"Pinochetistas" lloraron la muerte de su "héroe"
«Estoy con mucha pena. Se fue un gran hombre, todo un héroe», dijo entre sollozos a la AFP Lily Gómez, en las afueras del Hospital Militar de Santiago, donde ayer murió el dictador chileno Augusto Pinochet, a los 91 años.
Lily llora al recordar que Pinochet fue el hombre que salvó su vida. «Por el general Pinochet yo estoy viva. El salvó a nuestro país de la pobreza», agrega la mujer, mientras se limpia las lágrimas con un pañuelo.
Lily es parte de los 2.000 «pinochetistas», en su mayoría mujeres ancianas, que llegaron hasta el Hospital Militar de Santiago al enterarse de la muerte del dictador.
Pinochet, que gobernó Chile con mano de hierro entre 1973 y 1990, murió por una descomposición generalizada, una semana después de ser hospitalizado por un infarto grave al miocardio y un edema pulmonar agudo.
María Santibáñez lloraba también su deceso. «Es una pena tan grande que se siente, porque es como si nos hubiéramos quedado huérfanos», dijo a la AFP.
«Estoy llorando porque siento mucha pena. El significó mucho en mi vida», agrega Santibánez, gritando entre la muchedumbre que no deja de levantar consignas en favor del dictador.
Los seguidores de Pinochet comenzaron a reunirse inmediatamente después que el Hospital Militar comunicó su deceso. Una semana antes también habían llegado hasta el lugar, cuando ingresó grave, la madrugada del domingo pasado.
Ubicados detrás de una barrera y portando banderas chilenas, los «pinochetistas» se mantenían cantando el Himno Nacional, incluida una estrofa que alaba a los soldados y que fue excluida del himno después del retorno de la democracia al país, el 11 de septiembre de 1990.
Prometían no desaparecer tras el deceso del su líder. «Mientras Chile exista habrá Pinochetistas», gritaban a coro.
Entre la muchedumbre algunos jóvenes también derramaban lágrimas. «Lloro porque se fue un gran hombre», dijo Alejandro Beltrán, de 15 años, un «hijo de la democracia» nacido un año después que Pinochet dejó el poder.
«Sé que soy joven y no viví su época, pero sé que fue un gran hombre, que salvó a Chile del comunismo», cuenta Alejandro, que fue hasta el Hospital Militar en compañía de su padre.
Los comerciantes no tardaron en llegar. A escasos metros del hospital un hombre vendía como recuerdo una fotografía del dictador junto a cinco de sus nietos, tomada en 1992.
Compartí tu opinión con toda la comunidad