Una psicóloga quiere gobernar San Pablo
Marta Suplicy, una enérgica y atractiva psicóloga de 55 años que durante casi una década aconsejó sobre sexo a las brasileñas, pretende ahora dirigir la mayor y más codiciada ciudad de Sudamérica, Sao Paulo, por el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).
«Estaba loca por conocerte, Marta. Soy tu admiradora. Animo, que ya estás en la alcaldía», la asalta una mujer en la calle, roja bandera del PT en mano, animando en plena campaña a la candidata favorita en las encuestas para la alcaldía de la mayor ciudad de Brasil, con 18 millones de habitantes.
Marta Suplicy fue durante años la referencia clave para muchas brasileñas en materia de sexo. «Si tienes problemas sexuales, llama a Marta», fue una frase común en Brasil entre 1980 y 1986, cuando la candidata, antes de ser política, realizó un programa diario de televisión sobre educación sexual y posteriormente escribió nueve libros sobre el tema.
«Se puede decir que hubo un antes y un después de ese programa para la mujer brasileña.
Provocó protestas, fue considerado inmoral y hasta censurado (fueron los últimos años del régimen militar de 1964 a 1985), pero sirvió para sacar a la luz la situación que vive la mujer, subalterna y con dificultades para decir no» en este país todavía machista, recuerda la candidata en una entrevista con la AFP.
Admiradora de mujeres tan diferentes como la escritora Anaïs Nin o Hillary Clinton –de esta última aprecia su «fuerza»– se considera ferviente «feminista», socialista y defensora de los derechos de las mujeres y las minorías sexuales. No en vano, como diputada federal, propuso la unión de personas del mismo sexo.
Procedente de una de las familias más tradicionales de Sao Paulo, madre de tres hijos y casada con un conocido senador del PT, Eduardo Suplicy, subraya que nunca planeó dedicarse a la política hasta que cumplió los 50: «Pensé que mis banderas de defensa de los derechos de las mujeres, las minorías sexuales y los portadores del sida no tenían representante en el Congreso», y se convirtió en diputada federal.
En 1998 perdió la elección a la gobernación de Sao Paulo, el más influyente Estado, que genera el 35% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, y compite ahora por la alcaldía, sin descartar que en el futuro podría competir por la presidencia de Brasil («si hago un buen papel como administradora municipal»).
Un traje de lujoso corte, el maquillaje impecable y su cabello rubio corto le dan un aire de ejecutiva; la chaqueta al hombro y zapatos deportivos la ayudan a simular un desenfado con el que recorre un popular vecindario de comercios al norte de Sao Paulo, saludando y abrazando a dependientas y vendedores ambulantes.
«Yo no tengo una cabeza de policía», afirma contra las propuestas de otros candidatos de duplicar las fuerzas de seguridad en una ciudad que sufre un triste récord de 6.000 asesinatos por año.
«No es el ciudadano de 40 años el que está asaltando, es el joven de 16 que no tiene empleo, no acabó la educación básica y siente que no tiene nada que perder», resuelve Suplicy al anunciar que impulsará educación y salud, también banderas de los otros candidatos.
Con una maestría en psicología clínica de la Michigan State University y posgraduado de la Stanford University, ambas estadounidenses, rechaza el pasado de gestión empresarial y administrativa del que hacen gala sus más cercanos competidores: «La experiencia de ellos no la quiero, porque colocaron la ciudad en un agujero». A pesar de haber defendido algunas propuestas radicales y de sostener que mantendrá un riguroso control de la extendida corrupción municipal de resultar elegida, Marta Suplicy no se compromete a depurar el pasado: «Espero que el sistema judicial se manifieste», afirma.
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