La meta es salvar a la Alianza
por Isidro Gilbert – corresponsal en Argentina
Para él hay sólo un camino para componer la Alianza: cumplir «lo que le prometimos a la gente el 24 de octubre: que en lo económico hacíamos hincapié en el crecimiento de la producción y el empleo y no solamente en la cuestión fiscal; que planteamos un mejoramiento de la calidad institucional y tolerancia cero con la corrupción. Esas son las bases para la reconstitución de la Alianza. Luego de eso estará la discusión de si hay dirigentes del Frepaso que participen en otros lugares del gobierno», un punto de mucho meneo en estas horas.
A Página/12 le expresó que el Frepaso «deberá seguir insistiendo con la resolución de la crisis del Senado sin abandonar ese frente de lucha y yo, al mismo tiempo, voy a intentar que este antes y después que marca la crisis del Senado como crisis terminal de la política, posibilite mostrar que hay nuevas formas de construcción, que tienen que ver con empezar a convocar en torno a la conformación de un movimiento social a todos los que han visto estos episodios como un antes y un después».
«Esta crisis no se resuelve con una ley de financiamiento de los partidos, porque siguen pendientes las preguntas de cómo se financia la política interna, cómo se construyen los aparatos, cómo se vacían las máquinas electorales. Hace falta mostrar que hay formas de participación que no pasan por las luchas internas o las disputas por los cargos. Mi renuncia lo que buscó fue poner sobre la mesa la necesidad de un debate cultural sobre la política; la necesidad de una construcción social de esa política y la puesta en marcha de una energía social que hoy se canaliza por otras vías, o está adormecida. Si eso no se logra, soy pesimista de que haya un antes y después del Senado», señala.
Algo más que Santibañes
Alvarez, que en cualquier momento tendrá un encuentro con Fernando de la Rúa para evaluar el futuro de la coalición, quiere ser preciso. Dice que no se puede reducir el tema a que se vaya Fernando de Santibañes del frente de la secretaria de Inteligencia, sospechada de dolo en el caso del escándalo senatorial. «Sería un conflicto falso, sería superficializar el problema. Esta crisis no la desencadena Santibañes. El Presidente me planteó siempre que estábamos juntos en la lucha por el esclarecimiento de los sobornos en el Senado. Cuando se toma la decisión de la ratificación de Santibañes y el ascenso político de (Alberto) Flamarique se me está desautorizando para dar esa batalla en el Senado, se está diciendo que no hay señales políticas respecto a esa situación. Santibañes es parte de una decisión que no dejaba espacio para la batalla. Luego, sí, hay otra dimensión, más profunda que es que un esquema de poder aliancista y democrático no puede estar sostenido en una asociación entre un entorno, vinculado a una figura que se presenta como la garantía de los mercados, sin tomar en cuenta las mediaciones políticas, institucionales y el conflicto social».
Con Santibañes, amigo y consejero presidencial, y Alvarez hay abismos en la concepción económica (el funcionario está avalado por los grandes intereses) tanto como sobre la conducción de los servicios de Inteligencia, que en manos del banquero tiene la impronta de un gran empresario, que sigue siendo un apéndice del gobierno y no se ocupa de los grandes temas como el lavado de dinero, etc. «En el modelo heredado se opera con autonomía, pensando qué le conviene al Príncipe, o qué acciones le convienen al Príncipe, muchas veces con desconocimiento de quién gobierna», afirma.
Saliendo al cruce de críticas que lo ubican deslindando ética con orientación económica concreta, el ex vicepresidente sostiene que no cree «que haya una cuestión ética por un lado y por otro, paralelo, vaya el tema económico. El modelo económico está absolutamente consustanciado; si hay concentración, sobornos, si hay compra y venta de leyes, plata negra, eso es el modelo económico. En ese marco la política pierde capacidad de regulación, de arbitraje, de fuerza para defender el interés general. El símbolo de esto es la Ley de Hidrocarburos», donde se denunció un intento de soborno a una senadora nacional para que dé su visto bueno a una ley a medidas de las grandes companías.
Sobre la gobernabilidad
Alvarez sostiene la necesidad de dar un debate aunque «estemos gobernando. La idea de que cuando se gobierna hay que mantener lo viejo para no alterar la gobernabilidad desemboca en un gobierno conservador, aunque no se quiera; no se cambian las relaciones de fuerza en la sociedad. La política es la única que puede cambiar esa correlación. Claro, si la política está colonizada por intereses económicos no le interesa cambiar ninguna correlación de fuerzas sino acumular poder formal en torno para decirlo brutalmente , al incremento patrimonial», afirma.
La Alianza –ubica Alvarez– planteó un equipo económico heterodoxo en una situación fiscal heredada dificilísima.
La discusión giraba en torno de que resolver el déficit fiscal en términos estructurales era apostar fuerte a la producción y el crecimiento: tomar el déficit como un medio.
Mientras tanto, otros lo tomaban como un fin: dicen que el equilibrio fiscal, espontáneamente, nos lleva a bajar la tasa de interés, a bajar el riesgo argentino, a llegar al «investment grade». La utopía era el «investment grade» y el instrumento el déficit fiscal. Y no es así.
Cuando se le pregunta sobre fintas que desde sectores del oficialismo hacen hacia el menemismo para asegurar la «gobernabilidad» después del sacudón que dio Alvarez con su alejamiento, el protagonista sostiene que así piensan los que creen que «la única gobernabilidad posible está en los mismos actores consolidando las mismas prácticas dominantes».
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