Profetas contrarrevolucionarios

El siglo pasado estuvo marcado por dos grandes utopías totalitarias laicas: el nazismo y el comunismo. Nuestro nuevo siglo comenzó con la irrupción violenta y espectacular en la historia de una gran utopía totalitaria religiosa : el «jihadismo» o islamismo radical. El 11 de setiembre de 2001 no fue sólo un ataque a Estados Unidos o a su sistema de vida y de gobierno. Fue la contra-rrevolución más radical en toda la historia de la humanidad, ya que constituyó un gran ataque frontal de la premodernidad contra el mundo que adoptó los valores humanistas de la Revolución Francesa. En comparación con el nazismo, que tuvo sus padres ideológicos en los ideólogos del racismo del siglo XIX, y el comunismo, que tuvo su origen doctrinario en el «Manifiesto Comunista» de 1848, el islamismo radical tiene raíces históricas mucho más profundas.

Aunque es cierto que el Corán admite muchas lecturas y puede ser considerado un libro de paz y de amor, también es cierto que en él es posible encontrar fácilmente una justificación para la división del mundo en blanco y negro: el «Dar el Islam» (la casa del Islam) contra el «Dar el harb» (la casa de la guerra). Quien no acepta que no hay otro dios que Alá y que Mahoma es su profeta es un infiel y los infieles deben ser condenados (4: 74-76) y arderán en los fuegos del infierno por su arrogancia y tozudez (6 :158). Por lo demás, es imposible ignorar los antecedentes del Islam como religión conquistadora que hizo que entre el siglo VII y el XIV la civilización islámica fuera la predominante en el mundo.

Como lo señala la erudita británica Karen Armstrong en su libro «Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el Islam» : «Las sociedades conservadoras miran hacia atrás, hacia una época de esplendor, y para los musulmanes sunníes del Imperio Otomano esa época correspondía al período del profeta Mahoma (hacia 570-632) y los cuatro califas ‘legítimamente guiados’ que le siguieron (Rashidun). Ellos habían gobernado la sociedad de acuerdo a la ley islámica. No había ninguna separación entre la religión y el Estado. Mahoma había sido a la vez el profeta y el líder político de la comunidad».

El concepto de legitimidad de un gobierno teocrático está por lo tanto entroncado en el Islam de una manera en que jamás lo estuvo ni en el judaísmo ni en el cristianismo. Por ello, los reformistas en el Islam que tuvieron más éxito y más seguidores fueron los que se inclinaron a posiciones más definitivamente contrarias a todo cambio y al retorno a la «pureza» de las enseñanzas de Mahoma.

Hay una legión de profetas contrarrevolucionarios que prepararon el terreno para el terrorismo islámico militante y su legión de predicadores en miles de mezquitas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Vale la pena conocer a tres de los más importantes.

El primero de ellos fue Mohamed ibn Abdul Wahab (1704-1792), que fundó la corriente puritana, ultra conservadora y xenófoba que es la doctrina oficial en Arabia Saudita. El arabista francés Gilles Keppel observa irónicamente que Abdul Wahab era un contemporáneo del iluminismo europeo y la Revolución Francesa, pero es difícil imaginar dos puntos de vista más irreconciliables. En su libro «The war for Muslim Minds» señala Keppel: «El razonamiento independiente y el pensamiento crítico son aborrecidos por esta escuela de pensamiento, que ve la herejía por todas partes. La reflexión individual es, por definición, una interferencia entre los mandamientos de Alá, que el creyente solo debe obedecer.» Esto explica que en las escuelas sauditas se enseñe que «es obligatorio que los musulmanes sean leales los unos a los otros y que consideren enemigos a los infieles». Es una tragedia para la humanidad que con el dinero pagado por los países democráticos por el petróleo, la monarquía saudita haya llenado el mundo de mezquitas en las que se enseña el odio a Occidente y sus valores.

El segundo profeta de la intolerancia islámica es Hassan el Banna (1903-1949), quien fundó en 1928 en El Cairo la organización conservadora islámica de masas Hermanos Musulmanes. Hassan el Banna fue un ardiente nacionalista egipcio, que desde su adolescencia luchó contra la dominación inglesa en su país, pero también fue un decidido enemigo de las ideas seculares en el mundo árabe y en el Islam. En la década de 1950 los Hermanos Musulmanes se expandieron por Siria, Sudán y Jordania y el movimiento llegó a tener influencia en países musulmanes alejados como Pakistán, Indonesia y Malasia.

Los Hermanos Musulmanes, que se confrontaron a menudo con el gobierno egipcio aliado a los ingleses, siempre unieron su acción política con tácticas violentas. Hassan el Banna murió asesinado a la temprana edad de 43 años en 1949 y se presume que su asesino era un agente gubernamental.

También el sucesor más prominente de Banna, Sayyd Qutb (se pronuncia Kutab) (1906-1966) murió de manera violenta, ahorcado por el régimen de Abdul Gamal Nasser. Ex maestro de escuela, estuvo dos años en Estados Unidos ­entre 1948 y 1950­ en el marco de una beca y se horrorizó ante la liberalización de las costumbres. A su regreso a Egipto se convirtió en un líder de los Hermanos Musulmanes y su ideólogo más prominente. Para Qutb hay un solo gran conflicto en el mundo, el originado por el intento de aniquilar al Islam por parte de los cruzados (cristianos) y el «sionismo mundial». La única respuesta posible es la «Jihad», la guerra santa, no en su acepción de «relaciones públicas» o de «esfuerzo espiritual» sino como violencia activa.

Las tres personalidades que recordamos en una demasiado sintética reseña son sunnitas. ¿Significa esto que no hay un islamismo radical chiita? No, pero es obvio que hasta la revolución de Khomeini los chiitas eran una minoría muy poco influyente en el mundo islámico. Pero este cambio estratégico no produjo un acercamiento. La enemistad entre la Sunna y la Shía sólo se ha incrementado con la revolución islámica en Irán y para grupos radicales como el de Osama Bin Laden, la Shía es el primero de sus enemigos.

Esto explica muchas cosas. Entre otras, que actualmente en el mundo hay varias contrarrevoluciones en curso: la sunnita contra el poder chiita en Irak, la conservadora contra la democracia occidental y contra las últimas dos revoluciones del siglo XX, la feminista y la de los grupos homosexuales. *

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