Causa Esma: amenazan a testigos
Volvieron las voces de grupos ligados a los militares vinculados a la dictadura, por un lado reclamando amnistía para los procesados, y por el otro denunciando que los «terroristas» que las FFAA combatieron en los 70 están hoy en el gobierno». Quien dijo esto, un teniente coronel de derecha extrema pero retirado, podría ser dado de baja.
Hay nuevas acciones intimidatorias como la que sufre una mujer nacida en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), donde su madre, desaparecida, la dio a luz. El lunes, Victoria Donda llegó al edificio en el que vive y se encontró con un papelito en el portero eléctrico. Sobre el papel habían escrito tres letras A, la tétrica Triple A hoy en la picota. Victoria es una hija de desaparecidos que recuperó su identidad en 2004. Luego comprobó que la puerta de su departamento estaba entreabierta, y allí se encontró, con un moño atado a una cintita azul en el patio descubierto que está adentro de su casa. Es un mensaje intimidatorio. Victoria nació en la Esma en agosto de 1977. Su madre, María Hilda Pérez, para identificarla le hizo un agujerito en una de las orejas y le pasó una cinta azul.
Tan claro como pensar las razones de secuestros recientes contra testigos de otras causas, como el caso del aún desaparecido albañil López, clave para condenar a un torturador.
Donda es testigo para la causa Esma, que tiene al ex teniente naval Alfredo Astiz como figura clave. Este decidió declarar por primera vez ante la Justicia con el claro objetivo de «embarrar la cancha». Nunca quiso hablar ante un juez, pero el miércoles lo hizo por tres horas de indagatoria. Exigió pericias hidrográficas en el mar donde aparecieron los cadáveres de algunas de sus victimas arrojadas en los «vuelos de la muerte», y la incorporación de una serie de testimonios para dar cuenta de la llamada «conexión francesa», en alusión a la participación del ejército francés en el entrenamiento de las tropas argentinas. Le dejó al juzgado una desgravación del documental de «Los escuadrones de la Muerte», de Marie Monique Robin, donde ella plantea el tema de la contrainsurgencia y del entrenamiento de los militares. Con ese material, Astiz le pidió a la Justicia la captura internacional del francés «René y/o Bertrand de Perseval o Parseval».
Insólitamente, acusó a los servicios secretos galos de crímenes por el que aguarda juicio para zafar del castigo y reclamó al Estado que lo releve del «secreto militar», cuando sabe que perdió el grado militar hace rato,
Astiz fue convocado por el juzgado federal de Sergio Torres, a cargo de la causa por la desaparición en 1977 de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon y otras diez personas nucleadas alrededor de la iglesia de la Santa Cruz, de San Cristóbal, como Azucena Villaflor, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo.
El juez lo convocó esta vez a una ampliación de la indagatoria, como lo hace con otros represores después del hallazgo y la identificación de los restos de los cuerpos de la hermana Duquet y de las Madres Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y Mari Ponce de Bianco, recuperados en el cementerio de la ciudad bonaerense de Lavalle. Habían aparecido en las playas de Santa Teresita y enterradas como «NN».
Con chicanas de esta especie los procesos judiciales suelen eternizarse sin un cierre ni pedidos de elevación a juicio que concluyan con las condenas. Y sin condenas, varios militares pueden quedar en libertad.
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