Juramento de fidelidad
El principal de ellos, Fernando de la Rúa, está aferrado al discurso del 10 de diciembre, cuando tuvo que abordar una mala herencia para hacerle diferente la vida a las personas corrientes. Su eje es reiterado: el equilibrio fiscal creará las condiciones para que la Argentina sea creíble para propios y ajenos y entonces volverán las inversiones, las únicas capaces de generar empleo y comenzar a derrumbar la sociedad inicua.
Nueve meses más tarde, el presidente sigue repitiendo lo mismo, aferrado a un esquema que falló en sus predicciones esenciales, pese al contexto mundial es de crecimiento aunque esquivo en cuanto a precios de los productos exportables. La reactivación no vendrá de manos de las exportaciones: porque el precio promedio de los productos vernáculos cayó un 20% y las ventas al extranjero equivalen únicamente al 9% del PBI y son vendedores no más de 300 empresas.
Las Pymes, únicas capaces de generar empleo, halagadas con palabras, casi nada han conseguido para reactivarse. El crédito, esa herramienta clave, sigue escaso y caro y el Banco Nación proclamado como el gran Mecenas, es escasamente útil para esos sectores.
Las dudas del presidente
Es virtuoso que el presidente hable con todos los sectores antes de adoptar las decisiones de airear su gobierno, no solamente con nuevos rostros sino con correcciones de rumbo. Pero la actitud luce como un pretexto para ganar tiempo, continuar con su estilo histórico de sorprender con decisiones, que no siempre han sido acertadas pero que en otros momentos no le fue mal. Por algo trepó a la cima de la política.
De Carlos Menem siempre se entendió que con él no se habla, simplemente se está, ya que no escucha. En cambio de la Rúa, toma puntillosos apuntes de las rondas de consultas. Pero le cuesta tomar una decisión. A Fredy (Federico Storani) el jueves le dijo: «Hay que hacer algo con Alberto (Flamarique)». Pero lo mismo le había comentado antes de su viaje a México, hace casi un mes», comenta un hombre del gabinete.
Flamarique vive una situación indeseable para cualquiera. Como titular de trabajo no ha sido invitado a ningún encuentro con sindicalistas y se le dejó fuera de las negociaciones con los camioneros que inician un movimiento de fuerza, que puede provocar desabastecimiento. El presidente designó como mediador al ministro de Infraestructura, Nicolás Gallo, luego de la tensa reunión del gabinete nacional del martes.
Allí el titular de Defensa, Ricardo López Murphy, abogó por una «línea dura» contra el lock-out. «No estamos en condiciones de ir a una confrontación y en una semana estaremos negociando», lo cruzó el vicepresidente, seguro que se hablaba de intervención de gendarmes. «¿Qué es dureza?, inquirió el jefe de asesores de economía, Pablo Gerchunoff. «Bueno, como hacen en Francia: cada camión que bloquea una ruta, va una grúa y despeja el camino». «Lamentablemente, en el país no hay ni una grúa para esa tarea», replicó Gerchunoff. El detalle es ilustrativo del escaso realismo de algunos funcionarios.
Es difícil saber si el presidente es consciente de los desencantos en la sociedad (como exhiben las encuestas) o entre sus partidarios, aquellos que lo ayudaron a llegar a la cumbre. Cada día que demora en generar cambios, incrementa la tensión y puede que cuando tome las decisiones ya estén maduras las condiciones para otros rumbos.
Otra jugada de Chacho
Ahora el titular de economía, José Luis Machinea, es intocable, porque el FMI renovó su respaldo, y tiene el consenso de lo más granado de la banca y la producción. «Chacho» preguntó públicamente: por qué la Argentina, que «ha hecho sus deberes», tiene en caja las cuentas fiscales, por ahora, no trepa al ritmo de la mayoría de los países latinoamericanos, o de la media mundial.
A él no le satisfacen las respuestas sicológicas, interpretaciones de diván, que ponen toda la cuestión en el mal estado de ánimo de los argentinos. Lo real es que hay millones de compatriotas desocupados, se arruinan agricultores (en La Plata hubo un tractorazo sin precedentes, días atrás) y quiebran pequeños empresarios al ritmo de los últimos tiempos del menemismo. «Esa es la causa del mal ánimo», afirman legisladores de varias bancadas, «no hay complejos».
Con todo, la irrupción vicepresidencial al espacio económico abrió campo a las especulaciones. Lo cierto es que Alvarez y De la Rúa han hablado de cómo están las cosas. Una fuente confiable explica: «Chacho le dijo al presidente que hay dos cosas que la Alianza no puede dejar de hacer. la primera, cumplir con su promesa de transparencia que bien o mal, a los tropezones, está en marcha con la cruzada en el Senado Nacional. La otra, exhibir con hechos que hará una política económica diferente a la del menemismo. Ahora estamos en el piloto automático de Roque (Fernández)», el último economista del menemismo.
Fiel a su estilo, De la Rúa no le dijo que no, pero tampoco que sí. Pero «Chacho» consideró que estaba en libertad para lanzar el misil. Aún sus amigos consideran que ha ido esta vez, más allá de lo prudencial. Incluso sus aliados más fuertes dentro de la UCR fruncen ahora el ceño y se preguntan «¿cuál es el objetivo de Chacho?». Los íntimos del vicepresidente los calman: no dará un solo paso para quebrar la coalición.
El menemismo leyó la señal como anticipo de la ruptura de la Alianza y hace saber que en la disyuntiva, «estamos con de la Rúa» aguardando un improbable gobierno de salvación nacional sin el Frepaso. El bonaerense Carlos Ruckauf bajó el miércoles línea a sus legisladores: «Hay que trabajar con radicales y frepasistas pero para dividirlos».
Ruckauf presionó por Cavallo
Si bien Domingo Cavallo impresionó al binomio gobernante en el encuentro del lunes en la casa rosada, porque con su verba proverbial recomendó darse grandes metas económicas para insuflar confianza y poder crecer «hasta al 10% anual», la idea de que el padre de la convertibilidad sea designado presidente del banco Central es de Ruckauf.
La habló con De la Rúa, que no mira mal el desplazamiento de Pedro Pou de ese sitial clave y como en otras ocasiones el gobernador hizo rodar la especie, sin que esta haya sido cabalmente estudiada, puestos los pro y los contras (que son muchos) y sin tener una respuesta cabal del hombre cuyo nombre se meneó. El ministro de economía lo recuerda como enemigo y los otros creen que el relevo forzado de Pou será una «pésima señal» para los inversores externos. Rodríguez Giavarini, el habitual contacto con Cavallo, jura no haber tocado el tema con el ex ministro y este confiesa que no recibió el ofrecimiento.
Pou es un obstáculo y no sólo por sus apreciaciones sobre la dolarización. Es que se niega a reducir los encajes bancarios, para permitir el mejoramiento de la liquidez y la baja de la tasa de interés, un mínimo aporte para activar la producción. «El único que podría hacerlo sin que se tema por el futuro de la convertibilidad es Cavallo», supone Ruckauf.
Además, pensar que Cavallo podrá lograr el respaldo del radicalismo o del Senado –cuya decapitación reclamó– es casi un delirio. ¿Mira Alvarez con buenos ojos un acuerdo con Cavallo? Adepto a enviar señales fuertes en todos los campos lo aceptaría pero ve como inviable esta jugada. Alfonsín tronó en un mitin: «Ninguna coalición progresista puede tener a Cavallo en su seno». Y no se habla más. Por ahora.
Donde Alvarez pone toda su voluntad y trata de convertir su subjetividad en fuerza material, es para continuar su cruzada en el Senado. De ese lugar seguirá ocupándose, no más de otras áreas para no irritar al presidente.
El escándalo de
cada día
No le importa, más bien la había previsto, la cerrazón de la mayoría de los senadores a continuar con su autodepuración, limitada al cambio de las conducciones de los bloques. Habló francamente con el nuevo jefe del bloque radical, Mario Losada, quien le abrió su corazón: «Hay que dar tiempos a los cambios, Chacho», dijo el misionero. Escasos senadores son el débil lazo del vicepresidente con sus aliados.
A la espera de nuevos hechos, el peronismo en reñida reunión dispuso no entregar ningún senador sin pruebas y defender el bastión institucional de mayor peso. «No hay enfoque político, sólo el judicial», comentó una voz del sector. Ya aplicaron la receta protegiendo a Emilio Cantarero, el acusado número uno por corrupción: sólo le dieron una licencia. Y mantienen como rehén al radical Juan Melgarejo, porque su renuncia presentada «para salvar mi honor» ante una acusación de una par, deja mal parado al justicialismo.
Reconocen que políticamente han perdido la batalla, pero igualmente persisten en el error de cerrarse como corporación, pensando que a «Chacho» la UCR lo dejará de lado o él pateará el tablero. No es una visión realista, acaso influida por el análisis que hace Menem.
¿Que harán ahora que estalló el caso del senador de Santa Fe, Jorge Massat, acusado por su sobrina de blanquear dinero de origen desconocido a través de una empresa de su propiedad real? Más allá de la certeza de la denuncia, o si esta florece por rencillas provinciales, esta cae en terreno abonado por la desconfianza pública. Massat reconoce que su vida política está quebrada. La pregunta preferida en la Rosada y el Parlamento es saber en que medida lo que ocurre afectará en el ánimo del gobernador Carlos Reutemann, que lo protegió siempre.
Mientras el gobierno no se recree ni consiga convencer que las cosas serán diferentes, seguirá la confusión, y a un escándalo le seguirá otro y hasta puede salpicar al presidente. Si como dice Alvarez, la política no es el arte de lo posible sino el arte de superar los límites de lo posible, la tarea de la Alianza es recuperar el tiempo perdido.
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