El ocaso del hombre fuerte de Yugoslavia
Belgrado, ANSA
Ingresó muy joven en el aparato comunista y después de algunas experiencias en el sector bancario, que lo llevaron a vivir algunos años en Estados Unidos, se dedicó en los ’80, después de la muerte de Tito, a la política.
Lo alentó siempre su ambiciosa mujer, Mirjana Markovic, a quien conoció en la escuela y que fue siempre su compañera inseparable.
En 1987, el emprendedor Milosevic, un hombre de gran carisma, era ya jefe de la Liga Comunista serbia, después de haber desplazado a su ex padrino político Ivan Stambolic.
En 1989, «Slobo» aprovechó los vientos de cambios que recorrieron el este, abandonando la retórica titoísta de unidad y hermandad para pasar al nacionalismo y defender la supremacía serbia.
En 1990, transforma la Liga comunista en Partido Socialista, sin modificar su esencia y la abre formalmente al multipartidismo.
Entre 1991 y 1992, estalla el proceso de disolución de Yugoslavia, con los conflictos de Eslovenia, Croacia y Bosnia.
Milosevic, entretanto elegido presidente serbio, no declara abiertamente la guerra pero utilizó a las comunidades serbias de las repúblicas rebeldes para iniciar las hostilidades.
En 1995 se presentó a las negociaciones de Dayton como garante de paz y obtiene la abolición de gran parte de las sanciones.
En 1996, «Slobo» sufre la primera derrota en las urnas, en las elecciones administrativas. Trata de remediar la situación pero debe rendirse ante las presiones populares e internacionales.
En 1997, se hace elegir presidente federal y reúne en sus manos, con una suerte de «golpe blanco», el poder real.
Desde entonces, su gestión asume cada vez más el carácter de una dictadura, con la aprobación de leyes autoritarias, de la que es cómplice una oposición débil y en parte conveniente, formada también ella en la vieja escuela comunista.
Comienza luego la aventura de Kosovo, con una masiva «operación antiterrorismo» mundial que tiene connotaciones de nueva limpieza étnica.
La comunidad mundial reacciona con dureza. Frustrada la vía de las negociaciones en Rambouillet, la OTAN comienza en marzo de 1999 los bombardeos.
Milosevic se resiste 78 días y entretanto recibe la incriminación del TPA, que le cierra definitivamente las puertas de occidente.
En julio, transforma nuevamente en su beneficio la constitución, abriendo el camino a nuevos mandatos e instituyendo para su cargo el sufragio popular.
El arma se revela peligrosa, Montenegro se aleja aún más de la federación y la oposición se une en vista de las elecciones.
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