Los ejércitos se achican
Manaus, Brasil, Reuters
La tendencia es similar en casi todos los países de América Latina, donde los presupuestos militares han ido declinando al tenor del fin de la Guerra Fría, la solución de los diferendos fronterizos y la desaparición de los grupos insurgentes.
Incluso las excepciones parecen confirmar la regla: en Chile, cuyo gasto militar tiene un aumento garantizado por ley, el presupuesto castrense ha caído como porcentaje del producto interno bruto (PIB), mientras en Colombia el gasto en defensa parece pequeño frente a los recursos generados por su enemigo número uno, el narcotráfico.
«La tendencia es la misma en todo el mundo. Estados Unidos y Europa bajaron a la mitad su gasto militar, pero en Argentina ha sido más dramático», comentó el ministro argentino de Defensa, Ricardo López Murphy. Según el ministro argentino, un economista, el gasto castrense en su país sufrió los efectos de la falta de recursos públicos y del fin de los conflictos fronterizos.
«Hemos hecho un esfuerzo de racionalización del gasto, que fue de 5 por ciento del PIB (en la década de 1980), y ahora es de 1 por ciento», sostuvo el ministro en Manaus, en el centro de la Amazonia brasileña, donde esta semana participa en la cuarta reunión de ministros de Defensa de las Américas.
Brasil, anfitrión del encuentro y el país más grande de América Latina, tiene un presupuesto militar de 583.000 millones de dólares, o 1,8 por ciento del PIB.
Justamente uno de los temas de la reunión que desde el martes congregó a los titulares de Defensa en la calurosa ciudad del norte de Brasil, fue la transparencia en los gastos militares.
Los asistentes a la cita de Manaus destacaron a América Latina como la región más desmilitarizada del mundo, que además ha sido declarada zoma libre de armas nucleares. Al igual que Argentina, el presupuesto castrense en Bolivia sufrió una fuerte caída, al pasar de 130 millones de dólares en 1990, 2,3 por ciento del PIB, a 123 millones en 1999, es decir, 1,8 por ciento del producto.
Un caso excepcional ha sido Colombia, cuyas fuerzas armadas están enfrascadas en una guerra sin cuartel contra el narcotráfico, guerrillas izquierdistas y bandas paramilitares de derecha, donde el presupuesto militar se ha mantenido en alrededor de 2,6 por ciento del PIB en la última década.
Según el ministro colombiano de Defensa, Luis Fernando Ramírez, los 1.200 millones de dólares que su país dedica anualmente al combate del narcotráfico, de un presupuesto de defensa de 2.300 millones, se empequeñecen frente al poder económico de los barones de la droga.
«Sólo este año hemos incautado cocana por 1.500 millones de dólares, más que todo nuestro presupuesto anual de lucha contra el narcotráfico», dijo Ramírez.
Otra excepción notable es la de Chile, cuya constitución promulgada bajo la dictadura del general Augusto Pinochet (1990-1973) garantiza el crecimiento constante del gasto militar. Pero según el ministro Mario Fernández, la inversión en el sector ha declinado como porcentaje del PIB. «El gasto militar en Chile aumenta según la hipótesis inflacionaria del año siguiente, mientras el resto del sector público aumenta según el crecimiento», explicó Fernández. «Como hemos tenido alto crecimiento con baja inflación, el gasto en defensa ha caído como porcentaje del PIB, ahora estamos en 1,7″. Pero Centroamérica ha registrado algunos de los declives más impresionantes en sus gastos bélicos, tras dejar atrás prolongados conflictos internos en la década de 1990.
El Salvador, que en 1992 alcanzó un acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla izquierdista, vio su presupuesto militar pasar de 204 millones de dólares en 1990 (2,7 por ciento del PIB) a 93 millones en 1999, o 0,9 por ciento del PIB.
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