En Münich, cuando Inglaterra y Francia regalaron a Hitler la zona checa de los Sudetes
Con gran solemnidad se ha firmado hoy aquí un pacto entre las potencias del Eje (Alemania e Italia) y las democracias francesa e inglesa, que permitirá –según la percepción de diplomáticos de estas dos últimas naciones– evitar un enfrentamiento militar. «Hemos alejado definitivamente el fantasma de la guerra», señaló un alto funcionario británico a nuestro corresponsal.
El pacto –del que no participó el gobierno checo– habilita a Alemania a ocupar la zona fronteriza con Checoslovaquia conocida como ‘la región de los Sudetes’. Como contrapartida a esta concesión a la voracidad germana, Daladier y Chamberlain se comprometen a garantizar las nuevas fronteras de Checoslovaquia.
El optimismo franco-británico contrasta de manera notoria con una realidad política que muestra a las democracias incapaces de oponer resistencia al expansionismo alemán, y muchos analistas se preguntan cuánto habrán de ceder aún las democracias burguesas a las exigencias de Hitler. Es imposible no recordar el anschluss, la anexión de Austria, ocurrida en marzo pasado, que no hizo sino aumentar el apetito territorial germano. De no haberse aceptado esta última anexión, Inglaterra y Francia deberían haber ido a la guerra, y lo que se presume es que ninguna de las dos potencias se tiene confianza suficiente como para afrontar un conflicto bélico.
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