Estudio cuestiona el intento del gobierno estadounidense de limitar la definición de los apremios

La tortura psicológica inflige el mismo daño que el abuso físico

Investigadores que evaluaron la salud mental de soldados y civiles torturados durante las guerras de los Balcanes de la década del 90 descubrieron que las víctimas de abuso psicológico tenían la misma probabilidad de sufrir trastornos de estrés pos-traumáticos (PTSD, por su sigla en inglés) y depresión que las víctimas de los clásicos métodos de tortura física.

Los investigadores indicaron que las víctimas de la tortura consideraron algunas técnicas como posiciones tensas, aislamiento, ojos vendados o privación del sueño tan angustiantes como la mayoría de los métodos de tortura física.

«Los malos tratos durante el cautiverio, como manipulaciones psicológicas, tratamiento humillante y posiciones tensas forzadas, no parecen diferir sustancialmente de la tortura física en cuanto a la severidad del sufrimiento mental que generan», indicaron los autores del estudio.

«Por lo tanto, estos procedimientos equivalen a tortura y llevan a respaldar su prohibición internacional», añadieron en los Archivos de Psiquiatría general.

Los investigadores indicaron que sus hallazgos socavan los intentos del gobierno estadounidense de limitar su definición de tortura para habilitar a los interrogadores a usar algunos métodos psicológicos que buscan romper la resistencia del prisionero.

En 2003, abogados del Departamento de Justicia estadounidense y un informe de un grupo de trabajo del Pentágono sobre los interrogatorios a detenidos defendieron una definición más ajustada de tortura que excluye procedimientos como vendar los ojos o encapuchar a los prisioneros, obligarlos a permanecer desnudos o aislarlos, entre otras manipulaciones psicológicas.

El memorando del Departamento de Justicia argumentó que el uso del término tortura debería ser limitado a aquellos actos que se demuestre generan un «daño mental prolongado», según el estudio.

Esta posición fue defendida tras acusaciones de abuso de los derechos humanos de los detenidos en las instalaciones estadounidenses de Irak, Afganistán y la base de Guantánamo, en Cuba.

Sin embargo, los autores de este estudio indicaron que su análisis de las experiencias de 279 bosnios, croatas y serbios sobrevivientes a la tortura mostraron que los individuos que sufrieron abuso psicológico tenían las mismas tasas de depresión, PTSD y problemas sociales o laborales que quienes soportaron golpizas, quemaduras, abuso sexual y otras formas de castigo físico en manos de sus captores.

Sugirieron que el trauma es el mismo, porque más allá del tipo de agresión el efecto es crear miedo o ansiedad en el detenido mientras se busca quitarle control para crear un estado de total indefensión.

«La distinción entre tortura y tratamiento degradante es no solo inútil, sino también peligrosa», indicó Steven Miles, profesor de bioética de la Universidad de Minnesota, Minneapolis, en un editorial de la revista especializada Archives of General Psychiatry.

El estudio fue realizado por Metin Basoglu, jefe de estudios traumáticos en el Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, junto a colegas del Departamento de Psiquiatría del Clinical Hospital Zvezdara en Belgrado.

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