Obispo de Hong Kong acusa a gobierno de Pekín
El obispo coadjutor de Hong Kong, la ex colonia británica que fue devuelta a China hace tres años, acusa a Pekín de usar la canonización de 120 mártires para hacer nuevas presiones sobre la iglesia católica oficial que está «escapando» a su control.
La «gran tempestad» que se desencadenó con el anuncio de la canonización, dice el obispo Joseph Zen en una entrevista telefónica con ANSA, tomó a todos de sorpresa y no se justifica.
Los 120 beatos (87 chinos y 33 extranjeros) son «verdaderos mártires» y su beatificación se esperaba desde hace años, pero había sido «congelada por la Santa Sede por motivos políticos», dice monseñor Zen.
La elección de la fecha del 1º de octubre, aniversario de la fundación de la República Popular, que enojó al gobierno chino «no tiene malicia… pero tal vez el Vaticano tendría que admitir que fue una distracción y pedir excusas».
El obispo considera que el Papa anunciará probablemente el domingo una fecha diversa del 1º de octubre como fiesta de conmemoración de los santos chinos.
Monseñor Zen, de 66 años, originario de Shangai y desde 1948 en Hong Kong, no cree que todos los obispos de China, incluidos los oficiales, estén de acuerdo en la condena de la canonización.
La declaración de la Conferencia episcopal y de la Asociación católica patriótica, autónoma de Roma y controlada por el partido Comunista es «una violencia sobre la iglesia oficial», dice el obispo. El gobierno chino está hoy más preocupado por la Iglesia oficial que por la iglesia clandestina, afirma monseñor Zen, porque los obispos y los jóvenes sacerdotes se están acercando cada vez más a la Santa Sede.
En enero, en el primer acto abierto de rebelión contra el Partido Comunista, algunos sacerdotes rechazaron la ordenación como obispos y los seminaristas no participaron en la ceremonia en Pekín, porque no estaba aprobada por el Papa. En las últimas semanas la represión sobre la iglesia clandestina, fiel a Roma, se hizo más violenta, con numerosos arrestos, como el del obispo de 80 años Tomás Zeng Jingmu, en la cárcel desde el 14 de setiembre.
En muchos sitios hay reuniones para los miembros de la iglesia oficial para que sepan lo que decir a sus santos.
Monseñor Zen es pesimista sobre las relaciones entre el Vaticano y China, pero no tanto por las canonizaciones sino porque «en Pekín hoy no hay nadie que tenga el prestigio necesario para admitir los errores y reconsiderar la política hacia la iglesia, un gesto que podría ser mal interpretado como debilidad».
El obispo Zen, quien en el pasado enseñó también en seminarios de la iglesia oficial, ahora ya no es persona grata y desde marzo de 1998 no puede visitar China.
Pero el domingo estará en la ceremonia para la Fiesta nacional, como buen ciudadano chino, mientras en la iglesia de S. Thomas se celebrará misa en forma simultánea con la canonización.
En China hay diez millones de católicos divididos entre la iglesia oficial y la clandestina.
El gobierno chino criticó con violencia las canonizaciones del domingo próximo y acusó al Vaticano de santificar a personas que cometieron «crímenes monstruosos».
Los 120 mártires, muertos entre 1648 y 1930, fueron en general muertos durante la revuelta de los Boxers, considerada un movimiento patriótico contra el opresor extranjero.
Las beatificaciones, según diversos observadores, bloquearon el proceso de normalización de las relaciones.
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