A diez años de los Acuerdos de Paz en Guatemala (1987-1996)

Los procesos de paz desarrollados en Centroamérica iniciados en la década del ochenta, tuvieron como actores iniciales al Grupo de Contadora (México, Panamá, Colombia, Venezuela, Uruguay), la Comunidad Europea, luego de las Naciones Unidas y los Estados Unidos. Todo ello culminó con el Acuerdo de Esquipulas II en 1987, firmados en esa ciudad guatemalteca por los presidentes centroamericanos. Establecieron, así, las bases para crear los mecanismos para la democratización y las negociaciones entre los insurgentes y los Estados centroamericanos, dando respuesta a las demandas de EEUU y evitar una guerra generalizada en Centroamérica.

El plan Reagan requería ese año: 1. Que no haya bases soviéticas, cubanas o bloque comunista establecidas en Nicaragua que puedan plantear una amenaza para los Estados Unidos y los otros gobiernos democráticos del hemisferio. 2. Que Nicaragua no plantee una amenaza militar para sus países vecinos ni constituya una plataforma para la subversión o la desestabilización de los gobiernos del hemisferio. 3. Que el gobierno nicaragüense respete los derechos humanos fundamentales de su pueblo, incluidos los derechos políticos garantizados en la constitución nicaragüense y las promesas hechas a la OEA, libertad de palabra, libertad de prensa, libertad de religión y un sistema regular de elecciones libres.

Así, el Acuerdo de Esquipulas II, generó el procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica (para la reconciliación nacional), que incluyó el diálogo con los grupos opositores acogidos a la amnistía; la creación de una Comisión Nacional de Reconciliación; la exhortación al cese de hostilidades y cese al fuego; la democratización, pluralismo y elecciones libres; el no uso del territorio para agredir a otros Estados; negociaciones en materia de seguridad, verificación, control y limitación de armamento, con la participación del Grupo de contadora; la debida atención a refugiados y desplazados; el necesario apoyo de la comunidad internacional; y la creación de una comisión internacional de verificación y seguimiento.

Luego de firmar dicho documento todavía hubo un largo camino por recorrer. La «contra», auspiciada por Washington, enfrentaba aún al gobierno sandinista desde Honduras y Costa Rica, mientras los insurgentes confrontaban al interior de Guatemala y El Salvador.

El proceso no fue fácil y sólo se aceleraron los procesos de paz cuando concluyó la Guerra Fría y Nicaragua aceptó democratizarse en 1990. De esa cuenta, las negociaciones crearon las comisiones nacionales de reconciliación en todos los países centroamericanos, excepto Costa Rica.

Culminadas las elecciones en Nicaragua en ese año, el gobierno salvadoreño inició conversaciones directas con la insurgencia que culminaron dos años más tarde, con la presencia de las Naciones Unidas. En Guatemala las mismas jugaron un papel mediador (inicialmente como «observador»). El proceso guatemalteco de firma culminó hasta 1996 siguiendo las etapas siguientes:

En 1991 Guatemala acudió a la mesa de negociaciones con la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG) y las partes establecieron una agenda. Se dividieron en dos grupos temáticos; los sustantivos, con la problemáticas de fondo y, los temas operativos, que versaban sobre la desactivación del enfrentamiento y la incorporación a la vida normal de los insurgentes.

Esa etapa duró dos años con pocos avances derivados de la desconfianza mutua. La segunda, de 1993 a 1995, el nuevo gobierno guatemalteco designó una nueva comisión, flexibilizó su postura y se logró avanzar. Las Naciones Unidas dejaron de ser simples observadores a un papel mediador, acompañados por un grupo de países amigos y miembros de la sociedad civil, fijando una nueva calendarización. Derivado de lo anterior se estableció la misión de Naciones Unidas para la Verificación de los Derechos Humanos (Minugua) y se aprobaron cuatro temas.

La tercera fase, desarrollada en 1996, logró el acuerdo final de paz en diciembre de ese año, que este mes queremos celebrar, pues cesó la confrontación armada.

 

La implementación de los acuerdos de paz en Guatemala

En cuanto al rol de las fuerzas armadas en una sociedad democrática se acordó esencialmente reformar la Constitución en los artículos relativos a su organización y funciones, los tribunales militares, atribuciones del presidente en el ejército, tamaño del mismo y reducción ene efectos y presupuesto. Como resultado de lo anterior se redujo su tamaño en cuarenta y seis mil miembros hasta mermar a veinte mil. Y se reubicaron las fuerzas militares cerrando cuarteles. También se dispuso que los servicios de inteligencia tendrían carácter civil.

El proceso ha continuado y la democracia se ha consolidado en los países centroamericanos. La insurgencia se incorporó plenamente a la vida política nacional en cada uno de ellos y el avance es notorio pues el esquema de integración centroamericano es el más vital de América Latina.

Ciertamente la cooperación internacional fue clave en el éxito de dichos procesos de paz.

Si bien algunos conservadores cuestionaron en Guatemala dichos acuerdos por temor a perder sus privilegios, cierto es que dieron esperanza para mejorar el nivel de vida de los más desfavorecidos, brindar una acceso más equitativo a las oportunidades individuales y colectivas, disminuir la desigualdad y la exclusión, y enterrar el racismo. Una nueva sociedad democrática después de décadas de amarguras y frustraciones, especialmente en los pueblos indígenas, abordando temas antaño peligrosos y prohibidos por la dictadura.

El logro más importante fue el silencio de las armas. Ahora aún quedan temas por resolver aunque se avanzó positivamente en la mayoría de ellos. El presidente guatemalteco Oscar Berger tiene el sustrato filosófico de los acuerdos de paz, se mantiene como guía en su ideario nacional. *

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