El fin de la Guerra Fría entre los alemanes

Berlín, AFP

3 de octubre de 1990, la bandera de la Alemania reunificada ondea en la Puerta de Brandeburgo, menos de un año después del terremoto político de la caída del Muro de Berlín: un acto simbólico que selló el fin de 43 años de Guerra Fría.

La reunificación del país significó el fin del bloque comunista de Europa del Este, pero al mismo tiempo la aparición en la escena internacional de una nueva Alemania, la de «la República de Berlín» que, consciente de las enseñanzas del pasado nazi y comunista, desea poner punto final al capítulo de país gigante económico pero enano político.

Diez años después, la euforia dio paso a la desilusión, reflejo de la persistencia de un alto nivel de desempleo en el este (17% de la población activa), donde el PDS –heredero del ex Partido Comunista– es la tercera fuerza política, y del inmenso costo de la reunificación soportado por la economía oestealemana.

Los alemanes, tanto del este como del oeste, celebraron empero con entusiamo la reunificación, luego de un proceso a marcha forzada en el que nadie hubiera creído once meses antes, cuando la noche del 9 de noviembre cayó el Muro de Berlín.

«Jamás me hubiera atrevido a creer que todo avanzaría tan rápido», confesó el propio Helmut Kohl, quien se convirtió en el primer canciller de una Alemania unida, libre y democrática, desde la toma del poder por los nazis en 1933.

Sólo 328 días fueron necesarios para poner fin al «Estado de obreros y campesinos» que solía presentarse como el país modelo del bloque comunista y que, a costa de cientos de muertos en prisión y a lo largo de la línea de demarcación, había establecido una férrea dictadura.

La mayoría de los disidentes estealemanes eran hostiles a la reunificación y deseaban una RDA democrática y pacífica. Pero la población estealemana sentía la atracción del marco y se volcó hacia la RFA, y de nada sirvió la formación del gobierno comunista reformador dirigido por Hans Modrow. 43 años de Guerra Fría habían forjado dos países totalmente distintos, cuya oposición era simbolizada por una feroz rivalidad deportiva, y que parecía imposible volver a unir de un día para otro.

Bajo la presión de los acontecimientos, los primeros lemas «Alemania, un pueblo» aparecieron en las manifestaciones semanales que se venían haciendo desde setiembre de 1989 en Leipzig. Y los alemanes del este seguían afluyendo en masa hacia el oeste, atraídos por las mejores condiciones de vida.

En febrero de 1990, Helmut Kohl obtuvo de Hans Modrow una unión económica y monetaria, lo que significó de hecho el fin de la soberanía de la RDA. El 18 de marzo, las primeras elecciones estealemanes libres fueron ganadas por el partido democristiano del canciller Kohl bajo el lema de la reunificación.

Antes, con el apoyo de Estados Unidos y pese a reticencias de Gran Bretaña y de Francia, preocupadas por el renacimiento de «la nación alemana», Helmut Kohl obtuvo el 16 de julio de 1990 del último dirigente soviético, Mijail Gorbachov, el visto bueno al anclado de la nueva Alemania en la OTAN y el retiro de las tropas soviéticas de Alemania del este. En efecto, la reunificación necesitaba la aprobación de los vencedores (Estados Unidos, la URSS, Gran Bretaña y Francia), que seguían siendo potencias ocupantes. Los aspectos políticos de la unificación fueron resueltos por el tratado «2+4″ (RFA, RDA + les «Cuatro») el 12 de setiembre en Moscú.

Incapaces de controlar un país en plena descomposición, los diputados estealemanes votaron el 23 de agosto la disolución de la RDA, fijando ellos mismos la fecha de la reunificación.

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