Detienen a miembros de Falungong

Elisabeth Zingg – Pekín, AFP

El régimen comunista chino parece cada vez más impotente ante el desafío espiritual lanzado por la secta budista Falungong, que el domingo organizó en la Plaza Tiananmen de Pekín la manifestación de oposición más importante desde el movimiento democrático de 1989.

Pese a la brutal represión lanzada contra esta secta desde su prohibición en julio de 1999, y a las medidas de seguridad sin precedentes adoptadas por las autoridades en los últimos días, más de mil adeptos lograron llegar a la gran plaza situada en el centro de Pekín, y manifestarse.

Por oleadas sucesivas, grupos de adeptos, muchos de ellos de hasta 50 personas, se precipitaron durante el domingo al centro de la plaza para instalar banderolas y repartir octavillas, siendo arrestados brutalmente por la policía ante la mirada de periodistas y turistas extranjeros.

«Semejante desafío es algo sin precedentes en la historia de la China comunista», dijo un diplomático occidental al comentar la influencia y la presencia de la secta, más de un año después de su prohibición.

«Pienso que el gobierno no puede controlar esto, la secta cuenta con millones de adeptos, entre ellos un núcleo duro dispuesto a sacrificarse y hacerse detener», declaró a la AFP Joseph Cheng, sinólogo de la Universidad de Hong Kong. «El Falungong desafía abiertamente al partido y pone a flote las debilidades del régimen», observó Cheng.

La secta, cuyas enseñanzas combinan artes marciales y fe budista, y que dice contar con 80 millones de adeptos (dos millones según las autoridades) apareció súbitamente a la luz pública el 25 de abril de 1999, cuando reunió a más de 10.000 personas en torno a la sede del régimen en Pekín.

Ese día los miembros de Falungong permanecieron en el lugar, protestando contra las restricciones a sus actividades. Luego se dispersaron en calma. Después de tres meses de tergiversaciones, las autoridades prohibieron finalmente la secta, acusándola de querer derrocar al régimen. Al mismo tiempo lanzaron una severa represión contra los adeptos. Según el sitio Internet de Falungong, decenas de miles de adeptos fueron detenidos, enviados a los campos de trabajo «o sometidos a toda clase de tratamientos inhumanos». Por lo menos 50 personas murieron en detención, según el sitio Falungong minghui.ca.

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