Opinión Internacional

Guerra en Putumayo, Plan Colombia en acción

por Niko Schvarz

l titular del Pentágono procuró marcar la cancha desde la apertura del cónclave, colocando en su centro el Plan Colombia, que hasta ahora sólo obtuvo el respaldo de los dólares, armas y asesores militares norteamericanos en el terreno, mientras los países del continente se negaron a embarcarse en la aventura. Al otro día Cohen rendía homenaje junto a Clinton en Norfolk a los marinos del USS Cole fallecidos en Adén.

La crítica frontera sur

La implementación del Plan Colombia comienza en la frontera sur, por decisión de los estrategas yanquis. Allí se lanzaron al ataque los paramilitares (Autodefensas Unidas de Colombia, AUC), que actúan en connivencia con el ejército y como uno de los elementos constitutivos del Plan. Las bandas ocuparon la localidad campesina de La Dorada. La consecuencia inmediata fue el éxodo de millares de campesinos de la región de Putumayo hacia la frontera con Ecuador.

Representantes ecuatorianos de esa zona alertaron sobre el aflujo masivo de campesinos colombianos a su territorio, con el agravante de que las fumigaciones en gran escala proyectadas ampliarán la zona afectada a todo el sur de Colombia y multiplicarán este éxodo indetenible, además de significar un riesgo mortal para toda la floresta amazónica, pulmón de la humanidad. Ya ingresó a Ecuador un millar de refugiados, y la ONU estima que la cifra alcanzará los 20 mil.

El ministro de Defensa ecuatoriano dijo en Manaos el miércoles que «el nuestro puede ser el país que más sufra los efectos del Plan Colombia» y llamó a las naciones limítrofes a «hacer frente al impacto del Plan apoyado por Estados Unidos».

Tambores de guerra

La puesta en práctica del Plan Colombia hace resonar los tambores de la guerra en todo el territorio del país.

En la zona de despegue aumentan los sobrevuelos con helicópteros yanquis incluidos, tropas del ejército ingresaron 20 kilómetros dentro de la región por el lado de La Uribe, miles de soldados avanzan hacia las llanuras del Yarí. Las calles de Bogotá se llenan de grafitis de los paramilitares contra las FARC. El día 14 fue asesinada la dirigente estudiantil de la Universidad de Nariño, Adriana Benítez, organizadora de un foro sobre el Plan Colombia. Previamente en la misma localidad fueron masacrados por sicarios siete habitantes de un barrio popular.

Una cronología del terror en Barranquilla registra desde agosto en adelante el asesinato de un dirigente sindical y de otro comunal, del secretario general de la Universidad del Atlántico, de candidatos al Concejo de Barranquilla, a la Asamblea Departamental y a la rectoría de la Universidad, el allanamiento de ésta por el ejército, el encarcelamiento de dirigentes sindicales y estudiantiles.

Este mes, en Vijes fueron asesinados campesinos indefensos y en Soacha, municipio anexo de Bogotá, un militante comunista. El gobernador de Cundinamarca declaró varios municipios como «área especial de operaciones militares», lo que se traduce en bombardeos, ametrallamientos, restricciones a la movilización ciudadana, desplazamientos de la población y detenciones arbitrarias. En Barrancabermeja y Yondó los paramilitares masacran y amenazan a diario ante la indiferencia oficial. El día 11 en el departamento del Caquetá un grupo paramilitar detuvo un Toyota en el que viajaban 8 pobladores de un centro comunal, secuestraron a uno de ellos, comerciante y dirigente comunista, cuyo cadáver apareció con señales de tortura. Allí el ejército desarrolla una campaña contra candidatos comunitarios a las elecciones locales.

Se llegó al extremo de que el ejército se vio obligado a radiar de sus filas a varios cientos de integrantes por violación de derechos humanos (que a menudo se perpetran de consuno con los paramilitares).

Según una publicación opositora «por toda Colombia se siente el estruendo de la guerra y el terror de las noches de los cuchillos largos propios de un militar-fascismo estimulado por el Plan Colombia». Pero estos hechos no figuran en los cables ni en TV.

El FMI manda

El plan guerrero tiene su complemento económico. No podía fallar. Al mismo tiempo Pastrana negocia con los liberales del Congreso una nueva componenda. Libera fondos para obras en sus regiones, a fin de facilitar su reelección en el 2002. Y a cambio obtiene sus votos para aprobar el plan completo de medidas impuesto por el FMI, consistente en un ajuste fiscal que se descarga contra el pueblo, el aumento de la edad para las jubilaciones, la congelación de salarios de los funcionarios públicos y el despido de 10 mil de ellos, y la continuidad en la política de privatizaciones de los centros de la economía que aún quedan en la órbita estatal.

Maniobra diversionista

Pastrana aprovecha una reunión internacional en San José de Costa Rica promovida por el movimiento Paz Colombia (a la cual han sido invitados incluso los paramilitares) para postergar sin fecha el diálogo de paz en El Caguán.

Dicho diálogo entre el gobierno y las FARC («para la construcción de un nuevo estado pluralista, patriótico y democrático donde quepamos todos», como lo definen éstas) se oficializó el 9 de febrero de 1999. Luego se fijó una plausible agenda de 12 puntos y se realizaron audiencias públicas con cientos de participantes para considerarla. En febrero pasado delegados de ambas partes recorrieron Europa y recibieron en la zona de despeje a representantes de todos los continentes y de la ONU para celebrar una audiencia internacional. Pastrana se cubrió de ridículo suspendiendo por dos veces el diálogo de paz con pretextos fútiles. Tampoco respondió a la propuesta de intercambio de prisioneros por ambas partes. Y aprovecha ahora la reunión de San José para seguir posponiendo el diálogo y jugarse todos los boletos al Plan Colombia.

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