Los jefes del Comando Sur y de la DEA en Colombia
El jefe del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, general Charles Wilhelm, ya está en Bogotá, donde aterrizará la semana entrante el zar de la lucha antidroga, general Barry McCaffrey.
De esta manera el imperio intensifica su escalada contra las FARC, jugado a la carta de resolver el conflicto por vía militar, a sangre y fuego, como ya lo viene haciendo.
Esta choca con las negociaciones de paz que han emprendido desde el 7 de enero de 1999 el gobierno y la principal fuerza guerrillera, que ahora ha trasladado su escenario a los países escandinavos, actualmente Suecia y más adelante Noruega.
El contraste no puede ser más tajante.
Los generales Wilhelm y McCafrey
En el proyecto del presupuesto remitido por el presidente al Congreso, se incluye un préstamo a Colombia por la suma indicada (en respuesta a un pedido de Pastrana por 4 mil millones de dólares para un plan global), destinado exclusivamente a comprar a EEUU 63 helicópteros tipo Blackhawk y Huey y financiar el adiestramiento y el armamento de tres batallones especiales (que se elevarían luego a cinco), siempre bajo el membrete de la lucha contra el narcotráfico. El primero de estos destacamentos, compuesto por 950 integrantes, ya se ha instalado en la localidad de Tres Esquinas, en el sureno departamento de Caquetá, donde las FARC están sólidamente implantadas y cuentan con el apoyo de la población. El Comando Sur del ejército de los Estados Unidos anunció que comenzará a entrenar en la próxima primavera (boreal) otros dos destacamentos similares, basados en la misma estratégica localidad.
Es la continuidad de la política que vienen practicando sin tregua. En setiembre pasado, la revista Newsweek senalaba la presencia en Colombia de medio millar de militares USA, en la práctica de operaciones de espionaje contra las FARC con medios sofisticados. La guerrilla decía entonces que «ya hay más de mil asesores de EEUU y controlan todo el aparato de espionaje electrónico, los vuelos de aviones supuestamente antinarcóticos, las tareas de inteligencia dentro de los batallones colombianos».
Esto y la instalación de los nuevos destacamentos es lo que está monitoreando el jefe del Comando Sur, general Charles Wilhelm, quien a la sordina llegó a Colombia. A mediados del ano pasado, en una gira por países de América del Sur, entrevistó a sus presidentes, con vistas a montar bases militares contra la guerrilla. Había proyectos en ese sentido en las Misiones argentinas (que pasó a ser inviable por el cambio de gobierno), en zonas de Brasil y Venezuela fronterizas con Colombia (que sufrieron categórico rechazo). Ahora el general Wilhelm se volcó de lleno a fortalecer la potencia militar anti-FARC.
Hace juego de equipo con el jefe de la DEA (Drug Enforcement Agency, comando de lucha antidroga), general Barry McCafrey, cuya presencia en Colombia está anunciada para los próximos días.
Los «hearings» en el Congreso
Esto también recorrió el continente el ano pasado, y particularmente países como Perú, Bolivia y Ecuador, donde ya operan destacamentos militares de EEUU a pretexto de combatir la producción y tráfico de drogas.
McCaffrey ha sido muy enfático al defender la ayuda militar a Colombia. Dijo al respecto que «nuestro futuro está en juego» y que ello implica «un compromiso permanente» por parte de EEUU, ya que «el problema no se resuelve en dos anos». Aboga, en suma, por la continuidad intensificada de la ayuda militar, de la cual Colombia es la tercera beneficiaria mundial, detrás de Israel y Egipto. Coincide con el consejo de Madeleine Albright al presidente Pastrana, en el sentido de combinar contra las FARC la táctica de la zanahoria con un gran garrote.
El tema está a discusión del Congreso de los EEUU. Hemos visto una comparecencia de responsables del Consejo de Seguridad Nacional y de la Defence Intelligence Agency (la inteligencia militar) ante senadores de la Comisión de Defensa. Los informes del gobierno se situaban en el plano de la lucha contra el narcotráfico, sin que nadie colocara sobre el tapete las medidas para reducir el consumo de los norteamericanos. Pedían que se votaran los recursos –a ser desembolsados este ano y el próximo– para helicópteros y otros armamentos, formación de los batallones especiales, radares e instrumental de inteligencia.
La oposición republicana, mayoría en el Congreso, anunció que bloqueará varias propuestas de contenido social incluidas en el presupuesto. Pero no hay senal alguna de que su rechazo se extienda a la ayuda militar a Colombia, que ya está en marcha.
Diálogo de paz en Estocolmo y Oslo
Esta política de belicismo exacerbado está destinada, además, a relegar el diálogo de paz iniciado un ano atrás entre el gobierno y la guerrilla, que ambas partes acordaron acelerar dándose un plazo de seis meses para resolver los cuatro primeros de los 12 puntos de la agenda, y que ha entrado en una nueva fase en las conversaciones que tienen lugar en Suecia y se prolongarán la semana entrante en Noruega.
Por parte de las FARC intervienen los comandantes Raúl Reyes, Joaquín Gómez y Fabián Ramírez; y por el gobierno, el comisionado de paz Víctor Ricardo. Es objeto de estudio el modelo económico y de seguridad social de los países nórdicos, y sus programas de gobierno que combinan el desarrollo económico con las fuentes de trabajo. En Oslo intervendrá como consejero del secretario general de la ONU el ex viceministro de Relaciones Exteriores noruego Jan Egeland, con experiencia en el diálogo de paz entre israelíes y palestinos.
Este camino cuenta con el pleno respaldo de la sociedad colombiana, incluidas las miles de familias con sus ninos desplazados por la violencia, y en particular por obra de las bandas paramilitares (otro ingrediente insoslayable del conflicto) que reproducen en gran parte de Colombia la labor funesta de los Escuadrones de la Muerte del Salvador y Guatemala.
Una frase de Marulanda
Mientras EEUU sólo piensa en apretar el disparador, cobra plena actualidad la frase de Manuel Marulanda, líder histórico de las FARC: «Aquí los problemas son de orden social y no problemas de armamento. Aquí el hambre, la miseria, la explotación no se van a acabar con fusiles, con ametralladoras ni con bombas».
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