Cuatro meses y el testigo Julio López no aparece

Pasaron cuatro meses de la desaparición de Julio López, de 77 años, albañil, testigo importante de la causa que llevó a perpetua al comisario bonaerense Miguel Etchecoltz.

Nada se sabe de él desde el 18 de setiembre, cuando iba de su casa al juzgado a oír la fundamentación de la condena de su torturador en los tiempos del horror, crímenes de lesa humanidad que llenaron de furia a toda la cáfila que integraron las fuerzas de represión de esa época.

Paralelamente está estancada la investigación del secuestro de otro albañil sucedido el 28 de diciembre, Luis Gerez, 48 horas que pusieron en vilo al país y hasta obligaron a Néstor Kirchner a hablar por la cadena de radiodifusión, colocando el caso como enrolado en la desestabilización de remanentes de la dictadura. Es que Gerez había sido testigo contra el ex comisario Luis Patti, cuando éste intentó ingresar a la cámara baja a la que llegaba elegido por voto popular. Su testimonio, relatando cómo el ex alcalde de Escobar lo picaneó durante la dictadura militar, fue uno de los lapidarios.

Subrayamos que en este caso el kirchnerismo quiso otorgarle al discurso presidencial cualidades mágicas, porque a poco de ser propalado, el secuestrado apareció shockeado no lejos de Escobar, su tierra y la de Patti. Para la oposición, ello resultó abusivo y acaso generó un clima de escepticismo sobre lo que realmente ocurrió en esa noche fatídica cuando Gerez, quien iba a comprar carne para comer un asado como amigos de militancia, fue, denunció, secuestrado, encapuchado, engrillado y torturado.

Mientras que en el caso López su familia, por razones muy complejas, prefirió no ubicarlo como eslabón de planes de desestabilización de grupos cívico militares (calificación que Kirchner adoptó en su arenga de fin de año), el de Gerez fue puesto en ese sitio tanto por el gobierno nacional y bonaerense como por el espacio de derechos humanos y movimientos sociales.

Paradójicamente la fiscalía penetró en meandros de sospechas y poco a poco, en lugar de centrar la pesquisa como secuestro vinculado a grupos de extrema derecha, lo hace casi especialmente sobre el entorno de Gerez, como si lo que pasó hubiera sido un «auto secuestro» vinculado a la interna peronista de Escobar.

Diarios como «La Nación» entraron por esa variante que acompañan muchas radios lo que se ha instalado una sospecha que daña enormemente la lucha general por los derechos humanos, que se centra en el caso López y aún los movimientos de dos juzgados por los crímenes de la Triple A en los 70 cuando Isabel Perón era presidenta y cuya extradición está ahora en trámite.

Los letrados del testigo contra Patti reclaman que la causa pase a un juez federal, tal como la Corte Suprema lo ordenó en el caso López. El fuero judicial le da al expediente uno u otro camino: político o una simple búsqueda de personas.

El periodista Horacio Verbitsky reveló que se tiene acreditado que un móvil policial abandonó extrañamente su diagrama de vigilia en hora y fecha precisa con el secuestro de Gerez, dejando lo que se llama «tierra liberada». Hay quinteros bolivianos, abundantes en Escobar y aledaños, que con mucho temor informaron que vieron el momento en que Gerez fue apresado. Hace horas, dos quinteros bolivianos aparecieron muertos, pero los fiscales dicen que nada tiene que ver con el caso.

Solamente novedades en la búsqueda del lugar donde Gerez estuvo encapuchado y amarrado y datos fuertes pondrán la cuestión en su lugar.

Anoche hubo movilizaciones reclamando la aparición de López. *

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