Aprobaron presupuesto con vicios viejos sobre distribución del ingreso en Argentina

Una Ley de Educación progresista

La ley extiende a toda la secundaria la obligatoriedad y avanza sobre el preescolar. Antes se había decidido que el sistema se financiará con el 6% del PBI. El texto tuvo el apoyo del sindicato de maestros, al revés que en los 90 cuando se movilizaron contra la llamada Ley Federal de Educación que se adaptaba al proceso de desindustrialización y de inserción de la Argentina en la globalización según el criterio de las corporaciones.

El consenso social de la nueva ley que por el contrario proclama insertarse en el Mercosur, no lo tuvo en el campo de la política donde primó el criterio de la oposición sistemática, visible sobre todo en el ARI. A la Iglesia, pese a algunas ambigüedades sobre la laicidad de la educación, no le agrada la nueva norma que de todas maneras no afecta sus intereses.

En rigor, en el Senado cuando se debatió, las diferencias no alcanzaron a tener sabor a rechazo. Lo trascendente es que se dejó atrás una mirada sobre la educación profundamente impulsada por el neoliberalismo. Esta fue la cuestión central del debate parlamentario y antes, en asambleas de docentes.

Hay dos formas de ver la educación: desde la ventana del mercado ­así fue como se la miró en los 90 y por eso esta ley junto a la de educación superior fueron un instrumento de esa visión­ o desde la ventana de la democracia y, entonces, aparece la educación como un derecho, como una responsabilidad indelegable del Estado nacional, como la posibilidad de igualación en una sociedad profundamente desigual.

Como diría Walter Benjamin es hora de «sumergirnos en el futuro retrocediendo». Y sumergirse en el futuro retrocediendo es analizar que la escuela común, laica, pública, gratuita y obligatoria estuvo en un proyecto de nación y en una concepción de país. Es el debate que aún falta.

Otra ley, esta vez la del presupuesto de gastos para el 2007, exhibe más crudamente esa falencia.

 

Ley de leyes con tretas

En algunos aspectos mantiene el patrón seguido en la década del 90, en particular en la política de servicios públicos concesionados y porque persiste en una restringida política de distribución de la riqueza. Hubo con todo bajo Kirchner una mejora respecto a los 90, aunque, como señaló en el Senado el socialista Rubén Giustiniani, «la porción más importante de la torta se la llevan los grandes capitales económicos concentrados».

El esquema económico, dólar alto, superávit fiscal y comercial elevado, junto a abundante disposición de reservas de divisas, sigue siendo el mismo, con sus pro y sus contras. La coyuntura internacional sigue siendo favorable y no solo para pocos años, factores claves para los proyectos políticos del oficialismo.

Hay más rasgos que hacen que la ley de leyes esté lejos de poder lograr consenso. Por caso una serie de dudas que produce el pronóstico de crecimiento del PBI. Es calculado en un 4%, lo que se da de bruces con todos los pronósticos. La suba en el tercer trimestre actual fue del 8,7% respecto de igual período de 2005. En el año ya acumula un 8,4%, lo que ocurre hace 15 trimestres consecutivos. Por efecto arrastre, 2007 arrancará con 2 y hasta 3% de crecimiento asegurado por lo que una suba del 4% parece tener una carta oculta

Para la oposición se trata de una treta del Ejecutivo para disponer de los recursos excedentes sin necesidad de requerir el control y la aprobación del Parlamento. Es que además están vigentes los llamados «poderes especiales» que facultan al jefe de Gabinete a mover las partidas y los recursos según su propio criterio. El que viene, es año electoral y disponer de esas facultades une lo útil con lo agradable.

De hecho hay dos presupuestos. Uno legal, aprobado por el Parlamento y otro a ejecutar que se alejaría bastante del sancionado por esos «baches» entre el crecimiento estimado y el 7/9% que se supone ocurrirá. No es un paraguas con el que se ataja Kirchner.

Precisamente, el hecho de que el próximo será un año electoral no pasa inadvertido en el proyecto, que estima en 15.000 millones de pesos la inversión directa del Estado en obra pública, aunque la oposición denunció que se duplicará ese monto.

 

Dos países, dos inflaciones, dos PBI

Hay también dos inflaciones; es la sensación vigente. La de los precios regulados va camino a ser inferior al 10% a fin de año, pero midiendo todos los precios, habría una distancia de 7 puntos anuales entre la inflación regulada y la total. Una evidencia de esa brecha comenzó a vislumbrarse entre algunos dirigentes sindicales que, preparándose para la discusión de las paritarias del año próximo, tienen en la cabeza pedir un 15 o 16% de aumento en vez del 12% que, se cree, propondrá el Gobierno.

Aunque todo país sea, por lo menos dos países, el que sobrevive ante la historia es uno solo: desgarrado, herido, con sus diversidades intactas pero con una sola, unánime cara; es difícil de todas maneras sostener esos dobles criterios respecto al crecimiento y a la inflación. En esto último, temprano o tarde se impone la más desfavorable para los sectores populares.

Es ostensible que el gobierno desea mantener los precios en caja, pero de hecho se está delineando una canasta para pobres y para los otros, lo que no sería objetable, pero la primera no zafa de la suba. Ayuda a ese corsé, el no permitir que se incrementen tarifas en servicios públicos. Se ha desatado un debate sobre las de la energía, porque la canícula eleva el consumo y se han producido cortes, no apagones generalizados, que generan sobresaltos.

Vuelve, al respecto, la cantinela de que son necesarias tarifas mayores por lo menos diferenciadas entre poder adquisitivo elevado y el otro, pero es más de lo mismo: que sean los usuarios los que financien las obras, no hay inversiones de riesgo. Las que hay son del Estado, pero aún están en tiempos de obras con mínimos de dos años. La generación de energía es casi igual a la del consumo. Temperaturas por encima de los 30 grados encienden en masa los aparatos de aire acondicionado, una conquista que hoy llega a hogares modestos pero que el sistemano soporta totalmente. Un asunto técnico que puede derivar en político.

Lo mismo ocurre con el sistema de transporte ferroviario. Las concesiones de las líneas suburbanas son un fracaso, pero no se vislumbra un cambio. Por las penurias han ocurrido puebladas duras en estaciones exhibiendo un estado de crispación alarmante.

Los ciudadanos, o un sector de ellos, hartos de no ser escuchados recurren a la Justicia por mano propia. Ha ocurrido estos días por hechos en discos bailables que son una trampa mortal para los jóvenes. Es el mundo de la impunidad. Y de la droga, ese flagelo donde se une lo peor de la política con el delito. *

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