40 años vigilando y defendiendo
«En cada barrio, revolución», clama el eslogan de los CDR, repetido en numerosos carteles y paredes, resumiendo la esencia de la más masiva organización revolucionaria cubana que agrupa a los vecinos en unidades de base.
Los CDR surgieron en 1960 por iniciativa del propio Castro, poco después de su triunfo sobre las tropas del dictador Fulgencio Batista, como un sistema de vigilancia colectiva para hacer frente a la contrarrevolución.
Desde las principales ciudades hasta las granjas rurales más remotas de las provincias, en cada cuadra fue surgiendo un CDR encargado de organizar desde la base a los ciudadanos.
En la actualidad hay ya más de 121.000 de estas peculiares organizaciones, definidas por los medios estatales cubanos como «la primera trinchera de lucha del pueblo en el enfrentamiento y la denuncia de los planes anticubanos».
Esta labor de los CDR fue elogiada por Castro en un acto organizado el jueves 28 de setiembre celebrar su aniversario.
«El mayor trabajo que han hecho … es haber salvado la Revolución», afirmó el líder, con su tradicional uniforme militar, ante miles de miembros de los Comités.
Cada CDR lleva un detallado registro de los habitantes de la cuadra, con quién viven, dónde trabajan, si frecuentan extranjeros, sus compras…
«El CDR sabe con exactitud quién vive en su cuadra, quiénes son, qué hacen, si trabajan o no … y lleva un libro de registro en coordinación con el Ministerio del Interior», dijo Humberto Carrillo, ideólogo del Secretariado Nacional de los CDR, en entrevista con Reuters.
Y por convicción revolucionaria o por conveniencia, lo cierto es que 8 de los 11 millones de habitantes de la isla pertenecen al CDR más cercano, que facilita informes sobre la conducta de cada miembro a la hora de solicitar trabajos.
Además el CDR se encarga, mediante guardias nocturnas, de evitar los robos en el vecindario y de otras labores sociales como las campañas de vacunación, la asistencia a madres solteras o personas desfavorecidas, las evacuaciones en caso de huracanes o el reciclaje de desechos.
Otra de sus facetas más destacadas por el gobierno ha sido la organización de donaciones de sangre, que ha colocado a Cuba en uno de los países con un mayor promedio de donaciones del mundo (más de medio millón de donaciones en los últimos 12 meses).
Pero a pesar de estas últimas funciones, de innegable utilidad social, entre los cubanos parece observarse en ocasiones cierta falta de entusiasmo en la participación en las actividades de los CDR, que son a veces criticados por las labores de vigilancia política que desempeñan.
«Están sólo para controlar, no resuelven nada, están sólo pendientes de ver quién no participa en las actividades de la revolución», señaló un habanero quien, como casi todos los cubanos que expresan críticas al sistema, prefiere que no se le identifique al hablar con prensa extranjera.
Coincidiendo con este 40 aniversario, la minoritaria disidencia interna cubana, calificada por el gobierno de contrarrevolucionarios pagados por Estados Unidos, ha aprovechado para denunciar lo que califica de «espionaje doméstico».
«Son la defensa de Castro, de un régimen totalitario y prepotente, no son defensa de lo que el pueblo merece», señaló un comunicado leído por Rogelio Meléndez, del pequeño movimiento opositor 13 de julio.
Los CDR, que se intentaron imitar sin éxito en Angola, Nicaragua y otros países que recibieron influencia cubana, son algo específico del sistema comunista de Castro.
«El sistema totalitario aquí es muy creativo, a Stalin no se le ocurrió eso del CDR», comentó el disidente Elizardo Sánchez, en referencia al líder soviético.
Haciendo gala de su capacidad movilizadora –no en vano se encargan de convocar a la gente para los actos revolucionarios o los procesos electorales– los CDR organizaron, un año más, fiestas en las calles cubanas la noche del 27 de setiembre para celebrar a medianoche su aniversario.
«Esto es una fiesta grande, aquí vamos a estar hasta la madrugada», señaló con entusiasmo Ramiro, un habanero de mediana edad, al tiempo que removía con un palo la tradicional «caldosa», una sopa que se hace esa noche en cada cuadra.
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