Francia dice adiós al abate Pierre
Como ya logro en vida, el abate Pierre consiguió reunir una vez más a ricos y pobres en torno a una ceremonia en la que se elogió a este «cura de los pobres», que dedicó su vida a perseguir un ambicioso objetivo: dar a todo el mundo el derecho a un alojamiento digno.
En la emblemática catedral parisina de Notre Dame, los principales nombres del gobierno francés se inclinaron ante el féretro de este pequeño gran hombre, imitados por decenas de personas sin hogar, numerosos compañeros de fatigas del abate Pierre, sacerdotes, franceses emocionados e incluso algún turista extranjero.
El funeral fue celebrado por el arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois, quien en su homilía calificó al abate Pierre de «autoridad moral», y por el presidente de la Conferencia de obispos de Francia, monseñor Jean Pierre Ricard.
Durante la ceremonia el cardenal Philippe Barbarin elogió el «dinamismo intrépido» del abate Pierre, cuyo verdadero nombre era Henri Groues, un hombre consagrado «a Dios y al servicio de los pobres» durante 94 años.
Sobre el ataúd del religioso, rodeado de cuatro cirios y situado ante una cruz de flores frente al altar, reposaban la boina vasca y el bastón que le acompañaron durante toda su vida, así como el alba y la estola de sacerdote.
Además de Chirac, asistieron a este funeral el primer ministro, Dominique de Villepin, el titular de Interior, Nicolas Sarkozy que fue abucheado a la llegada a la catedral, el alcalde de París, Bertrand Delanoe, responsables de la oposición socialista y numerosos artistas, como Jean Reno.
Venidos de toda Francia y del extranjero, los compañeros de batalla del abate Pierre, los trabajadores de los Traperos de Emaús una asociación repartida por casi 40 países prometieron, emocionados, que «seguirán adelante» con la labor iniciada por su fundador.
Resistente durante la Segunda Guerra Mundial, el abate Pierre lanzó un llamamiento público a la solidaridad con los sin techo en el particularmente frío invierno de 1954. Desde entonces, consagró su vida a las personas sin hogar y presionó a todos los gobiernos franceses para que destinaran los medios necesarios a terminar con este drama.
La desaparición del abate Pierre, durante años la personalidad más querida por los galos, coincide con una movilización sin precedentes en Francia en favor del derecho a un hogar para todos y en vísperas de que el gobierno promulgue un proyecto de ley al respecto.
Desafiando al intenso frío que castiga a la capital francesa, unas 2.500 personas siguieron la misa desde el exterior de la catedral gracias a una pantalla gigante.
El abate Pierre fue enterrado el viernes en el cementerio de Esteville, en las afueras de París, cerca de donde reposan sus primeros compañeros en Emaús: su secretaria durante más de 40 años, Lucia Coutaz, y su gran amigo, Georges Legay.
Siguiendo el deseo del religioso, su tumba no tendrá lápida y será tan humilde como fue su vida. *
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