Hace treinta años moría el "rais" egipcio

¿Quién era Nasser?

A treinta años de la muerte del «rais» egipcio Gamal Abdel Nasser –el 28 de setiembre de 1970 murió de un ataque al corazón cuando apenas tenía 52 años– los interrogantes siguen en pie y pesan aún más por la coincidencia con la campaña para las elecciones legislativas de octubre.

Esto se refleja en las columnas de los diarios egipcios que ya desde el domingo comenzaron a llenar primeras planas y páginas interiores con títulos y fotos inéditas.

Junto a notas que lo celebran («30 años de presencia») en el número especial del semanario Al Arabi –órgano del pequeño partido nasseriano en el parlamento, con un solo diputado, el Partido Arabe Democrático Nasseriano– aparecen otras más dubitativas (¿Quiénes son sus jóvenes herederos?) del filogobernante Ahram Hebdo, que cita también a detractores del «líder de la Revolución».

Más de cinco millones de egipcios –en representación también de otros pueblos árabes– se reunieron esa mañana de hace 30 años para llorar frente a la morada de Nasser en El Cairo y siguieron luego el féretro a través de toda la ciudad.

Habían perdido al padre de la nacionalización del Canal de Suez, al autor del acuerdo que había echado a los dominadores ingleses, al promotor del dique de Assuan. ¿Quién garantizaría desde ahora la dignidad que el rais les había hecho recuperar?

Se lo preguntaban también los palestinos, para los cuales dos días antes de morir, Nasser había mediado en El Cairo la firma de un acuerdo entre Yasser Arafat, entonces jefe del movimiento Al Fatah, y el rey Hussein de Jordania.

Concluía así el «setiembre negro», la triste página que había comenzado el 17 de setiembre con la masacre por parte del ejército jordano de los refugiados palestinos, que sin embargo habían logrado mantener el control en la parte norte del país.

La tensión había crecido en torno al plan norteamericano Rogers para un acuerdo de paz entre Israel y Egipto después de la guerra de 1967.

Inmediatamente después de la histórica derrota de junio del ’67 en aquel conflicto, Nasser renunció.

«Pero el 9 y el 10 de junio la gente rodeó la casa. Se pusieron a cantar para él enviándole mensajes sin parar, durante toda la noche», recuerda su hija Hoda, profesora de ciencias políticas.

Nasser retiró la renuncia y se comprometió «a reconstruir el ejército y el país», dice Hoda, «y durante meses no lo vi sonreír». Tierno es también el recuerdo de la hija que logra arrancar al estadista el regalo de estrecharle la mano en público en la ceremonia de entrega del diploma, cuando logró colocarse entre los primeros 15 clasificados. «Aceptó estrechar la mano a veinte estudiantes. Fue el único privilegio que me concedió en toda mi vida».

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