El Papa elogia la "dimensión universal" de Juan Pablo Il
Unas horas antes, los jueces del tribunal de la Diócesis de Roma habían dado por zanjada la investigación sobre la vida de Juan Pablo II, quien es ya venerado como un santo por los fieles.
La Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano se ocupará a partir de hoy martes de las centenares de páginas que componen el expediente recopilado por el postulador de la causa de Juan Pablo II, en el cual figura el caso de la monja francesa que se curó «milagrosamente» de la enfermedad de Parkinson.
Ante la presencia de miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, muchos de ellos polacos, Benedicto XVI subrayó que el proceso de beatificación «avanza rápidamente» y se refirió al «perfume de la fe, de la esperanza y de la caridad» que Juan Pablo esparció sobre «la Iglesia del mundo entero».
La «dimensión de universalidad» de Juan Pablo II «llegó a su expansión máxima en el momento de su muerte, un evento que el mundo entero vivió con una participación nunca vista en la historia», afirmó el Sumo Pontífice, vestido de violeta, color de luto.
La tradición prevé que la canonización de un santo, que establece que la persona es digna de culto universal, llegue precedida de su beatificación, una etapa intermedia que permite solamente el culto local.
Esta alusión a la «dimensión universal» del papa Karol Wojtyla parece agilizar el proceso de beatificación, según afirman reputados vaticanistas.
«No tenemos prisa, el trabajo tiene que estar bien hecho», dijo este lunes a los periodistas el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y antiguo secretario de Juan Pablo II. Anteriormente, el cardenal brasileño José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, quien deberá finalizar el proceso de beatificación, había declarado: «Si yo fuera Juan Pablo II, querría una investigación muy rigurosa».
Juan Pablo II falleció en la noche del 2 de abril de 2005, tras una larga enfermedad, en sus aposentos del Palacio Apostólico de la Santa Sede.
El domingo, unas 40.000 personas asistieron en una soleada plaza de San Pedro a la ceremonia al aire libre que comenzó con la procesión de las ramas de olivo, que luego bendijo el Papa.
La celebración terminó con el rezo del Angelus dirigido por el propio Papa ante la puerta de la Basílica de San Pedro, y no desde la ventana de su despacho como cada domingo normal.
El domingo de Ramos, primer día de la Semana Santa, conmemora la entrada de Cristo en Jerusalén, que según el relato bíblico fue recibido de forma entusiasta por una muchedumbre que agitaba ramas de olivo a pocos días de la Pascua judía.
A ese episodio triunfal siguieron la detención, la crucifixión y la resurrección de Jesús.
En su homilía, el Papa instó a los cristianos a tomar «la decisión fundamental de dejar de considerar la utilidad, la ganancia, la carrera y el éxito como el objetivo último de sus vidas, y considerar como criterio auténtico la verdad y el amor».
Benedicto XVI hizo un llamamiento a los jóvenes para que «no se dejen llevar simplemente de aquí para allá por la vida», «no se conformen con lo que todos piensan, dicen y hacen» y «escruten el interior de sí mismos en busca de Dios». *
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