Los sectores más radicales de Irán optaron por una huida hacia adelante

Los Guardianes de la Revolución, el verdadero poder detrás del poder

Tras conocerse la última resolución de la ONU, el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, declaró que a la vista de los «actos ilegales» de la comunidad internacional, Irán se sentía justificado para actuar ilegalmente. Los Guardianes de la Revolución podrían haber interpretado sus palabras como una luz verde para actuar y medir fuerzas, en la interna y ante Occidente. Los sectores más radicales parecen haber optado por una huida hacia adelante, dispuestos a llegar hasta el final en su enfrentamiento con Occidente. El ultraconservador Ahmadinejad combate una caída de la popularidad que baja al mismo ritmo que sube el desempleo y la precariedad económica, y las críticos internos se hacen oír.

Sin embargo, están convencidos de que las amenazas de la ONU, Estados Unidos y la Unión Europea no se concretarán. «No creemos que Estados Unidos esté en condiciones de implicarse en una nueva guerra», sostuvo el ministro iraní de Exteriores, Manuchehr Mottaki.

Más allá de sus fronteras, el presidente iraní y su ejército ideológico satisfizo incluso el imaginario de los insurgentes chiis iraquíes y libaneses, así como de los palestinos islamistas, sedientos de un dirigente que acabe con la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados. El presidente iraní, quien estremece al mundo cuando niega el Holocausto o preconiza el fin de la existencia de Israel, exigió las disculpas de Londres por la controvertida violación de sus aguas territoriales y los medios estatales humillaron a los detenidos al difundir sus imágenes y supuestas «confesiones» de culpabilidad.

 

Divisiones

Para Michael Slackman, corresponsal en Oriente Medio del The New York Times, la crisis desatada entre Londres y Teherán por la detención de los militares británicos ha acentuado las divisiones internas en Irán, no tanto entre moderados y radicales, sino entre los abanderados de la línea dura, además de azuzar el complejo panorama en Oriente Medio.

Estas disputas son una cuestión de estilo más que de sustancia, ya que todas las facciones apoyan el programa nuclear, pero algunos sectores empiezan a sentir una gran preocupación ante el creciente aislamiento internacional iraní. En todo caso, esta crisis revela el enorme peso de los Guardianes de la Revolución, auténtico poder autónomo y militar, responsable de haber orquestado la detención al margen del propio gobierno, opinó Slackman.

«Nosotros no sabemos con certeza» por qué los iraníes capturaron a esos 15 marinos británicos, afirmó la doctora Rosemary Hollis, del instituto londinense de reflexión estratégica Chatham House.

«Nosotros no sabemos si fue una decisión política deliberada tomada al más alto nivel, o una decisión de los Guardianes de la Revolución por motivos propios», añadió.

Pero «incluso antes de que estallara esta crisis», se sabía que en el régimen iraní había graves diferencias, agregó esta experta, según la cual esta crisis es consecuencia de «las luchas internas de poder en Teherán».

«Es posible que este caso sea un intento de mostrar que Irán debe ser tomado en serio y que podría haber repercusiones si los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad son demasiado severos con Irán» a propósito de su programa nuclear, opinó Henning Riecke, un experto de la Sociedad Alemana para la Política Exterior (DGAP).

No obstante, «hay que destacar que en Irán hay tensiones internas y que esta acción quizás no cuente con el respaldo de las fuerzas más moderadas del gobierno», añadió este analista.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad está en el poder, pero al mismo tiempo, «hemos visto su fortuna política vacilar desde comienzos de año», confirmó Mark Thomas, del Royal United Services Institute for Defence and Security Studies (RUSI) de Londres.

«Nosotros observamos una coalición que agrupa a todo el espectro político en Irán, los radicales, los reformadores y los pragmáticos contra la política de Ahmadinejad con el respaldo del guía supremo» de la República Islámica, el ayatolá Ali Jamenei, destacó el experto.

«Nosotros, los occidentales, tendemos a pensar que el gobierno iraní actúa como una entidad monolítica», señaló Maximilian Terhalle, un universitario especialista en Oriente Medio, pero «los acontecimientos mostraron en numerosas oportunidades que Irán quiere envenenar la situación para mostrar que tiene un impacto sobre lo que sucede en la región».

Rosemary Hollis recordó que Ahmadinejad fue criticado duramente por Akbar Hashemi Rafsanyani, el jefe del Consejo de Discernimiento y ex presidente, un conservador pragmático.

«También sabemos que el guía supremo, el ayatolá Ali Jamenei, quien es más poderoso que Rafsanyani y Ahmadinejad, apoyó a Ahmadinejad para la presidencia para que Rafsanyani no la obtuviera. Por lo tanto, ya sabíamos que había tres personajes significativos en Teherán que no estaban de acuerdo entre ellos», explicó Hollis.

«Sabíamos que los Guardianes de la Revolución están más cerca del presidente Ahmadinejad que de los otros dos, y que el ministerio de Relaciones Exteriores no debe ser confundido con los Guardianes de la Revolución», explicó.

 

Desviar la atención de su proyecto nuclear

El exilio iraní entiende que la captura de los marinos fue premeditada y tuvo como objetivo «ganar concesiones de la comunidad internacional y desviar la atención de su proyecto nuclear».

El Consejo Nacional de Resistencia de Irán (NCRI) afirmó que una de las unidades de las fuerzas navales de los Guardianes de la Revolución, basada en Jorramshahr estaba en alerta máxima desde la noche antes del incidente y dirigió la operación bajo las órdenes del contraalmirante Rashid Hosseini.

Hossein Abedini, del comité de asuntos exteriores de la organización, señaló en Londres que la captura de los marinos fue «una operación meticulosamente planificada».

«Ustedes pueden ver que el régimen clerical, en un ataque premeditado, arrestó a soldados británicos para ganar concesiones de la comunidad internacional y desviar la atención de sus proyectos nucleares», dijo Abedini.

El NCRI indicó que sus fuentes de información provienen de los Guardianes de la Revolución a través de la Organización Muyaidín del Pueblo de Irán, también conocida como Mujaheddin e Khalq (MeK), un movimiento disidente prohibido en Gran Bretaña, la Unión Europea y Estados Unidos.

En opinión de David Ignatius, analista en The Washington Post y en el Daily Star, los Guardianes de la Revolución son responsables de instigar diversas situaciones de inestabilidad en Oriente Medio, como la reciente detención de los militares británicos, el desarrollo nuclear iraní y la propia promoción al poder de Ahmadineyad. Respecto a la detención de los marinos, dijo que fue una señal del nerviosismo que afecta a esta organización tras la desaparición del ex guardián y alto cargo iraní Ali Reza Asgari, quien podría revelar «preciosos» secretos sobre los Guardianes.

Para el analista, el extraño capítulo podría estar ligado a la captura de los marinos y su posterior liberación.

 

El general desaparecido

El caso, que no se conoció hasta febrero, tiene todos los ingredientes de una película de espías. Irán lo ha denunciado como un secuestro, pero la prensa israelí ha hablado de deserción.

Al parecer Asgari fue un agente iraní clave en la organización de Hezbolá, el movimiento chii libanés, durante los años ochenta y primeros de la década de los noventa.

Según el semanario Time, Robert Baer, oficial de la CIA en Beirut por aquel entonces, explicó que el general ahora desaparecido era el principal contacto de Hasan Nasralá, el líder de Hezbolá, y del buscado Imad Mugniyá, al que Estados Unidos acusa de diversos actos terroristas y sitúa en Irán.

Algunas filtraciones israelíes a los medios de comunicación han dado a entender que Asgari había sido reclutado por el Mosad bajo una
operación de bandera falsa, es decir, haciéndole creer que trabajaba para un país europeo. Tanto si se trata de un secuestro como si se ha pasado al enemigo, el asunto constituye una humillación para los Guardianes, ya que se presume que el general conoce información relevante -y secretos- sobre el cuerpo y la actividad nuclear iraní.

Asghari, un general de 63 años que fue viceministro de Defensa durante la presidencia de Jatamí, llegó a Estambul el día 7 de febrero procedente de Damasco y se registró en un hotel donde, según la prensa turca, dos extranjeros habían pagado en la víspera y en efectivo una habitación a su nombre para tres noches. Desde entonces no se han vuelto a tener noticias suyas.

Después de que algunos periódicos locales denunciaran su desaparición, Irán anunció que había pedido explicaciones a Turquía.

«Desapareció», declaró el jefe de la policía iraní, Ismail Ahmadi Moghadam, citado por la agencia oficial de noticias, Irna.

«Es posible que el ex viceministro Asghari haya sido secuestrado por los servicios secretos occidentales debido a su pasado en el Ministerio de Defensa», manifestó Moghadam. El responsable no explicó a qué servicios secretos en concreto se refería o cuáles eran esas responsabilidades que podían haberle convertido en objetivo. Tampoco elaboró en qué fundaba sus sospechas. Sólo precisó que el desaparecido realizaba un viaje privado.

El periódico turco Milliyet aseguraba, citando fuentes sin identificar, que los servicios secretos y la policía turcos habían descubierto que Asgharí se oponía al Gobierno iraní y tenía información sobre sus planes nucleares. Los hechos adquieren especial relevancia en un momento en que Estados Unidos trata de reforzar las sanciones internacionales contra Irán, al que acusa de querer desarrollar armas atómicas sin haber logrado pruebas concluyentes.

Por su parte, diplomáticos israelíes han admitido que se ha elevado el nivel de seguridad de sus embajadas. Israel es, sin duda, uno de los países más preocupados por las ambiciones nucleares iraníes.

El diario británico Daily Telegraph, por su parte, daba a entender que podría tratarse de un secuestro para realizar un eventual intercambio. Según ese periódico, Asghari sirvió como asesor militar en el sur de Líbano, donde Hezbolá, un grupo aliado de Irán, capturó en 1986 al aviador israelí Ron Arad después de que su avión se estrellara en la zona. Arad desapareció sin dejar rastro. Desde entonces, Israel acusa a Irán de tener retenido a Arad, algo que Teherán niega.

La radio militar israelí ha sugerido la posibilidad de que Asghari haya desertado con la ayuda de alguna agencia occidental como la CIA o el Mosad. Esta hipótesis se apoya en una información, que imposible de verificar por el momento, según la cual la esposa y los hijos del general salieron de Irán antes de que se anunciara su desaparición.

 

La ONU acusa

Lo cierto es que el círculo se ha estrechado sobre los Guardianes de la Revolución a la vez que aumentaba la presión internacional sobre Irán.

Las dos últimas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el programa nuclear iraní señalan particularmente a los también denominados Pasdaran, cuyas numerosas empresas están sometidas a sanciones.

Varios altos comandantes de los Guardianes de la Revolución también forman parte de las personalidades a quienes la ONU ha prohibido viajar al extranjero.

Su comandante -en la actualidad el general Yahya Rahim Safavi- responde directamente ante el líder supremo, Alí Jamenei. Safavi es uno de los 12 iraníes mencionado en las sanciones que la ONU aprobó en diciembre con la resolución 1.737 «por su relación con los programas nuclear y de misiles balísticos». La nueva resolución del Consejo de Seguridad -la 1.747- amplia su alcance e insta a que se congelen los activos de otros siete altos oficiales de ese cuerpo. El texto también prohíbe que Irán exporte armas, una importante fuente de ingresos para los Guardianes aunque no la única. Bajo la presidencia de Alí Akbar Rafsanyani, los Guardianes, inspirados por los militares de sus vecinos Turquía y Pakistán, entraron en el mundo de los negocios lo que les ha dado una gran independencia. Hoy sus intereses financieros son de lo más diverso, desde la importación de bienes de consumo hasta la construcción de oleoductos.

Los guardianes -o pasdaranes- se han convertido, además del brazo armado ideológico del poder, en uno de los actores de la economía iraní que mueve miles de millones de dólares, controlada por el Estado gracias al petróleo -que representa una cuarta parte del PIB- y a un robusto sector público al que el mismísimo Guía Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, instó a acelerar su privatización en otra arremetida contra el presidente Ahmadineyad, dejando a la luz las diferencias en el régimen.

Con Ahmadineyad, elegido en las urnas en el 2005, los Guardianes se muestran cada vez más businessmen, una vocación inicialmente caritativa que arrancó del deseo de dar empleo y generar medios para los veteranos de la guerra contra Irak. El descontento silencioso entre muchos iraníes reformistas y los hombres de negocios extranjeros viene porque los Guardianes son un actor poco sofisticado en las relaciones económicas y más de una vez han actuado con la contundencia.

«Se han convertido en una organización tipo mafia que tiene una influencia corruptora sobre el Ejército, la policía, los medios de comunicación, la industria, el poder judicial y el Gobierno», denunció Mohsen Sazegara, uno de los fundadores del cuerpo, que en 2003 se exilió en Estados Unidos, tras ser detenido por criticar su revolución. Actualmente, Sazegara es investigador visitante en la Universidad de Harvard.

 

350.000 Guardianes bien armados

Los Guardianes de la Revolución islámica (Sepah-é Pasdaran), que capturaron el 23 de marzo a 15 marinos británicos en el Golfo, constituyen el ejército ideológico del régimen iraní y están encargados de protegerle contra las amenazas internas y externas.

Según estimaciones occidentales, este verdadero ejército cuenta con unos 350.000 miembros. Fue creado el 5 de mayo de 1979, tras la victoria de la Revolución islámica, por un decreto del imán Jomeini, fundador de la República islámica, con la meta de reagrupar las fuerzas revolucionarias.

También fueron los Guardianes de la Revolución quienes en 2004 capturaron a ocho marinos británicos, que fueron liberados tres días después.

Al igual que el ejército clásico, que no ha sido disuelto, los Pasdaran se hallan bajo las órdenes directas del guía supremo, que designa a los comandantes.

Los Guardianes de la Revolución reciben los mejores equipamientos militares, como los famosos misiles Shahab-3, capaces de alcanzar Israel y el nuevo sistema de defensa antiaéreo ruso Tor-M1, de un valor de 800 millones de dólares, destinado a proteger los sitios nucleares iraníes.

En 2006, organizaron varias maniobras militares, sobre todo en la región del Golfo, donde probaron un abanico de misiles, principalmente de un alcance de 350 km, capaces de alcanzar todas las regiones del Golfo y del mar de Omán.

Washington también acusa a los Pasdaran de ayudar a los grupos rebeldes chiitas en Irak a través de su ejército Qods, algo que Teherán siempre ha desmentido.

Los adversarios de la República islámica les acusan además de haber creado la milicia chiita Hezbolá en Líbano y de su apoyo a los fundamentalistas palestinos de Hamas.

Los Pasdaran desempeñan un papel fundamental en la protección de las fronteras del país, ya que controlan las zonas fronterizas más sensibles.

También participan en la lucha contra los grupos armados de oposición y cuentan bajo su autoridad a la milicia islamista (Bassidji), que asegura poseer más de 10 millones de miembros, y que los Pasdaran entrenan y arman.

Los Guardianes de la Revolución, que tuvieron un papel pre
dominante en la guerra contra Irak de 1980 a 1988, ejercen una influencia política considerable.

La nueva crisis, que podría haber tenido consecuencias peligrosas, se dirimió en términos diplomáticos entre Teherán y Londres. Ambas partes aseguran que ni siquiera hubo un acuerdo, pese a los rumores que insinúan una pronta liberación de cinco iraníes detenidos en Irak por Estados Unidos como moneda de cambio.

Creo que la acción de Washington en la ciudad iraquí de Arbil se relaciona con la decisión de Irán de orquestar la captura de los marines británicos», señaló Gary Sick, experto de la Universidad de Columbia, quien trabajó en la Casa Blanca en la presidencia de Jimmy Carter. Esa visión es compartida por Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Iraní Estadounidense. «Al ir contra objetivos ‘blandos’, los iraníes presionan a Estados Unidos», sostuvo.

¿Fue una acción premeditada con el fin de demostrar que la República Islámica no le teme a nada ni a nadie en Occidente?, ¿Fue una jugada del régimen para alimentar su maquinaria propagandística ante la presión internacional?, ¿Fue para ganar tiempo en su carrera nuclear? o ¿Fue una movimiento destinado a unificar a los iraníes mediante un nuevo conflicto ante los crecientes problemas y pujas internas?. Seguramente, hay un poco de todo. Los próximos jugadas lo confirmarán. *

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