Corte Suprema argentina aceptó la pesificación
El fallo ordenó a los bancos restituir depósitos pesificados según la fórmula de 1,40 pesos más Cer (inflación minorista) más un 4% adicional. Con esta ecuación se arriba al tipo de cambio de 3,08 pesos de estos días.
La corte se preocupó por salvar la ropa de Eduardo Duhalde, quien devaluó cuando fue presidente, admitiendo que la pesificación no fue inconstitucional, es decir, que no atentó contra la propiedad de los depositantes. Estimaciones del diario Ámbito financiero especifican que si se tiene en cuenta el rendimiento del dinero en Estados Unidos, los ahorristas pueden haber perdido el 30% del valor de sus depósitos. Se beneficiaron quienes efectuaron amparos y mantienen causas abiertas. Los bancos no podrán reclamar por amparos ya pagados; recibieron en varios momentos fuertes compensaciones para poder dibujar sus balances.
Bajo el gobierno de Fernando de la Rúa con Domingo Cavallo como ministro de Economía voló el uno a uno. Apelaron al corralito para sostener un régimen de convertibilidad que estaba hundido. Más tarde llegó el corralón. Se hizo cuesta arriba poder retirar ahorros a los menos pudientes. Antes se verificó un festival de salida de capital insólitamente financiada por el FMI con el argumento de sostener el valor del peso. Duhalde apeló a la devaluación y a la pesificación. Fue la respuesta de un gobierno de transición improvisado para lidiar en la batalla contra el bando de la dolarización.
Nada fue neutral, ya que una y otra medida reflejaban un modelo de acumulación que generó profundos desequilibrios macroeconómicos y una pelea dentro del establishment económicofinanciero. La devaluación asimétrica y pesificación fue la estafa más grande del sistema financiero a la confianza de los ahorristas, desentendiéndose los bancos del compromiso asumido con sus clientes. Fue el triunfo del elenco devaluador integrado por industriales y grandes grupos nacionales exportadores sobre el equipo dolarizador conformado por empresas de servi- cios privatizadas y multinacionales.
En plata la pesificación implicó una brutal transferencia de ingresos: la retribución al capital alcanzó en 2002 el máximo del 52,3%, mientras que los asalariados tocaron el mínimo de 34,3. «La salida de la convertibilidad era inevitable, pero la forma elegida constituyó un asalto a los ingresos del sector más vulnerable», escribe Página 12. El capital se apropió de un plumazo de 10 puntos del ingreso global.
Con todo, la devaluación y posterior pesificación descartaron la dolarización de la economía y materializaron una herramienta para recuperar la econo- mía, es decir, el esquema de dólar alto, superávit fiscal y fuerte ahorro de divisas.
Se recuperó el peso, algo no menor. Pero como se ha dicho, el grueso lo pagaron los asalariados. Bajó la distribución del ingreso, que lentamente se recupera, la desocupación y miseria llegaron a porcentajes inimaginables que caen, pero con enormes deudas sociales, y triunfadores, entre otros, los que pudieron licuar activos, sacar divisas al exterior antes de corralitos y corralones, los que recogieron lo que perdieron los que viven de sus asignaciones. *
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