"Santos eran violadores y vendedores de opio"
«La historia no se puede distorsionar», titula hoy el Diario del Pueblo un artículo de media página sobre los «delitos» de los misioneros extranjeros y de los chinos que los siguieron en la «traición a la patria», oprimida por los invasores en el siglo XIX.
La revuelta de los Boxers de 1898-900, en la que según fuentes occidentales murieron 30.000 católicos y amigos de los gobiernos del Oeste, «fue una lucha contra la religión extranjera y el invasor», dice el órgano del Partido Comunista.
Recuerda que, de todos modos, fue un justo movimiento patriótico, y por lo tanto las violencias fueron solamente reacción a los abusos cometidos por los occidentales.
Muchos historiadores y sinólogos, también en Occidente, están de acuerdo en que no todas las culpas pueden ser imputadas a los chinos.
El domingo, mientras China popular festeja para celebrar el 51 aniversario de la liberación, y de la expulsión de los extranjeros y de los nacionalistas del poder y de la llegada de los comunistas, en Roma el papa Juan Pablo II beatificará a 120 mártires (87 chinos y 33 extranjeros) «muertos por su fe», según la Iglesia católica.
«En realidad fueron ajusticiados por sus delitos», responde Pekín.
Alberico Crescitelli, del Pime (Pontificio Instituto Misiones Extranjeras) –según el informe publicado ayer por un sitio en Internet realizado en colaboración con la agencia oficial Nueva China– era un misionero en la región de Shaanxi hacia fines del siglo XIX.
Según esa fuente, el misionero expropió casas y tierras a los campesinos y, con las recién casadas, ejercía el derecho a atribuirse la primera noche de amor con ellas.
Si alguna protestaba, era convertida en religiosa y destinada al placer del misionero.
En 1898, cuando las inundaciones destruyeron la cosecha, el sacerdote se apropió de la ayuda alimentaria del gobierno y la distribuyó exclusivamente entre los fieles.
Dos años después, continúa la biografía en el sitio Internet, durante la revuelta de los Boxers, los campesinos lo mataron por venganza. «¿Puede un hombre similar ser convertido en santo?», se pregunta la agencia.
El diario Guangming publica media página de informes de fuente china sobre las revueltas causadas por las fechorías de los misioneros.
Las beatificaciones reabrieron inútilmente las heridas nunca sanadas, sostienen los historiadores chinos.
El centésimo aniversario de la revuelta de los Boxers había pasado sustancialmente inadvertido –excepto por pocos artículos en las revistas de la vieja guardia radical maoísta– hasta que el gobierno no hizo público el caso de las beatificaciones.
Por otra parte algunos obispos «no oficiales», fieles a Roma –que representan a la mitad de los diez millones de católicos chinos–, han escrito al Vaticano para recibir las biografías de los nuevos santos, el programa de la canonización y el texto de la misa papal para poder celebrar un rito en forma simultánea.
Así lo dijo a la agencia internacional católica Fides el padre Juan Qiu, capellán de la comunidad china romana de unas sesenta mil personas.
El obispo coadjutor de Hong Kong, Joseph Zen, había dicho ayer a ANSA que se trata de «verdaderos mártires» y que hasta ahora la canonización había sido congelada por la Santa Sede por motivos políticos.
En cuanto a la fecha y la coincidencia con el aniversario de la República popular, el obispo opinó que fue una «distracción sin malicia», ya que la fecha fue fijada hace mucho tiempo para que coincidiera con la fiesta litúrgica de Santa Teresa de Lisieux, protectora de los misioneros.
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