Dirigía la ex república soviética de Turkmenistán con mano de hierro desde 1985

Murió Niazov, el presidente vitalicio de los turcomanos

«El presidente murió de un paro cardíaco a las 01H10″ (20H10 GMT del miércoles), anunció la televisión con una bandera turcomana y un retrato del presidente en un marco negro como pantalla de fondo.

Luego, un presentador leyó en la televisión un comunicado común del gobierno y del Parlamento anunciando que los funerales tendrán lugar el domingo.

La televisión oficial anunció que un Comité de organización de los funerales fue organizado y que su dirección fue confiada al viceprimer ministro del país y ministro de la Salud, Gurbanguly Berdymujammedov.

Según la Constitución de Turkmenistán, el poder será ocupado en forma interina por el presidente del Parlamento, Ovezdeldy Atayev.

Desde esta mañana, todas las televisiones y las radios interrumpieron sus programas y los reemplazaron por música fúnebre.

Ninguno de los 23 diarios estatales apareció el jueves.

En las primeras horas de la tarde, las calles de Ashjabad estaban tranquilas y no se señalaron manifestaciones espontáneas.

Las banderas turcomanas fueron puestas a media asta en la capital, constató un periodista de la AFP, y las autoridades retiraron de las calles todos los árboles de Navidad que decoraban la ciudad.

Niazov, que se hacía llamar Turkmenbachi («Líder de todos los turkmenos»), había sido nombrado en 1985, cuando esta república todavía formaba parte de la Unión Soviética. Era presidente vitalicio desde 1999.

Había organizado un culto delirante a la personalidad sobre él y algunos miembros de su familia en el que se basaba su régimen, uno de los más represivos y cerrados en el mundo.

Por ejemplo, había rebautizado los meses del año, transformando en particular el mes de enero en «Turkmenbachi».

Saparmurat Niazov se presentaba también como poeta y escritor.

El estudio de su obra de referencia, el Rujnama, era obligatorio para los estudiantes y funcionarios, pues su conocimiento abría la vía del paraíso, según la propaganda.

Enemigo jurado de los defensores de los derechos humanos, Turkmenbachi controlaba todo el poder, ocupando tanto la presidencia como los puestos clave del gobierno, como dirigente del único partido político autorizado.

Los observadores temen que ante la falta de un sucesor designado, y como quienes querían sucederlo fueron destituidos o encarcelados, Turkmenistán sea presa de la inestabilidad.

Por otra parte, al establecer su régimen totalitario, Niazov redujo a la nada la influencia tradicional de los clanes turkmenos.

«Creo que habrá cierto caos y combates políticos», destacó Eduard Poletaiev, jefe de la redacción de la revista La Paz en Asia, con sede en Almaty.

Regularmente corrían rumores sobre ataques cardíacos o crisis de diabetes que habría sufrido Niazov.

En octubre, él mismo había indicado que tomaba tres veces por día medicamentos para una «enfermedad del corazón», y en 1997 había sido sometido a una operación coronaria. *

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