Congreso de EEUU discute retirada de tropas de Irak
La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, afirmó: «Es la primera vez que el presidente deberá (…) rendir cuentas sobre esta guerra en Irak, y no quiere asumir esta realidad».
El texto del Congreso, que aún debe ser adoptado hoy en el Senado antes de ser sometido al presidente George W. Bush, desbloquea 124.200 millones de dólares, es decir más de lo que reclama el gobierno para financiar las operaciones militares en Irak y Afganistán.
Pero esta generosidad, destinada sobre todo a ex combatientes que protestan por sus malos tratamientos médicos a su regreso, va acompañada de una condición que el gobierno de Bush considera inaceptable: la exigencia de que las tropas estadounidenses comiencen a salir de Irak en octubre próximo, con un objetivo no vinculante de concluir la retirada para el 31 de marzo.
Mientras se espera un veto presidencial que parece inevitable, previsto para la semana próxima, cada bando intenta sacar la máxima ventaja política de la controversia, intercambiando ataques cada vez más acentuados.
Respaldados por los sondeos que ilustran semana tras semana la impopularidad de la guerra en Irak y que les ha permitido quedarse con la mayoría del Congreso, los demócratas afirman que «existe un deseo generalizado de una nueva dirección» en el manejo de la guerra en Irak.
«Y esta nueva dirección, señor Presidente, no quiere decir una escalada de la guerra, sino que quiere decir brindar estabilidad a la región, y traer a nuestros militares a casa con seguridad, cuando sea razonablemente posible», dijo Pelosi.
Pero la Casa Blanca califica de «politiquería» la voluntad de los demócratas de responder a las aspiraciones de la opinión pública, y señala de «derrotista» al líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, quien dijo la semana pasada que la guerra estaba «perdida».
«Es cínico afirmar que la guerra está perdida porque se espera sacar una ventaja política», dijo el martes el vicepresidente Dick Cheney, añadiendo que «algunos dirigentes demócratas parecen creer que una oposición ciega a la nueva estrategia (enviar unos 28.000 militares adicionales a Irak) es una buena política».
Reid respondió tratando a Cheney de «perro de caza» del gobierno, y renunciando a responder a quien «bajó al 9% de popularidad».
La administración Bush intenta también convencer a los legisladores de lo bien fundado de su política, enviando al Congreso a Cheney el martes y al comandante de la fuerza multinacional, David Petraeus, el miércoles.
El general Petraeus tenía previsto solicitar que los congresistas le acuerden una prórroga antes de sacar conclusiones sobre el éxito de la nueva estrategia, a pesar de la continuidad de la violencia que causó la muerte de nueve soldados norteamericanos el lunes en la provincia de Diyala (norte), y que le hizo decir a Reid que el envío de refuerzos «no sirve de nada».
Pero a mediano plazo, a pesar de los votos en el Congreso y las disputas políticas, nadie duda de que el Congreso demócrata terminará por desbloquear los fondos que reclama el Pentágono, según modalidades que sin embargo siguen siendo muy vagas.
Entre las soluciones previstas, los demócratas pueden desbloquear los fondos con cuentagotas, para mantener a Irak en el centro de la actualidad política, o imponer el respeto de ciertos objetivos, forzando al gobierno a justificar los «progresos» que alega haber conseguido. *
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