Manifestantes encararon a Uribe y lo llamaron "asesino"
«Asesino», «paraco (paramilitar)», «No al TLC»: un grupo de manifestantes no escatimó en epítetos -ni gritos- cuando el presidente Alvaro Uribe apareció de sorpresa en medio de una protesta en plena calle en Washington para invitarles a debatir con él.
Enfundados en sacos de plástico como los que utilizan los forenses para guardar cadáveres, una veintena de manifestantes esperaron tendidos a Uribe delante de un céntrico edificio de Washington en el que el mandatario debía dar una conferencia.
Uribe ingresó al inmueble por un garaje lateral, y cuando los manifestantes, ya fuera de los sacos y de pie decían por los altoparlantes que los había eludido, en el hall del edificio apareció Uribe, seguido de cerca -y a paso deportivo- por la embajadora colombiana Carolina Barco quien, como podía, trataba de persuadirlo de que no saliera.
«Presidente, por favor no. Tiene gente esperándolo presidente», decía Barco.
Uribe siguió caminando. Los guardias le abrieron la puerta y el mandatario apareció en la acera donde ya a esa altura los manifestantes desfilaban en ronda.
Sin apercibirse de la presencia del mandatario, la protesta continuó.
Uribe mantenía una semisonrisa y mientras zizagueaba entre algunos de los presentes, declaró a la AFP: «Esto es democracia. Soy un demócrata. A mí no me incomoda la protesta social, a mí me incomoda el terrorismo».
Acto seguido, con el dedo índice extendido, pidió la palabra a la multitud.
Visiblemente sorprendidos, los manifestantes, entre los que se contaban líderes sindicales, dirigentes de la comunidad negra estadounidense y colombianos residentes en Estados Unidos, comenzaron a dialogar en una mezcla de español e inglés con Uribe.
Barco seguía de pie detrás del mandatario, moviendo su cabeza en señal de resignación.
El diálogo fue más bien pacífico… durante unos cuatro minutos.
La invitación de Uribe se vio primero interrumpida por el grito de uno de los presentes, que se identificó como John Jairo Garcés, de 28 años, quien exhibiendo una foto de su padre fallecido, exclamó: «¡Señor Uribe, la herencia que usted deja en nuestros pueblos son nuestros padres muertos!».
«¡Ahorita mi familia sufre con las muertes que usted está llevando a nuestro país!», «usted es un asesino», espetó Garcés. quien dijo ser hijo de Humberto Garcés, un líder sindical víctima de la violencia en Colombia.
«¿Puedo tener el derecho a responder?», contestó Uribe. «Cuando yo llegué a la Presidencia, Colombia estaba siendo controlada en grandes partes del país por guerrillas y paramilitares. Hemos hecho un gran esfuerzo» contra esto, trató de argumentar el presidente.
Pero la multitud se volvía cada vez más hacia él.
Entonces, el mandatario, para entonces fuertemente custodiado, se quitó las gafas y preguntó a los manifestantes, en inglés: «¿Qué prefieren, la violencia o el debate?».
«De a uno, de a uno. What is the reason for me to come here (cuál es la razón para mí de venir acá)», decía Uribe, mitad en inglés mitad en castellano.
Los gritos de los manifestantes se volvieron ensordecedores. «No al TLC, Uribé», repetían.
«¿Puedo dar una respuesta…?», pedía el presidente.
A puro grito, los manifestantes le recriminaban por el ‘escándalo de la parapolítica’, por permitir fumigaciones de plantaciones de coca y lo acusaban de no proteger a los líderes sindicales colombianos. *
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