Con cierto tironeo, comienzan negociaciones salariales
Febrero asoma y durante dos meses se deben negociar alrededor de 150 convenios salariales que abarcan a cerca de un millón de trabajadores.
El sindicato de los conductores de trenes, La Fraternidad, el más antiguo del país, encabezará el lote. Reclamará un incremento del 25%. Cuando se habla de convenios, o nuevo contrato laboral, se incluyen temas de vacaciones, tipo de trabajo, horas extra, etc., que es lo que permite en definitiva saber si el nuevo contrato tiene mejoras apreciables o no.
Una parte de los convenios a discutir es por empresa, que es donde, en general, participan activamente corrientes que no están representadas dentro de la CGT. Corrientes que pueden dar la tónica de tensión en las negociaciones, en sindicatos como el de los trabajadores subterráneos, pero no son las que fijan las grandes metas.
En la primera ronda entran también muchos de los llamados convenios «emblemáticos», como los de bancarios, construcción, camioneros y gastronómicos. El año pasado los camioneros dieron la pauta del tope de incremento y se supone que eso se repetirá. Hay una realidad: el referente de los camioneros y secretario de la CGT, un aliado de Néstor Kirchner, está siendo hostigado por el antikirchnerismo larvado en el espacio más ortodoxo del sindicalismo peronista, ahora nervioso por el destape de crímenes de la Triple A en tiempos de Isabel Martínez y, claro, todos ellos ven venir la mano sobre Juan Perón.
El gobierno ha salido a despegarse de los trámites judiciales pidiendo procesamiento y extradición de la viuda del fundador del justicialismo, sobre todo después que La Fraternidad, precisamente, salió con afiches advirtiendo «no jodan con Perón» y le han seguido varios.
Moyano advirtió que no habrá piso ni techo para negociar. Y esto dicen compartirlo empresarios y funcionarios. Pero todos admiten que ningún sindicato va a firmar por debajo de la inflación pasada, que fue cerca del 10%, según el índice oficial, pero la realidad de las cosas exhibe una escalada de precios que impulsará reclamos de 20 a 30%, según los casos. Claro, es lo que ocurre al principio de toda negociación para sacar el porcentaje más conveniente. Las proyecciones oficiales sobre el crecimiento de la economía siguen la ruta de hace cuatro años, de empinamiento cercano al 9% anual. La distribución del ingreso es lo que está en juego con estas negociaciones.
El gobierno desea que Moyano sea el «gran moderador» y un sector sindical quiere lanzarlo al ruedo para incinerarlo y desplazarlo de la dirección de la CGT.
En este tironeo los empresarios sostienen que no pondrán la firma a ningún ajuste superior al 19% que se pactó el año pasado. La clave la darán 4 convenios grandes del trimestre: metalúrgicos, bancarios, camioneros y alimentación. La negociación con metalúrgicos y de la construcción va a ser más dura porque juega a favor de ambos sindicatos el hecho de que estos sectores empresariales atraviesan un período excepcional en cuanto a actividad y ganancias.
Como pasó el año pasado, el gobierno convocaría al Consejo del Salario Mínimo una vez que se firmen los principales convenios. Aunque admiten que el poder adquisitivo del mínimo volvió a caer por las últimas subas de los precios, en la Casa Rosada no quieren que un aumento del sueldo mínimo actúe como piso de las negociaciones.
Los sindicalistas dicen tener sobrados motivos para pedir incrementos debido a las «desactualizaciones salariales» que todavía están pendientes y a las «jugosas ganancias empresariales que genera el crecimiento económico del país».
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