"Nadie espera grandes cambios, ni con Sarkosy ni con Royal"

Entre una misión humanitaria y otra, pasando de la guerra del Congo a la dictadura tailandesa, el uruguayo Ignacio Sere, radicado en una pequeña aldea francesa al norte de Toulouse fue invitado como observador al escrutinio de Lisle sur Tarn, una comunidad donde se presentaron a votar más del 85% de los inscriptos y se registró un virtual empate entre Sègoléne Royal y Nicolas Sarkozy.

Un día tranquilo, primaveral, con la gente llegando a votar en bermudas y chancletas.

Un día tranquilo donde los veteranos juegan a la petanca mientras cortan un queso local que riegan con un vino de Gaillac.

Algunos uruguayos nos juntamos para un asado, los niños juegan en el jardín.

Lisle-sur-Tarn, pequeña ciudad fortificada de siglo XIII, está situada en el centro del viñedo de Gaillac a medio camino entre Toulouse y Albi. Un lugar acogedor entre bosques, valles y laderas vitícolas.

Nada en este cuadro hace pensar en unas elecciones con alta participación y sin embargo, quienes veníamos siguiendo la campaña habíamos registrado un hecho inusual: más de 3 millones de nuevos electores se inscribieron en el último momento. Un reflejo de la expectativa existente.

En un país donde la inscripción no es automática, donde no alcanza el documento de identidad sino que hay que estar previamente inscripto en el padrón, ese flujo de último momento fue todo un indicador. Los uruguayos sabemos de eso y de las filas del último día frente a la Corte Electoral.

Hubo entonces 3 millones de nuevas inscripciones de votantes, algo así como la población uruguaya. Algunos tan de último minuto que no llegaron a recibir por correo la credencial electoral y éstas estaban aún en los sobres esperando la llegada de los votantes.

En Lisle sur Tarn se instalaron tres mesas de votación donde votaron más del 85% de los habilitados, todo un récord para esta aldea tranquila donde no llega muy fuerte el ruido de la ciudad y por supuesto donde no han llegado jamás los candidatos.

Jean Tkaczuk, el alcalde (Maire) de Lisle sur Tarn me ha invitado a asistir al escrutinio, todo un contraste con las últimas elecciones tailandesas donde me tocó hacer de observador en un circuito con lista única. Aquí están sobre la mesa las austeras papeletas, en blanco y negro, únicamente con el nombre del candidato. Doce en total. Y un sobre azul que dice sencillamente «Republique Francaise».

Terminado el horario de votación ya contabilizamos un porcentaje de participación del 85%, una cifra récord que después se mantendrá en todo el país, llegando al 87% según los últimos resultados oficiales.

En unos minutos terminamos de contar los votos: 753 para Sarkosy, 740 para Royal, 521 Bayrou y 361 Le Pen.

El resto repartido entre los restantes 8 candidatos.

Tkaczuk, el alcalde entra los datos en la computadora mientras ya llegan los resultados del centro de cómputos nacional. Sarkosy y Royal pasan a la segunda vuelta.

Para ambos es una victoria, Sarkozy obtiene un respaldo histórico, y Royal se libera de la amenaza de Bayrou que parecía dejarla fuera de concurso.

Hay que señalar que Royal emerge de un PS profundamente dividido por el voto de la Constitución Europea, ganando unas elecciones internas con menos participación de la que tuvieron las elecciones internas del Frente Amplio en Uruguay.

En un salón comunal lleno de gente, todos respetuosos de los demás, sin estridencias ni festejos, aunque con muchas sonrisas, escuchamos los discursos de los protagonistas.

El resumen de ambos discursos: es hora de salir a buscar los votos de Bayrou, con o sin acuerdo.

Francois Bayrou, que corrió la carrera como candidato del centro, tiene poco tiempo para decidir antes que ambos candidatos canibalicen su electorado. Si esto ocurriera, si Bayrou no fuera capaz de tener el timón de sus electores, apoyando a uno de los candidatos con un discurso aceptable para sus votantes, estos quedarían libres, lo cual desde todo punto de vista sería para él un desastre político.

Inmediatamente después del segundo turno presidencial están en el horizonte las elecciones legislativas. Bayrou debe apostar a tener una fuerte presencia legislativa, porque si bien la Presidencia es un cargo importante en el tablero político, el gobierno de Francia pasa por el Parlamento. Si sus votantes se dispersan en el segundo turno sus posibilidades para las legislativas caerían a pique.

Y ahora está declarada abierta la temporada de caza a los votos de Bayrou.

Se instala ya en ferias y cafés la especulación sobre las cifras.

Sarkosy tiene una base de partida de alrededor del 43% (con Le Pen y otros grupos menores) mientras que Royal, junto con todos los microgrupos de izquierda arranca la campaña con un 35%.

Bayrou, o sus votantes, tienen la llave de la elección presidencial. Nadie olvida que fue ministro del mismo gobierno que Sarkosy, de quien se distanció a último momento, pero por otro lado, por eso mismo, poco puede esperar del partido de gobierno que ve su candidatura como una traición. El entorno de Sarkosy cree que pueden atraer votantes de Bayrou sin tener que hacer costosas alianzas en términos de cargos y poder. La necesidad de Royal es mayor y seguramente el precio que está dispuesta a pagar también.

Nadie espera grandes cambios, ni con Sarkosy ni con Royal, la campaña fue vacía de contenidos y de programas, con frases hechas sobre patriotismo, inseguridad, empleo e inmigración, todo al ritmo de La Marsellesa.

Y sin embargo, con la democracia fortalecida en el país de las luces, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la participación histórica dice que los franceses quieren cambiar y se han tomado esta campaña muy en serio. *

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