El Papa canonizó a mártires chinos
Ciudad del Vaticano, ANSA
Con estas palabras Juan Pablo II resumió esta mañana en la plaza San Pedro los motivos de la canonización de 120 «mártires de la fe» –87 chinos y 33 misioneros extranjeros– muertos en China entre 1649 y 1930.
Al recordar a los nuevos santos, que «hacen honor al noble pueblo chino», el Papa recordó en particular a Anna Wang, decapitada a los 14 años porque se negó a renegar de la fe, y a Chi Zhusi, un muchacho de 18 a quien despellejaron vivo por el mismo motivo. «La presente celebración –subrayó Karol Wojtyla, de 80 años– no es el momento oportuno para formular juicios sobre esos períodos históricos, se podrá y deberá hacer en otra sede».
El Pontífice recordó también a los 33 misioneros y misioneras extranjeros, en gran parte muertos durante la revuelta de los Boxers de 1900, que representa para la historia oficial china un momento de patriotismo en la lucha contra las potencias coloniales.
Ellos dejaron su tierra, afirmó el Papa, «y trataron de introducirse en la realidad china, asumiendo con amor sus características con el deseo de anunciar a Cristo y de servir a ese pueblo».
El Papa también aprovechó la ocasión de las canonizaciones para hablar sobre el documento Dominus Jesus del cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto del discasterio para la Doctrina de la Fe, es decir el «custodio de la doctrina», que recientemente provocó reacciones negativas en ámbitos protestantes y ortodoxos.
Wojtyla afirmó su aprobación de la declaración y reafirmó «las bases del diálogo y del ecumenismo», aunque reafirmó que «la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica».
El Papa subrayó que «la Iglesia Católica sufre, como dice el Documento (Dominus Jesus) por el hecho que verdaderas Iglesias particulares y comunidades eclesiásticas con elementos preciosos de salvación estén separadas de ella».
Por otra parte el Papa subrayó, siempre con respecto al documento de Ratzinger, que al declarar –en coincidencia con el Concilio Vaticano II– que la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica, con esto no quiere expresar poca consideración hacia las otras Iglesias y comunidades eclesiales».
Wojtyla afirmó que el documento de Ratzinger, criticado en varios frentes aún dentro de las jerarquías vaticanas, tuvo muchas «interpretaciones equivocadas» y que expresa «la misma pasión ecuménica» contenida en su encíclica Ut unum sint sobre la unidad de los cristianos.
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