Francia: uno de cada cuatro está a favor de la tortura
París, ANSA
Uno de cada cuatro franceses acepta la tortura «en casos excepcionales» como el tráfico de droga y el terrorismo, informó ayer Amnistía Internacional (AI) en el lanzamiento de la campaña mundial contra esa práctica ilegal.
La encuesta realizada por el instituto CSA revela que el 44 por ciento de los franceses tolera la tortura cuando «los agentes de aduana» la practican con «un traficante para saber en dónde esconde la droga» y el 34 por ciento acepta que «los policías usen descargas eléctricas contra una persona sospechosa de haber puesto una bomba que va a explotar en un lugar público».
También el 26 por ciento se pronunció a favor de que la policía «pegue una bofetada en un interrogatorio difícil» y otro 26 por ciento tolera que funcionarios de inmigración «encadenen un clandestino» cuando es expulsado.
La mayoría de los encuestados, el 73 por ciento, manifestó su condena absoluta a la tortura expresa que «todo acto de tortura contra alguien y en cualquier circunstancia es siempre inaceptable».
El sondeo precisó que como la práctica de la tortura «es desconocida» por los franceses, un 9 por ciento de los consultados afirmó que es ejecutada por policías y 68 por ciento la atribuyó a movimientos de oposición y guerrillas.
Sólo una fracción mínima de los entrevistados, el 13 por ciento, acertó al indicar que es practicada actualmente en 150 países.
Cotidianas torturas cometidas en el mundo llevaron a AI a relanzar la lucha en su contra, 40 años después de sus primeras campañas.
Según la organización humanitaria, desde 1997 en más de 80 países muchas personas murieron a consecuencia de los tormentos cometidos, en su mayoría, por policías y funcionarios del poder público.
AI señaló en su informe que en treinta países la tortura ha sido utilizada como un arma en los conflictos contra los civiles, tanto por autoridades como por grupos armados, incluso en gobiernos democráticos.
En la lista figuran Colombia al lado de Bosnia, Argelia y Congo, entre otros.
Consideró que «la discriminación» fomenta la tortura y que todo acto de ese tipo «implica la deshumanización de la víctima», en referencia a los inmigrantes, trabajadores extranjeros y refugiados, que deben enfrentar los malos tratos y el racismo de las autoridades de los países que los reciben.
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