El gobernador Sobisch quiere ser el referente nacional de la "mano dura"

Convulsión social en Santa Cruz alcanza al presidente Kirchner

Hay en este país sectores que buscan ese líder, desde los minoritarios nostálgicos de la dictadura o aquellos cansados en general de la política y de los sindicatos, aun los más reformistas, y sobre todo de las movilizaciones callejeras que ya no son monopolio de los «piqueteros».

Pero la reacción de toda la sociedad frente al fusilamiento del maestro ha sido conmovedora. No se recuerda un paro tan extendido de maestros en repudio a lo ocurrido en Neuquén. Hasta el personal de las escuelas privadas, incluso de aquellas sofisticadas, se sumó al reclamo que une la idea de justicia con la de castigar la responsabilidad política del gobernador. No hubo incidentes en las concentraciones de masas en todo el territorio, incluso la enorme que pobló Neuquén.

Sobisch quedó aislado nacionalmente. Su aliado, el empresario Mauricio Macri, pretendiente con perspectivas para ser jefe del gobierno porteño, lo abandonó en el camino. Otros dirigentes de la derecha lo siguieron, excepto el referente de los miedos ante la inseguridad: el ingeniero Juan Carlos Blumberg, un aliado de Macri, lo defendió de hecho. «Ha defendido la Constitución frente al desorden». «¿El fusilamiento», «un accidente», proclaman Sobisch y Blumberg.

El neuquino ha comenzado a movilizar a sus fieles del Movimiento Popular Neuquino, partido que gobierna esa provincia patagónica desde 1963, salvo los interregnos castrenses. No son multitudes pero sí gran parte del aparato burocrático, que ve perder sus puestos en las elecciones del 3 de junio. Al igual que en la Capital Federal, ese día se elegirá nuevo gobernador; Sobisch no tiene reelección y hay un Frente amplio opositor con apoyo nacional.

La semana que se inicia es vital. Mañana habrá un paro conjunto de maestros y estatales con el respaldo de la CTA y la CGT, ahora en acciones comunes, donde la renuncia de Sobisch figura en la demanda. Es una unidad frágil pero ahora necesaria. Las dos centrales vienen siendo desbordadas por la izquierda, sobre todo en el sindicato docente de Neuquén, donde predomina el discurso confrontativo, a veces a tono con el que levantó la derecha en el orden nacional.

 

El gobierno nacional, ¿culpable?

¿Qué dicen por ahí? Que el conflicto se agudizó al disponer el gobierno nacional un aumento del mínimo para los maestros de 1.040 pesos (1 dólar igual a 3,05), una suma que las provincias no pueden cumplir. Es falso, responden tanto desde el gobierno como desde Ctera, el sindicato de maestros en el orden nacional.

Neuquén, como Santa Cruz o Salta, ya tenían mínimos mayores, porque son provincias ricas: producen gas y petróleo y obtienen importantes regalías. Otras provincias, lo dice la ley, reciben ayuda federal. Los conflictos están de todos modos instalados en esas tres provincias, porque sus gobernantes pagan en gran parte los sueldos «en negro».

Si Néstor Kirchner ha podido relucir una diferencia respecto de Neuquén, de cómo nacionalmente se aborda la conflictividad social, quedó descolocado con relación a Santa Cruz, donde las movilizaciones en demanda de las reivindicaciones son de masas. Sucede que en la provincia natal del presidente, desde 1991, cuando Kirchner asumió su gobierno, se prohíben por una ley de emergencia económica, la discusión, en comisiones paritarias, de los salarios que se fijan por ley. El actual gobernador Carlos Sacho exhibe la cintura política de un elefante. No sólo ha convocado, con apoyo nacional, a los gendarmes para que vigilen que los huelguistas no tomen las escuelas sino que no sabe cómo salir de la situación. La Legislatura provincial estuvo ocupada por un día y fue desalojada por orden judicial sin incidentes. No hay sangre en las calles, pero Sacho está convencido de que la protesta dirigida por miembros de la Unión Cívica Radical y con influencia trotska, busca la víctima para debilitar a Kirchner y su discurso sobre cómo abordar la conflictividad social sin represión. El presidente, sigilosamente, envió a dos hombres de su confianza para impedir que por lo menos el conflicto desborde en situaciones irreparables y se consiga una solución.

 

El desafío de la Capital Federal

Santa Cruz es un agujero negro para el oficialismo, como lo son otros que estas semanas han estado en un primer plano, sobre todo la manipulación de los índices del costo de vida. O nuevas actitudes crispadas de Kirchner que, aun defendiendo posturas contra la derecha, suelen influir negativamente, aunque sea transitoriamente sobre sectores medios y populares.

Hay un desafío inmediato: las elecciones porteñas el 3 de junio. Kirchner ha colocado todo su respaldo a favor de la fórmula Daniel Filmus-Carlos Heller; sus ministros participaron en masa en su proclamación. Filmus es el actual ministro de Educación y quiérase o no, lo salpican los acontecimientos relatados. Heller proviene de la izquierda ligada al Partido Comunista. El PC, oficialmente, se abstiene.

Y es un desafío porque no es seguro que pueda llegar a la segunda vuelta, sobre todo desde que el actual jefe de gobierno, Jorge Telerman, decidió acordar el apoyo de Elisa Carrió, una furibunda anti kirchnerista, a través de Enrique Olivera, que va como pretendiente a la vice gobernación de la ciudad. Telerman no prometió apoyar a Carrió en las presidenciales de octubre, ni integrará una sincrética «coalición cívica», por ahora pobre en nombres, organizaciones y candidaturas de peso en provincias clave, como la de Buenos Aires.

Lo ocurrido dejó a Telerman sin sus aliados kirchneristas, que abandonaron lugares en la administración porteña. Esta rara coalición ¿puede ayudar a Telerman a elevar sus chances de llegar al segundo turno? Se da como descontado que el Pro, de Macri, sí lo conseguirá.

 

En busca del balotaje presidencial

Carrió intenta instalarse como la gran referente opositora para las presidenciales, de ahí su arriesgada apuesta a Telerman. Lo hará sola, sin alianzas con otros partidos políticos, excepto con el socialista, que sigue firme en su objetivo de ganar Santa Fe, pero que tiene problemas en otros distritos, como el porteño, donde sus fuerzas se bifurcan, y en la provincia de Buenos Aires. Carrió confía en su coalición.

La oposición está cada vez más lejos de lograr una plataforma común. El ex ministro de Economía Roberto Lavagna, con apoyo radical y peronista de Eduardo Duhalde, ha rechazado cualquier entendimiento con Macri. Este al parecer no tendrá otra opción que respaldar en octubre a la frágil candidatura de su socio en Pro, Ricardo López Murphy, fuertemente distanciado de Lavagna.

En estas condiciones, la idea de un segundo turno en octubre ya no depende de la fuerza opositora sino de las debilidades o errores del kirchnerismo. La oposición se hace el bocho con que Cristina Kirchner, si es en definitiva la elegida para presidente, no llegaría al 40% de los votos y si fuera así, aunque quien la siguiera, Carrió o Lavagna, sacaran digamos 20 puntos, igual se iría al balotaje.

Dicen que Kirchner sin duda estaría bastante arriba de ese porcentaje y por eso la derecha vuelve a especular con la reelección presidencial y no en que la candidata sea Cristina. No es hoy más probable pero de eso se habla en la dividida oposición, acaso para darse aliento. Veremos. *

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