La "ofensiva de primavera"
Aunque todavía rudimentarios, sus métodos son cada vez más sofisticados, dados sus contactos con militantes mucho más formados de la red Al Qaeda implantados en zonas tribales de Pakistán, afirma Talat Masud, experto en cuestiones de seguridad de esa región. «Hay una trasposición de los métodos iraquíes a Afganistán», aseguró.
La decapitación de los dos guías afganos del periodista italiano Daniele Mastrogiacomo, una de las cuales fue difundida por televisión, es una prueba de esa influencia, según Masud.
«Algunos informes constatan la existencia de contactos entre los talibanes y militantes iraquíes», asegura el jefe antiterrorista del ministerio del Interior afgano, Abdul Wahab Khetab.
El mulá Dadulá, uno de los jefes talibanes en el sur afgano, afirmó los primeros días de marzo en la cadena qatarí Al Yazira que los talibanes se dirigen «cuando es posible» al territorio iraquí de la guerrilla sunita. «Intercambiamos informaciones», reconoció.
La misión de la OTAN en Afganistán -Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF)- sostiene que cientos de extranjeros de Asia Central, del Magreb y de Oriente Medio, se unieron este año a los insurgentes. Árabes, chechenos y uzbecos, sobre todo, combatieron junto a los talibanes antes de la caída de este régimen islamista a finales de 2001.
«Es evidente que hay un efecto de mimetismo con Irak. Las ideas y los métodos circulan», comenta el francés Olivier Roy, experto en Afganistán. «Estamos muy lejos de un escenario como el iraquí. Afganistán se parece más a Chechenia que a Irak», añade.
«Los talibanes siguen siendo un movimiento con una base social y étnica pashtun», anclada en el sur del país, «a pesar de la internacionalización del conflicto», opina este analista.
Los atentados suicidas crecieron espectacularmente el año pasado: 139, contra 25 en el 2005. «Los cometen jóvenes reclutados a menudo en campos de refugiados de Pakistán y enviados al frente sin un gran entrenamiento», sostiene Masud.
Algunos informes hablan de decenas de muertos en las filas fundamentalistas, pero los aliados prefieren no hacer ostentación de las bajas causadas para evitar sentimientos de venganza que agraven la idea de país ocupado por los estadounidenses que tienen algunos afganos, explicó el antropólogo David Edwards, especialista en Afganistán.
Una guerra de desgaste
Los talibanes están repitiendo la misma estrategia de los grupos guerrilleros que lucharon contra los soviéticos en la década de los ochenta. Es una guerra de desgaste, sin arriesgar nada, llevando a cabo audaces acciones que desgastan al enemigo e imprimen al conflicto la misma crueldad que la que llevó a la Unión Soviética a la derrota en Afganistán en 1989.
El reciente degüelle del chofer del periodista italiano contribuye, de la misma forma que el ensañamiento que se empleaba con los presos soviéticos que caían en manos de las guerrillas afganas, a la desmoralización de las tropas desplegadas allí y a un impacto mediático en el mundo occidental de incalculables consecuencias. Los talibanes, como es lógico, no tienen nada que perder y no se enfrentan a semejantes problemas: son asuntos de los infieles, sensibles a la muerte y al sufrimiento, sostiene Ricardo Angoso, coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y miembro del Consejo Asesor de Infomedio.
En Afganistán, desde la masacre de los 17.000 británicos a manos de los afganos en 1941 hasta ahora, ninguna potencia consiguió ocupar y dominar ese país. Quizás sea ya demasiado tarde para la comprensión letal de un enemigo que conoce el terreno, tiene una notable experiencia militar -lleva décadas combatiendo- y tiene ante sí todo el tiempo del mundo, un privilegio del que no gozan las fuerzas occidentales, explica Angoso.
Los talibanes cuentan con cerca de 6.000 combatientes listos para luchar contra tropas extranjeras y afganas, aseguró el mismo líder militar de los rebeldes islamistas, el mulá Dadullah, a la cadena árabe Al Yazira. Sin embargo, se estima que los milicianos podrían llegar a ser 10.000. «Cuanto más crece el número de soldados judíos y cristianos, tanto más se sienten alentados los afganos a unirse a nosotros», advirtió Dadullah.
El mulá Dadullah, quien perdió una pierna en la guerra contra la invasión y ocupación soviética en la década de los 80, está considerado como un estrecho colaborador del máximo líder de los talibán, el mulá Omar. Antes de la caída del régimen talibán, Dadullah formaba parte del directorio talibán, de diez miembros.
El resurgimiento militar talibán cuenta con el apoyo ofrecido por figuras radicales como la del veterano sheikh islamista, Mohammad Asif Mohseni, llamado «el Khomeini de Afganistán». Mientras los fundamentalistas queman escuelas, él abre una «universidad islamista» e invierte millones de dólares en un canal de televisión propio llamado «Tamadon», o Civilización, para emitir su pensamiento contra Occidente y su odiada «civilización».
La OTAN y las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos cuentan actualmente con 46.000 soldados en Afganistán. Un contingente que está en discusión por las diferencias entre los países que integran la Alianza, bajo la presión de Washington que reclama más tropas. El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, anunció esta semana que 3.200 de sus soldados verían ampliados sus períodos de servicio en Afganistán de 12 a 15 meses, ante la irresolución del conflicto.
Los países de la OTAN que tienen tropas en el sur de Afganistán acordaron el pasado jueves estrechar su cooperación para enfrentar la ofensiva de los talibanes. Los ministros de Defensa o sus representantes de Australia, Gran Bretaña, Dinamarca, Estonia, Holanda, Rumania, Estados Unidos y Canadá, se reunieron a puerta cerrada en conversaciones informales en la ciudad de Quebec para analizar la creciente violencia.
Tres frentes
Afganistán va mal por tres razones: la vigilancia de la frontera de Pakistán no funciona los fundamentalistas entran y salen- y el acuerdo con los señores de la guerra en la conflictiva región de Waziristán no ha ido bien. El problema de la droga no se arregla y la corrupción generada por ella llega hasta Kabul y salpica incluso a la familia del presidente afgano.
Darío Valcárcel, director de la revista española Política Exterior, piensa que la frontera afgano-paquistaní es la zona clave en la lucha contra Al Qaeda y afirma que Irak es el territorio equivocado, aunque exija todavía una amplia presencia norteamericana. La fragilidad del frente afgano depende de la dificultad de controlar una frontera tan extensa y de la coalición que tienen establecida los talibanes con los traficantes de drogas. Además, el presidente Ahmid Karzai es un líder débil y necesita, más que nunca, recibir apoyos por parte de Occidente. Este combate no será fácil, pero es esperable que la OTAN se imponga con holgura si se concentran todos los esfuerzos necesarios, señaló Valcárcel.
Para el vicedirector de la CIA, Stephen Kappes, hay «evidencias convincentes» sobre el resurgimiento de Al Qaeda en territorio pakistaní, y su conexión con los talibanes.
Greg Mills, consultor especial de la misión de la OTAN en Afganistán en 2006, propone una estrategia más integral para derrotar a los talibanes, que reconoce la imposibilidad de conseguir una victoria sólo por medios militares.
Mills cree que lo primordial es entender la complejidad tribal del país e impulsar entre las diferentes etnias una estrategia de castigos y alianzas, que mine los apoyos hacia los grupos fundamentalistas.
Además, hay que comprender que la alianza entre los talibanes y Al Qaeda no es tan sólida como parece, y entre los afganos existe una desconfianza histórica hacia los árabes. Si se consigue avanzar combinando la inteligencia con el despliegue militar, no sería impensable que los talibanes encontrasen un acomodo p
olítico en el futuro, opina Mills en el Herald Tribune.
El profesor de Historia Contemporánea de la Uned, secretario del Grupo de Estudios Estratégicos y miembro del Consejo Asesor de Infomedio, Florentino Portero, sostiene que la OTAN debe imponer su autoridad, o los talibanes resurgirán de entre las piedras, dice.
Chris Patten, un ex comisario de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, presidente del International Crisis Group y rector de la Universidad de Oxford, afirma que la situación en Afganistán empeora. Y añade que el país nunca será estable a no ser que se sustituya el gobierno militar de Pakistán por una democracia, señala.
En este sentido, los ataques que se dan en Afganistán -incluyendo los atentados suicidas- se planean y preparan en campos de entrenamiento que los talibanes tienen en territorio pakistaní. El gobierno militar encabezado por Pervez Musharraf permite a estos grupos operar libremente. Por esta razón, la clave para devolver la estabilidad a Afganistán está en desmilitarizar y moderar al gobierno pakistaní a través de la senda de la democratización, concluye el ex comisario europeo.
El atentado frente a la base militar estadounidense de Bagram, la principal en Afganistán, durante la visita del vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, es una demostración de la encrucijada en que, realmente, se encuentra Occidente. Los talibanes lo saben y hacen macabra gala de su poderío: el jefe de los rebeldes fundamentalistas talibanes, Kari Yousif Ahmadi, reivindicó el atentado en el que murieron unas 20 personas, afganos en busca de trabajo en la base aérea, y describió con lujo de detalles a Abdul Rahim, el joven terrorista que se inmoló en el ataque.
«Occidente debe ganar la guerra en contra de los militantes islámicos en Afganistán o enfrentar ataques en sus propias naciones, ha aconsejado el secretario general de la OTAN, Jaap De Hoop Scheffer.
El presidente afgano, Hamid Karzai, advirtió: «si no tenemos éxito en Afganistán, Al Qaeda atacará en Europa, así como lo hizo en Estados Unidos». Los atentados terroristas contra Madrid y Londres fueron los primeros ejemplos. *
Españoles
El ministro de Defensa español, José Antonio Alonso, anunció que su país enviará a Afganistán antes del verano europeo cuatro aviones no tripulados de reconocimiento aéreo.
Además, España está dispuesta a llevar a cabo un programa de formación y financiación para el Ejército afgano.
Pero no enviará más soldados, tal y como anunció recientemente el gobierno. España tiene 690 militares destacados en Afganistán.
Estadounidenses
Washington ofreció más de 8.000 millones de dólares adicionales en ayuda militar y de reconstrucción para Afganistán y prolongó por cuatro meses el despliegue de los soldados estadounidenses en el este, una de las zonas más conflictivas.
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