Tras la guerra civil, Angola aún no sale de las ruinas

Cinco años después de la firma de un acuerdo de paz que puso término a 27 años de guerra civil, el 4 de abril de 2002, Angola no logra estabilizar su economía, devastada pese al torrente petrolero que ha hecho del país el segundo productor de Africa negra.

Angola prevé producir 2 millones de barriles por día de aquí a fines de año, contra 1,4 mbd actualmente, y mantener ese nivel de producción hasta 2012, según la compañía estatal Sonangol.

No obstante, pese a un crecimiento sostenido, alimentado por la disparada de precios del crudo, 70% de los 16 millones de angoleños vive en un estado de extrema pobreza, con menos de 2 dólares por día. Su agricultura, exportadora en el pasado y arruinada por la guerra, no alcanza para alimentar a la población y la mayor parte de bienes de consumo son importados y, a la vez, inaccesibles para la mayoría de los angoleños.

Este año la producción de cereales cayó de nuevo (626.000 toneladas, contra 881.000 en 2006) debido, según el gobierno, a la sequía. Sólo 38% de los 4.550 terrenos minados repertoriados ­alrededor de 8 millones de minas antipersona fueron sembradas durante la guerra­ ha sido despejado. Unos 2,2 millones de angoleños siguen expuestos a las minas.

El partido en el poder, el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) del presidente José Eduardo Dos Santos, ha invitado a miembros de la oposición, a representantes de la sociedad civil y a universitarios, a definir una «agenda de consenso» que fije las prioridades del desarrollo del país hasta 2025.

La mesa redonda, inaugurada el lunes en Luanda, fue saludada por la oposición como «una oportunidad única para debatir los proyectos de unos y otros», según NGola Kabangu, del Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA). Los desafíos son enormes, cuando 8 millones de electores angoleños son llamados a registrarse para las elecciones legislativas, anunciadas para 2008, y para las presidenciales, previstas para el año siguiente.

El presidente Dos Santos, de 65 años, en el poder desde 1979, además de ser uno de los jefes de Estado más misteriosos de Africa, es un marxista pragmático que ha abierto la economía de mercado para facilitar la reconstrucción de un país minado por la guerra civil. *

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