogo sería conforme a las ofertas precedentes formuladas por Washington a Teherán, aunque rehusó entrar en el contenido de las próximas conversaciones: «No sé nada al respecto», declaró.
Desde hace un año, varios representantes oficiales estadounidenses insisten en la necesidad de un debate sobre Irak con Irán, país al que la Administración de Estados Unidos acusa de apoyar a la insurgencia chiita iraquí.
Hasta ahora, la República Islámica se había negado a dialogar sobre el asunto al considerar que la retirada de las tropas norteamericanas de Irak era la primera condición para restablecer la seguridad.
Finalmente, el portavoz de la diplomacia iraní, Mohamed Ali Hosseini, declaró ayer en Teherán que su gobierno había aceptado iniciar conversaciones con Estados Unidos sobre la situación en el país vecino.
El anuncio coincide con la gira de Cheney por Oriente Medio, destinada a recabar el apoyo de los países árabes aliados de Washington para favorecer la participación de la minoría sunita iraquí en el proceso político y limitar la influencia del Irán chiita en la región.
Tras su paso por El Cairo, el vicepresidente viajó a Aqaba, en Jordania, donde el lunes tiene previsto reunirse con el rey Abdalá II antes de poner fin a su gira.
Su periplo se inició con una visita sorpresa de dos días a Irak y continuó por los Emiratos Arabes Unidos y Arabia Saudita.
En este último país, el vicepresidente de Estados Unidos se reunió con el rey Abdalá, a quien pidió la cooperación de su país para la pacificación de Irak.
Responsables y analistas estadounidenses creen que la violencia sectaria entre sunitas y chiitas en Irak está fomentada por Arabia Saudita, cuna del movimiento sunita, y por Irán, que apoya a las milicias chiitas.
«Yo no creo que se trate de una guerra por poderes, no creo que éste sea el caso actualmente», había dicho el jueves Cheney a la cadena estadounidense Fox News.
En su etapa saudita, el vicepresidente intentó reforzar los lazos que unen a Estados Unidos con ese país desde la guerra del Golfo de 1991 y sus acuerdos petroleros, para volver a la sintonía alterada por la crisis iraquí.
A finales de marzo, en la cumbre de la Liga Arabe en Riad, el rey Abdalá hizo una llamativa crítica a Estados Unidos al subrayar la «ilegítima ocupación extranjera» de Irak y acusó a las «fuerzas extranjeras» de querer imponer el futuro de Oriente Medio.
La Casa Blanca quiere sin embargo contar con Arabia Saudita como un aliado de peso para aislar a Irán, al que además Estados Unidos acusa de desarrollar un plan de armamento nuclear.
«Nos situaremos junto a otros (países) para impedir que Irán tenga armas nucleares y domine esta región», declaró el viernes Cheney ante militares estadounidenses a bordo de un portaaviones en el Golfo.
Paralelamente, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, llegó ayer a los Emiratos Arabes Unidos y el lunes viajará a Omán para mantener conversaciones sobre Irak y la crisis nuclear. *
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