La fuerza del Polo Democrático
Efectuado a comienzos de diciembre en Bogotá, se abrió con una intervención de Carlos Gaviria, jurisconsulto eminente elegido presidente del PDA (y seguro candidato presidencial), que desde el título afirma: «Estamos en el umbral del poder», recordando que en la elección presidencial, a apenas medio año de su fundación, el PDA logró más de 2,6 millones de votos, duplicando al Partido Liberal. Y en las elecciones internas para el Congreso participaron más de 555 mil adherentes. Con este potencial se dirigen a las elecciones presidenciales de 2010, y antes a las regionales de octubre próximo, contando ya con una bancada encabezada en el Senado por Gustavo Petro (que está denunciando a riesgo de su vida las andanzas de los paramilitares en Antioquia, de donde es originario el presidente Uribe) y en la Cámara por Wilson Borja, y con gobernadores y alcaldes como los Garzón en Bogotá y El Valle.
La afirmación fundamental de Gaviria se asienta ante todo en la unidad de las fuerzas de izquierda: «Los partidos y las organizaciones sociales, conformadores de una gran fuerza de izquierda democrática que transitaban por sendas distintas en busca de una misma meta liberadora, hoy han acordado elegir el mismo camino, bajo la misma bandera». Luego alude al «empecinado esfuerzo unitario en que la izquierda se ha empeñado desde hace casi un siglo» en el afán común de «construir la democracia colombiana». Agrega: «Siento con fuerza la necesidad de mantener y consolidar la unidad» y advierte sobre los riesgos: «No vamos a sucumbir a tentaciones constantes de división, que las hay y las habrá. El pluralismo de nuestra organización no es su mayor debilidad sino una de nuestras grandes fortalezas». El segundo pilar consiste en que «el viejo bipartidismo está agonizante». Y el tercero es el método de llevar las ideas a todo el pueblo: «el debate público honesto» y «toda nuestra fe en el vigor de los argumentos y en la energía incontenible del pueblo».
Esto supone «evadir la trampa dilemática: o la seudodemocracia o la lucha armada». Por el contrario: en el Congreso se denunció la connivencia del régimen y sus servicios de inteligencia como el DAS con las bandas paramilitares, configurando «verdaderas lacras morales que ya no puede ocultar». Además de las armas proporcionadas por el ejército más poderoso del mundo, dijo Gaviria, el gobierno «tiene en su apoyo las peores organizaciones criminales diestras en delitos de lesa humanidad», y pide sin vergüenza que quienes fueron electos con los votos de éstas respalden sus iniciativas en el Congreso. En la Declaración final se alude al «montaje de falsos atentados terroristas por algunas estructuras de las fuerzas armadas», a «las escandalosas relaciones entre el paramilitarismo y una porción notable de los principales jefes políticos del gobierno», los cuales «deberán responder judicial y políticamente por los delitos cometidos».
Tradición de la izquierda y nuevas corrientes
El ex líder del M-19 Antonio Navarro Wolff, secretario general del Polo, rindió homenaje a precursores de la unidad como Gerardo Molina, Gilberto Vieira, María Cano, Jaime Bateman, el padre Camilo Torres, Francisco Mosquera, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal, entre otros. «Su lucha y sacrificio no fue en vano», afirmó, tras lo cual se centró en la construcción de la unidad, la organización de la fuerza de izquierda, destacando dos aspectos: uno, el estilo de los debates («las diferencias se discuten con intensidad pero sin levantar la voz») para hacer que cada uno sienta que el partido es su casa, para hacer «un partido habitable», diríamos en lenguaje uruguayo; y la conformación en todo el país de miles de Comités de Base del Polo, cimiento de democracia interna y vínculos con el pueblo. Todo ello para construir «un partido moderno, grande, democrático, diverso, incluyente y eficiente, que va a luchar en todos los escenarios democráticos».
También destacó los vínculos del gobierno con el crimen organizado y lo comparó con la operación «manos limpias» en Italia, que obligó a dimitir a Andreotti y a congresistas por sus vínculos con la mafia siciliana.
Llamado a Farc y ELN, y a fuerzas progresistas
Formuló un llamado a las fuerzas guerrilleras: «Llamo a las FARC y al ELN. Este es el camino. El de las urnas. El de la democracia de participación. El de la lucha callejera. El del poder popular y ciudadano sin armas, para que nos alcemos en almas. El de la conformación de un partido político poderoso que gane las elecciones y comience el cambio». Se dirigió asimismo a todos los colombianos sanos, honestos, progresistas, nombrando a Sergio Fajardo, a la senadora Piedad Córdoba, a la izquierda liberal y a los conservadores progresistas, a los independientes y sin partido.
En sus resoluciones, el Congreso reafirmó la línea maestra de la unidad, aprobó los estatutos que conjugan la democracia interna con la unidad y la disciplina, fijó como objetivos principales la afirmación de la soberanía, la recuperación por el Estado de la dirección de la economía, una paz democrática, la salida política del conflicto armado y el intercambio humanitario, la oposición decidida a la privatización de Ecopetrol y al recorte de las transferencias a las regiones. Todo ello para que el país «se integre a la ola progresista que recorre América Latina», cuando «los vientos de la historia son propicios en el continente para estos virajes urgentes», lo que da base a «la integración económica y política de América Latina y a la articulación de las fuerzas progresistas del continente». *
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