El peronismo amenaza a "Chacho" Alvarez
Los peronistas del Senado Nacional amenazaron con colocar en la línea de sucesión presidencial a Eduardo Menem, senador por La Rioja y hermano del ex mandatario, como represalia contra el vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez, que se ha convertido en el cruzado por limpiar a la cámara alta de sus representantes cuestionados.
El cargo que sigue a Alvarez en la sucesión presidencial es el del Presidente provisional del Senado, actualmente ocupado por el radical José Genoud, cuyo desplazamiento pide el vicepresidente como una de las señales que deben dar los políticos para recuperar credibilidad. En rigor, el retiro de Genoud está decidido por el partido radical, y le buscan una salida decorosa.
Genoud está sindicado como la pata radical de un sistema de prebendas que mantiene con el peronismo para «arreglar» la mayoría de las leyes, pero no de ahora, sino desde que se recuperaron las instituciones constitucionales en 1983, a la caída de la dictadura militar.
La crisis de credibilidad que se viene acumulando desde hace tiempo, estalló con el caso de los supuestos sobornos a senadores para que votaran una ley laboral. Luego, la senadora de un partido provincial, Silvia Sapag, acusó al senador peronista, Emilio Cantarero, de quererla sobornar en la comisión de Combustibles para que aprobara un proyecto de ley sobre hidrocarburos favorable a la española Repsol-YPF.
Presionado por Alvarez que reclamó a los senadores que limpien al cuerpo de los miembros cuestionados, Cantarero pidio una licencia sin goce de sueldo por 60 días. Su bloque, que autorizó esa decisión a regañadientes replicó con la amenaza que si el vicepresidente consigue otra presa con el desplazamiento de Genoud, aprovechará que tiene mayoría de miembros para imponer como presidente provisional a uno de los suyos. Ese es Eduardo Menem.
Es de práctica que ese cargo es para el partido del gobierno, más allá de la correlación de fuerzas. El mensaje: ninguna concesión más a Alvarez, preservar al «sistema» que ha gobernado al Senado nacional.
Carlos Menem, que ha regresado a las primeras planas con su entrevista con Fernando de la Rúa, rompió ayer la cordialidad de aquel encuentro y señaló que si hubo corrupción en el Senado, el dinero salió de las arcas oficiales.
Chacho aumenta la presión
Es lo que investiga el juez de la causa, Carlos Liporaci. Para facilitar la pesquisa, de la Rúa levantó el secreto sobre las partidas reservadas y ahora el magistrado puede husmear sobre los movimientos de dinero en la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE) de donde se especula que pudieron haber salido los fondos de la infamia.
No fue una medida fácil. Varios servicios de inteligencia del exterior hicieron llegar sus preocupaciones de que se dejaran abiertas ventanas que comprometieran operaciones especiales especialmente en la triple frontera con Paraguay y Brasil, donde están puestos los ojos vigilando actividades del Hezbolah y de narcotraficantes.
La medida tiende a proteger al jefe de los espías, Fernando de Santibañes, un amigo del presidente, porque es sospechoso de haber autorizado la operación en el Senado nacional.
Alvarez ayer volvió a reclamar la autodepuración de la cámara alta. Recordó que la cámara de diputados en el pasado reciente expulsó a dos de sus integrantes por corrupción o por abuso de poder.
Pero los senadores, no solamente los peronistas, quieren ir tan lejos. No piensan salir de las modificaciones cosméticas.
En este sentido Alvarez está bastante solo, pero aún mantiene un vínculo estrecho con el presidente, lazo que buscan deshilachar el peronismo y el menemismo especialmente.
De todas maneras, el vicepresidente abrió otro frente: reclamó cambios en el rumbo económico, porque la Argentina está de hecho estancada, con bajo crecimiento. Así Alvarez pide también a De la Rúa cambios ministeriales.
El juez Liporaci indagó ayer a Ramón «Palito» Ortega, a quien el senador peronista Antonio Cafiero denunció como uno de los integrantes de la cámara alta que supo del operativo soborno.
Cafiero, una figura clave en este proceso, también había testimoniado que el ex gobernador Eduardo Duhalde estaba enterado de lo que había ocurrido.
Por eso Liporaci lo llamó como testigo, mientras a él mismo, el Consejo de la Magistratura le mira la saliva porque se compró una mansión cuyo valor no está en consonancia con sus ingresos.
La historia continúa.
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