Praga está que arde
Según la agencia nacional checa CTK, al menos 54 policías resultaron heridos (12 de ellos hospitalizados), así como decenas de manifestantes. Los manifestantes, que según la policía checa eran unos 11.000 y según los propios organizadores, la coordinadora denominada INPEG, eran unos 20.000, provenían mayoritariamente de gran número de países europeos, de Estados Unidos y en menor número de la propia Republica Checa.
La convocatoria era en principio no violenta, un intento de repetir de nuevo las movilizaciones de Seattle (Estados Unidos), en diciembre del año pasado, de Davos (Suiza) en enero y de Washington (Estados Unidos) en abril. Los actos de violencia, protagonizados por un número muy limitado de jóvenes, continuaban sin embargo a última hora de la noche (hora local) en el centro de la ciudad, según medios de comunicaciones locales y fuentes policiales. «Las decisiones (de actuar de forma violenta) fueron tomadas de forma individual por grupos fanáticos», explicó a la AFP Chelsea Mozen, una joven activista norteamericana de 24 años que trabajó con la INPEG durante tres meses para organizar las manifestaciones.
«Tenía todas las esperanzas puestas en que esta sería una acción no violenta», insistió Mozen ante una de las barricadas frente al Palacio de Congresos. Sin embargo, la Iniciativa contra la Globalización Económica (INPEG en checo) pareció desbordada muy pronto por los propios jóvenes. Igualmente, «la policía se vio sorprendida por la violencia de los protestatarios», explicó un portavoz oficial checo en declaraciones a la agencia checa.
Una entidad bancaria y un restaurante McDonald’s sufrieron las iras de los activistas, que destrozaron ambos sitios con la ayuda de barras de hierro, de piedras y de mobiliario urbano. En torno al Palacio de Congresos, papeleras quemadas, adoquines levantados, pintadas contra el FMI y varias ventanas rotas ilustraban la violencia de los choques. Un delegado japonés a las reuniones del FMI y el BM resultó herido, según la policía, mientras intentaba abandonar el Palacio de Congresos de Praga, punto de encuentro de 3.000 asistentes oficiales y el objetivo a todo precio de los manifestantes.
Su propósito era bloquear los delegados en el interior del edificio, donde el Partido Comunista Checo acostumbraba celebrar sus reuniones. «No cejaremos hasta que salgan de rodillas y pidan perdón» por las políticas de ajuste económico aplicadas en los países subdesarrollados, señaló un manifestante al inicio de la concentración. Al mismo tiempao, en el interior del edificio, el presidente checo Vaclav Havel y los responsables del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial lanzaban un mensaje de concordia.
El Palacio de Congresos de Praga está situado en la colina de Visegrado. Un enorme puente de hormigón es el principal punto de acceso viario, mientras que al pie de la colina, entre un pequeño bosque, serpentean calles que conducen justo debajo del imponente edificio. Según pudo presenciar la AFP, la manifestación se dividió poco después del inicio. Un grupo «azul», uno «amarillo» y uno «rosa» recibieron planes escritos para intentar rodear el edificio y bloquear sus vías principales.
La extensión del territorio de la colina y la falta evidente de manifestantes impidió que llevaran a cabo sus intenciones. Pero mientras algunos se sentaban en el suelo pacíficamente para impedir la salida de los coches oficiales, otros grupos muy bien organizados llevaban a cabo actos de pillaje. La violencia fue esporádica pero bastante dura en algunos puntos. En el puente, unos 200 policías antidisturbios consiguieron mantener a raya a los manifestantes. Por debajo y en las calles adyacentes, los choques se prolongaron durante horas, para acabar trasladándose al centro de la ciudad.
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