La última esperanza para la paz
Washington, ANSA
En Sharm el Sheik se reunirán un primer ministro, Barak, cuyo gobierno tiene una mayoría en peligro; un líder histórico, Arafat, que no logra controlar a los extremistas, y un presidente «lame duck» (pato cojo), Clinton, que dejará en menos de 100 días la Casa Blanca golpeado in extremis en su sueño de pasar a la historia como demiurgo de la paz.
Ese clima poco alentador enmarca a la cita en Egipto para una cumbre que se realiza bajo el auspicio del secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan.
Clinton partió ayer de su país algo esquivo pero fortalecido por la concesión arrancada por Annan a Arafat: la renuncia a las precondiciones de una comisión de investigación sobre la violencia que, en palabras de un diplomático estadounidense, «no es otra cosa que un tribunal por crímenes de guerra».
En la Casa Blanca nadie esconde las dificultades y los riesgos en caso de que la cumbre fracase y Annan advirtió que «repercutirá más allá de la región de Medio Oriente».
Antes de viajar a Egipto, la secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, fijó la prioridad para Estados Unidos: romper la ola de violencia, volver a la normalidad y crear una vía para el retorno de la negociación.
«Pero debemos ser realistas», precisó Albright.
Un alto funcionario estadounidense explicó la lógica de su país al afirmar que «una gran desconfianza se creó en los últimos 15 días y se necesitará tiempo para superarla».
«No tienen otra alternativa que cohabitar como vecinos», exhortó Albright a palestinos e israelíes en lo que parece ser el «leit motiv» estadounidense en la cumbre.
Sobre este tema, Clinton y su colega egipcio, Hosni Mubarak, anfitrión del encuentro, intentarán acordar la composición de la comisión de investigación sobre la violencia (Arafat la quiere internacional y Barak integrada sólo por Estados Unidos) y establecer detalles de la cooperación entre ambas policías.
Pero en la reunión de Sharm el Sheik pesan las recriminaciones de la víspera.
En una entrevista a Time, Barak habló con dureza de Arafat, sugiriendo que el líder palestino no es un socio confiable en el proceso de paz.
«La paz entre israelíes y palestinos llegará, pero no debajo de él. El no está listo», declaró Barak a Time.
La misma Albright, en declaraciones a la cadena televisiva ABC, puso de manifiesto las dificultades de Arafat en controlar a los extremistas.
«Tiene la responsabilidad de controlar la violencia. Para nosotros debería hacer más», señaló la funcionaria.
En la cumbre de Sharm el Sheik también influyen, por otra parte, las hipotecas del fiasco de Camp David, en julio pasado.
En vísperas de la reunión en Egipto se escucharon, además, voces disidentes dentro de la Administración Clinton, pues algunos colaboradores del presidente afirmaron que esa negociación fue apresurada.
Arafat había solicitado una prórroga: «Denme tres semanas.
Los palestinos no están listos para afrontar una cumbre que haga la paz definitiva con Israel», había dicho a Albright durante un encuentro a comienzo de julio en Gaza, según publicó ayer el diario New York Times.
Pero Barak quería la cumbre casi desesperadamente, y también Clinton, a quien se le escapaba de las manos su tiempo presidencial.
Así la Administración decidió tirarse de cabeza a una empresa arriesgada sin ofrecer a Barak ni a Arafat una red de contención ante un fracaso.
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