Extremistas islámicos abandonan la violencia

¿Es posible que organizaciones terroristas islámicas renuncien a la violencia?

Por increíble que parezca, la respuesta a esta interrogante es un rotundo SÍ, como lo prueba un extenso trabajo de Memri (Middle East Media Research Institute) publicado en su sitio en Internet, el 21 de diciembre de 2006. El informe de 28 páginas se refiere a la organización egipcia Al-Gamaa Al-Islamiyya; su título es «El cese de la violencia de Al-Gamma Al-Islamyya: un viraje ideológico», y está firmado por Y.Feldner, Y.Carmon y D. Lev.

El trabajo, redactado en inglés, comienza por una breve reseña de la historia de la organización. «Al Gamaa Al-Islamiyya» fue fundada en la década del setenta en la universidad egipcia de Asyut. Sus fundadores buscaron crear un marco religioso independiente de la Hermandad Musulmana, la que, desde su punto de vista, era demasiado liberal en cuestiones religiosas, había establecido un culto a la personalidad de su fundador, Hassan Al-Bana, y reclutaba nuevos miembros de manera masiva, lo que constituía un impedimento para una eficaz acción clandestina. En 1980 la organización se fusionó con la organización Jihad liderada por Muhamad Abd Al-Salam Sarag, que se convirtió en su ala militar. Los líderes de ambas organizaciones, Karam Zudhi y Sarag, aceptaron como su jefe supremo al jeque ciego Omar Abd al Rahman.

El 6 de octubre de 1981, mientras pasaba revista a un desfile militar, fue asesinado el Presidente egipcio Anwar Sadat. Sus asesinos eran miembros de la «Al-Gamaa». Dos días más tarde, el 8 de octubre de 1981, otros miembros de la organización atacaron la sede de las fuerzas de seguridad en Asyut. El golpe fracasó, hubo decenas de muertos y heridos y los líderes de Al-Gamaa fueron arrestados.

Durante la década del ochenta hubo una calma relativa en Egipto, ya que numerosos miembros de al-Gamaa y de otras organizaciones islámicas fueron a Afganistán para participar en la «Jihad» contra los soviéticos. A comienzos de la década del noventa «Al-Gamaa» desarrolló sus actividades terroristas más intensas y espectaculares. La organización trató de asesinar al ministro del Interior de Egipto, Zaki Badr, pero fracasó.

El gobierno contraatacó liquidando al vocero de la organización, Dr, Alaa Muhy al-Din. Como represalia, Al-Gamaa asesinó al presidente del Parlamento Rifaat Al-Mahgoub. En 1992 la organización comenzó a hostigar a los coptos cristianos, matando a 12 de ellos en una aldea en el distrito de Asyut. El mismo año, miembros de Al-Gamaa asesinaron al intelectual liberal Farag Fodeh; en 1993 intentaron asesinar al ministro de Información, Safwat Al-Sharif; en 1994, trataron de matar al Premio Nobel de Literatura, Naguib Majpus, y cometieron otros numerosos crímenes. En 1995, bajo el liderazgo de Mustafa Hamza, Al-Gamaa intentó infructuosamente poner en marcha un plan para asesinar al presidente Hosni Mubarak, durante una visita oficial a Etiopía.

El 5 de julio de 1997, Al-Gamaa anunció una inicitiva unilateral de reconciliación con el régimen egipcio. Durante un procedimiento judicial, un miembro de Al-Gamaa leyó un comunicado firmado por seis líderes del movimiento en el que declaró la detención de todas las operaciones militares dentro y fuera de Egipto. Sin embargo, pocos meses después, en noviembre de 1997, tuvo lugar al sangriento atentado de Luxor en el que murieron 58 turistas entre alemanes y japoneses y tres egipcios. El atentado tuvo una pésima repercusión en la opinión pública y los líderes de Gamaa sostuvieron que había sido cometido por miembros de la organización que perdieron contacto con el liderazgo y no estaban al tanto de sus nuevas directivas contrarias a la violencia.

Después del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001, las autoridades egipcias dieron amplia publicidad a la nueva línea de Gamaa y permitieron a los líderes encarcelados mantener reuniones en la cárcel con sus partidarios con el fin de adoctrinarlos en su nueva posición de rechazo a la violencia. Asimismo comenzaron a publicarse libros en la nueva línea escritos por los líderes de Al-Gamaa.

¿A qué se debió el cambio? A varias causas. La primera es la eficacia de la represión. Los líderes de Al-Gamaa fueron encarcelados, exilados o condenados a muerte. En muchos casos, después de cumplir sus condenas, siguieron en la cárcel bajo detención administrativa. Al mismo tiempo, el régimen de Mubarak libró una intensa batalla por la opinión pública, tanto por medio de la prensa como por medio del «establishment» religioso oficial. Por lo demás, los métodos de Al-Gamaa fueron repudiados por la mayoría del pueblo. Otro factor gravitante fue aparentemente el alejamiento de la escena del carismático jeque ciego Omar Abd al-Rahman, condenado a cadena perpetua en los Estados Unidos por el primer atentado a las Torres Gemelas en 1993.

Si Al-Gamaa desapareció del panorama de las organizaciones terroristas, no faltan quienes pretenden cambiar el régimen egipcio mediante la violencia. Los atentados de Taba en octubre de 2004 y los ataques en El Cairo en octubre de 2005 parecen indicar que Al Qaeda tiene una presencia ominosa y amenazante en el país del Nilo. Pero el solo hecho de que una organización radical islámica pueda realizar un cambio ideológico de 180 grados, constituye un hecho histórico relevante.

Hasta permite abrigar una tenue esperanza de que algo semejante pueda acontecer con Hamas, cuya adhesión a la violencia constituye actualmente el principal escollo a todo intento de paz y a todo acuerdo que haga posible la creación de un estado palestino. *

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