Un diputado oficialista fue electo presidente de la Cámara

Brasil: asumió el nuevo Congreso

Chinaglia, de 57 años, obtuvo 261 votos, frente a 243 de su rival, Rebelo, en la disputa por la presidencia de la Cámara de Diputados de Brasil.

En la primera vuelta Chinaglia había conseguido 236 votos, menos de los 257 necesarios para liquidar el pleito, frente a 175 para Rebelo y 91 para el opositor socialdemócrata Gustavo Fruet.

En el Senado, el presidente saliente, Renan Calheiros, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, también de la alianza oficialista), fue reelegido sin problemas, con 51 votos sobre un total de 81.

Los 513 diputados y 81 senadores dieron inicio a la 53ª Legislatura de un Congreso que vive horas bajas, a causa de los escándalos de corrupción que mancharon a decenas de los integrantes de la legislatura saliente.

El jefe de la Cámara de Diputados es el segundo en la línea sucesoria del presidente de la República, después del vicepresidente. Tiene el poder de definir los temas que deben ser votados, lo cual lo convierte en una figura clave para el avance de los proyectos del gobierno. También es quien acepta o rechaza eventuales pedidos de juicio político del jefe de Estado.

Lula, que inició su segundo mandato el 1º de enero, aún no nombró a sus ministros, en espera del desenlace de las votaciones en el Congreso.

El jefe de Estado se abstuvo de pronunciarse a favor de Chinaglia o Rebelo, y minimizó con una broma el riesgo de que la disputa dejase heridas graves en su coalición, al decir que «con un poco de mercurio se resuelve el problema».

Una fractura en su mayoría podría comprometer votos de proyectos legislativos, empezando por los de su programa de aceleración del crecimiento (PAC), lanzado la semana pasada para reactivar la economía. En la elección de la Cámara, Lula pudo verificar el buen funcionamiento del eje de su coalición entre las dos mayores bancadas: la del PMDB, que inició la legislatura con 90 diputados, y la del PT, con 83.

Los dos partidos formaron un bloque para apoyar a Chinaglia.

Rebelo, de 50 años, presidente saliente de la Cámara, fue ministro de Relaciones Institucionales de Lula en 2004-2005. Para esta votación recibió el apoyo de otras bancadas de la coalición oficialista, como el Partido Comunista do Brasil (PCdoB, 13 escaños), el Partido Socialista (PSB, 28 escaños) y el Partido Democrático Trabalhista (PDT, 23 escaños).

Con más sorpresa, también fue apoyado por el Partido del Frente Liberal (PFL, derecha, 62 escaños) y en la segunda vuelta el derrotado Fruet llamó a votar por él.

Los discursos de los candidatos ante el Plenario estuvieron impregnados por la grave crisis que vivió el Legislativo desde 2005, cuando el PT fue acusado de sobornar a diputados con un esquema de desvío de fondos públicos. Esas denuncias provocaron la caída de los principales ministros y asesores de Lula.

Rebelo insistió en su larga historia de fidelidad a Lula, junto a quien permaneció en los peores momentos: «He presidido más la crisis que la Cámara, pero no eludí mis responsabilidades», afirmó.

Chinaglia dijo que la crisis «ya quedó atrás» y que si ganaba buscaría revertir el desprestigio del Congreso: «No vamos a asistir al ataque injusto contra parlamentarios o contra la institución», declaró. Apenas un 3% de los brasileños cree que los legisladores defienden los intereses del país y 52% dice que sólo uno de cada diez tiene una actuación correcta, según una encuesta del instituto Ibope publicada el fin de semana por la revista Veja. Según el sitio G-1, del grupo Globo, uno de cada siete diputados que asumieron este jueves responde a investigaciones judiciales.

Por grupos de presión transpartidarios, destaca la reducción de la bancada evangélica, que tenía 60 parlamentarios y ahora no tendrá más que 36, según el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (Diap).

Eso se debería, de acuerdo con el director de esa consultora, Antonio Augusto Queiroz, a la serie de escándalos que implicaron a obispos y pastores de iglesias neopentecostales.

La bancada «ruralista», que defiende intereses de los grandes hacendados, experimentó una pérdida numérica, de 111 a 105 congresistas, pero sus principales articuladores fueron electos o reelectos. *

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