Volaron las oficinas de Yasser Arafat en la ciudad de Belén

Jornada violenta en territorios palestinos

Tel Aviv, ANSA

La explosión, que fue provocada por tubos de gas envasado, se advirtió hasta en Jerusalén, diez kilómetros al norte de Belén, y provocó la muerte de dos agentes de seguridad palestinos y diez heridos.

Los enfrentamientos más graves ocurrieron en las afueras de Nablus, en Cisjordania, donde palestinos se enfrentaron a tiros durante horas con colonos judíos.

Al final, intervinieron soldados israelíes que hasta utilizaron helicópteros de combate.

Los palestinos tuvieron un muerto y unos diez heridos, mientras que entre los colonos hubo seis heridos, cuatro de ellos en estado grave.

En Belén, el fuerte estallido en las oficinas de Arafat hizo temer en un primer momento un bombardeo israelí, pero el gobernador de la ciudad precisó que la explosión fue «interna» a causa de bómbolas de gas.

Los equipos de socorro constataron que el estallido había provocado graves daños materiales en la residencia de Arafat, en la sede de la guardia presidencial y en las oficinas de la seguridad preventiva. En Israel, fuentes oficiosas afirmaron que en el edificio estalló también un gran depósito de municiones, pero la versión no fue confirmada por los palestinos.

El episodio ocurrió en una jornada de alta tensión, a pesar de los intentos que se están haciendo para devolver gradualmente la normalidad a la región, según el acuerdo logrado el martes en Egipto.

En este sentido, Israel habilitó ayer el funcionamiento del aeropuerto de Dahanya y el puesto fronterizo para mercancías de Karni, ambos en Gaza, y revocó el cierre de las ciudades palestinas.

Pero, a nivel político, las recriminaciones entre israelíes y palestinos no acabaron con la cumbre de Charm el Sheij, el balneario egipcio.

El negociador palestino Nabil Shaath acusó ayer a Israel de «fingir aplicar los acuerdos» y el ministro de Comunicaciones, Imad Faluji, llegó a amenazar con atentados en las ciudades israelíes.

Por su parte, el canciller israelí interino, Shlomo Ben Ami, acusó a Arafat de no haber desarmado a Tanzim, el brazo armado de la organización al-Fatah, «en contraste no sólo con el acuerdo de Charm el Sheij, sino también con todos los acuerdos israelí-palestinos desde 1993 hasta la actualidad».

Precisamente, Tanzim fue uno de los principales protagonistas de esta jornada de violencia. En una entrevista con el diario Haaretz, su líder, Marwan Barguti, prometió una «intifada (revuelta) a ultranza». Luego, sus militantes utilizaron las alturas de la pequeña ciudad cristiana de Beit Jalla, cerca de Belén, para disparar tanto contra el barrio judío de Guilo, en Jerusalén, como contra la autopista que une Jerusalén con Gush Etzion, que fue cerrada al tráfico. Dos hechos que ayudaron a aumentar la desconfianza recíproca entre israelíes y palestinos fueron sendas operaciones secretas. La primera operación fue la captura por parte de Israel de algunos de los responsables del linchamiento del 12 de octubre en Ramala de dos militares israelíes.

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