El presidente de Estados Unidos que más viajó a América Latina

Bush compromete una ayuda de US$ 2.000 millones para la región

El jefe de la Casa Blanca llegará por primera vez a Uruguay y Guatemala, al tiempo que volverá por quinta vez a México y será su segunda visita a Colombia y Brasil.

México es el país latinoamericano que más ha recibido al presidente estadounidense, quien efectuó tres viajes directos a esa nación, además de incluirla en dos de sus giras por la región.

Bush efectuó su primer viaje a América Latina cuando acudió a San Cristóbal, en el sureste de México, para reunirse con el entonces presidente Vicente Fox el 16 de febrero de 2001, un mes después de haber asumido su mandato y cuando todavía aseguraba que América Latina era su prioridad, lo que cambió tras los atentados terroristas del 11 de setiembre contra Nueva York y Washington.

El presidente estadounidense efectuó su primera gira latinoamericana el año siguiente, del 21 al 24 de marzo, cuando visitó por segunda vez México, antes de reunirse en Lima con sus homólogos de Perú, Colombia y Bolivia, y terminar en El Salvador, uno de sus más cercanos aliados centroamericanos, que aporta soldados a la coalición que lidera Washington en Irak.

A fines de 2004, tras lograr la reelección, el presidente estadounidense acudió a la cumbre del Foro Asia Pacífico de Santiago y se detuvo, a la vuelta, en Cartagena, Colombia, para reunirse con Alvaro Uribe, su mayor aliado sudamericano, al cual destina una millonaria ayuda en el marco del Plan Colombia.

Un año después, Bush regresó a la región para participar en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, Argentina, de donde viajó a Brasilia para compartir un asado con su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, antes de culminar la gira en Panamá.

En el nuevo periplo, Bush buscará reforzar la democracia, el libre comercio y el uso de biocombustibles. La firma de un ambicioso acuerdo con Brasil para crear un mercado global de etanol, ya que ambos países son los principales productores mundiales del biocombustible, y que será financiado por la industria privada, es quizá lo más relevante de la gira.

Pero también es cierto que mucho de lo que Bush requiere el apoyo de los demócratas, que dominan el Congreso estadounidense, tras la derrota de los republicanos este año en la elección de legisladores y gobernadores.

 

Acuerdos o ayuda

Mientras los republicanos buscan seguir promocionando el libre comercio como forma de reducir la pobreza en la región, los demócratas sostienen que es necesario inyectar más dinero para programas de ayuda.

Los demócratas criticaron recientemente recortes de 70 millones de dólares que el gobierno de Bush propuso para programas de salud, educación y lucha contra el narcotráfico en algunos países como Nicaragua, Honduras y Bolivia para 2008.

«Creemos que esos recortes en asistencia mandan un mensaje equivocado a nuestros amigos en el hemisferio», dijo el demócrata Eliot Engel, presidente del subcomité para el Hemisferio Occidental en el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes.

La oposición demócrata prefiere extender las preferencias arancelarias a Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, a aprobar rápidamente tratados comerciales ya firmados con Perú, Colombia y Panamá. Las preferencias son un reconocimiento de Estados Unidos por la lucha de esos países contra el narcotráfico. Estas garantizan la entrada de miles de productos al mercado estadounidense sin pagar impuestos.

Los demócratas son históricamente más proteccionistas por sus vinculaciones con los sindicatos estadounidenses.

La gira tiene, además, la intención de frenar el avance del izquierdista venezolano Hugo Chávez en la región, dicen analistas.

El viaje se da en los últimos dos años del mandato de Bush, que goza de baja popularidad tanto en Estados Unidos como en la región, donde llegó a uno de los índices más bajos en décadas, según Arturo Valenzuela, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown.

«La semana pasada, todos los congresistas decían que estamos abandonando a América Latina, que la política exterior está caminando en la dirección equivocada,» dijo Peter Hakim, presidente del Diálogo Inter-Americano, un centro de investigación en Washington.

Criticado por olvidar la región después de los atentados de 11 de setiembre de 2001, Bush buscará intensificar la relación con sus aliados en un continente que vivió más de una decena de elecciones el año pasado y donde crecen el sentimiento antiestadounidense, la izquierda, el nacionalismo y el populismo.

«En Washington hay una verdadera preocupación acerca de hacia dónde van las relaciones entre Estados Unidos y América Latina», recordó ayer el presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano, Peter Hakim, en esta capital. «Está claro que hay un gran sentimiento antiestadounidense en la región», agregó.

 

Una ayuda de 2.000 millones de dólares

La Casa Blanca y el Departamento de Estado rechazan las críticas sobre el supuesto abandono de América Latina. Según el consejero de Seguridad Nacional Stephen Hadley y el subsecretario adjunto para las Américas, Tom Shannon, Bush ha sido el presidente que más veces viajó a América Latina y quien casi duplicó el presupuesto anual para la región, de unos US$ 800 millones a cerca de US$ 1.500 millones.

El monto global de la ayuda vigente o comprometida, directa o indirectamente, por el gobierno estadounidense para toda América Latina podría ascender a US$ 2.000 millones por año. Esa suma equivale al promedio que en 2006 gastó el Pentágono por semana en la guerra de Irak. Varios legisladores de la oposición estadounidense señalan que lo que piensa brindarse a la región «es muy poco y muy tarde».

Consciente de las diferencias domésticas y en la región, Bush llega con un paquete de ayudas, particularmente en educación y salud.

Bush admitió que miles de latinoamericanos no tienen acceso a la educación y la salud y «están condenados a vivir en la marginación, lo cual es inaceptable».

Anunció la propuesta de un programa nuevo, que cuenta con 75 millones de dólares de presupuesto, durante los próximos tres años, con el objetivo de brindar ayuda a los jóvenes para que estudien inglés y así puedan, en algún momento, viajar a Estados Unidos par proseguir sus estudios. El presidente de Estados Unidos tiene la expectativa de que la iniciativa permita capacitar a alrededor de 20 mil maestros hasta 2009, beneficiando a unos 650 mil estudiantes.

Además comunicó la creación de un centro de perfeccionamiento profesional de la salud en Panamá, el cual asistirá a la formación de los trabajadores del área de toda Centroamérica.

«Estados Unidos está comprometido a ayudar a los pueblos a salir de la pobreza», aseguró Bush.

Destacó que millones de niños en la región no finalizan el primer grado y muchas madres no acuden al médico. «En una era de creciente prosperidad y abundancia, esto es un escándalo y un reto», concluyó.

El jefe de la Casa Blanca también anunció que el barco hospital Comfort arribará a Belice, Guatemala, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Perú, Ecuador, Colombia, Haití, Trinidad y Tobago, Guyana y Surinam, con el objetivo de tratar al menos a 85 mil pacientes y llevar a cabo cerca de 1.500 operaciones quirúrgicas. También un número importante de médicos de Estados Unidos formarán parte de ejercicios de entrenamiento en 14 países.

Otra iniciativa, una de las que involucraría mayores desembolsos de fondos ­US$ 385 millones­ buscará facilitar el acceso a la vivienda en la región mediante una ayuda que la Corporación de Inversiones Extranjeras Privadas destinaría a la mejoría de los créditos hipotecarios.

Bush comparó incluso su nuevo proyecto con la Alianza para el Progreso, lanzada hace 45 años por el presidente demócrata John F. Kennedy, iniciativa que varios opositores intentan reavivar ahora en el Congreso.

«En una época en la qu
e la prosperidad y abundancia crecen, esto es un escándalo y un reto», afirmó el presidente estadounidense antes de partir. «Ustedes nos importan», comentó.

La realidad es que gran parte de las decisiones sobre América Latina está en manos del Congreso, controlado desde enero por demócratas, con ideas diferentes a las de Bush y con dos temas que preocupan mucho más a los estadounidenses: la interminable guerra en Irak y las presidenciales de 2008. *

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